ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cambimbo (al centro), escucha sugerencias de cómo lograr mejor desarrollo en las plantaciones. Foto: Pastor Batista

CIEGO DE ÁVILA.–El huracán Irma, en septiembre pasado, dejó boquiabierto a Carlos Blanco Sánchez, director de la empresa agropecuaria La Cuba, la mayor productora de plátano del país. El día después, recorría los surcos sin aliento y dejaba claro que la única solución para enfrentar la debacle era volver al trabajo cotidiano y al esfuerzo sin descanso.

«Nunca habíamos extrañado tanto un platanito. ¡Ay!, mijo, ahora es que nos damos cuenta de lo bueno que sería tener alguno en la placita», refería en diciembre pasado Esther Martínez, una jubilada encargada de buscar la comida de su hogar.

Élida Rodríguez, otra avileña acostumbrada a salir jaba en mano, le comentaba a Granma meses después: «Ya por ahí aparecen algunos plátanos, pero la gente abusadora, los carretilleros… los venden muy caros porque se aprovechan de las circunstancias. Dicen que habrá que esperar varios meses para verlos en los mercados».

Y el director de La Cuba advertía: «Los primeros frutos del banano aparecerán en marzo o abril, y la total recuperación llegará en julio o agosto».

Eso había vaticinado tras las últimas ráfagas porque estaba seguro del calibre de los más de 1 700 trabajadores, los directivos que lo acompañan y la cultura de «fabricar» bananos de la misma manera en que hincan en la tierra el bejuco de boniato o riegan la semilla de calabaza.

Irma arrancó de raíz los platanales de La Cuba y ocasionó afectaciones por unos 22 millones de pesos –la Empresa Nacional de Seguro Estatal les pagó poco más de 11 millones–, bajó el salario medio de 1 450 pesos a poco más de 800 y, por primera vez en la historia, Carlitos Blanco, como lo llaman por aquellos lares, se vio envuelto en el sueño-pesadilla de salir a montear el fruto «donde estuviera, incluso, importarlo», algo que no hubieran creído ni él, ni el más avezado de los profetas meses antes del ciclón más endemoniado que haya azotado a la provincia.

Tocó puertas y el plátano apareció en el municipio de Pilón, en la provincia de Granma, donde tiempo atrás habían plantado miles de posturas provenientes de la entidad avileña, que antes de Irma también abastecía del fruto a 254 instalaciones turísticas y a casi todas las provincias de Cuba.

«Estamos agradecidos con los trabajadores agropecuarios y las autoridades de Pilón. Ellos nos ayudaron y nos mandaron determinada cantidad, como es lógico, insuficiente para mantener los reclamos del turismo y los Mercados Agropecuarios Estatales (MAE) del territorio, pero los buenos gestos se agradecen.

«Si no hubiera sido por el huracán, que acabó con más de 3 300 000 plantas, hubiéramos mantenido la cosecha en unas 3 000 toneladas cada mes, pero como siempre que llueve escampa, ya nos repusimos del fenómeno hidrometeorológico, de la tormenta subtropical Alberto y de los últimos tornados, que también nos provocaron daños», comenta Blanco Sánchez, quien mira al cielo como si tratara de alejar los nubarrones que se forman en las tardes de verano. «Esas nubes negras a veces traen aire en remolino y no las quiero encima de La Cuba», se persigna.

çSi bien es cierto que en muchas otras organizaciones –y no precisamente agrícolas– Irma vino a ser como un bálsamo para esconder ineficiencias, no ocurrió así en la agricultura avileña que, como la de otras provincias, no escapa de la cadena de intermediarios entre el  surco y el plato, tanto que un plátano fruta, famélico, como los que tradicionalmente en Ciego de Ávila se destinan a la alimentación animal, la gente llegó a añorarlo y pagarlo a peso, y más, si era de otra variedad.

Los cultivos de ciclo corto, como el que muestra Carlos Blanco Sánchez, alegraron la vida en la empresa y en los mercados. Foto: Pastor Batista

Para ilustrar la época de bonanza, Carlitos afirma que hubo momentos en que, solo para La Habana, todos los meses salían 1 800 toneladas, cifra borrada de golpe y porrazo. Pero como en La Cuba los únicos males son los ocasionados por los fenómenos atmosféricos, y estos jamás suelen durar cien años, como reza el proverbio popular, nueve meses después cambió el panorama.

Roberto Sarmiento Álvarez, director general de la Empresa Provincial de Acopio, revela que en lo que va de año su organización compró a La Cuba y las cooperativas que ella atiende, más de 3 000 toneladas de alimentos, para paliar las necesidades de dietas médicas y especiales, de los hospitales, hogares de ancianos, maternos y círculos infantiles, además de cumplir con los envíos a varias provincias, entre las que destacan La Habana, Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba.

Hoy la empresa mantiene ascendente paso en la recuperación de sus producciones, se sacude de las ráfagas y comienza a atenuar el vacío causado por los efectos del meteoro en placitas, mercados agropecuarios y otros puntos de venta, pero a decir verdad, cuando se habla de La Cuba se piensa en mucho más que en esos cultivos.

Lo corroboró en la última visita a la entidad José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido, al confirmar el esfuerzo de directivos y obreros para lograr la total recuperación de las áreas agrícolas e instalaciones afectadas.

El dirigente político elogió el hecho de que la entidad volviera a satisfacer la demanda de plátano fruta de todas las instalaciones turísticas con las cuales mantenía contratos y que el huracán Irma hizo que los incumpliera, así como la variedad de surtidos: plátano, tomate, calabaza, pepino, col, pimiento, hortaliza, guayaba, maíz tierno...

«Si bien no todo está resuelto, ni los problemas se solucionarán de un día para otro, tampoco se trata de una desgracia que no podamos superar. Ustedes lo han demostrado», dijo el dirigente cubano, animado por el optimismo y las labores de cientos de obreros de ese emporio, quienes tienen el mayor protagonismo en el aumento productivo alcanzado por La Cuba.

Tal vez esa sea la razón principal por la que muchos, como Jorge Reyes González (Cambimbo), jefe de una de las mejores fincas, la 15 para más seña, se aferran a la tierra un sábado en la tarde, para atender las plantaciones, que rondan actualmente las 1 900 hectáreas, cifra que deberá aumentar en un futuro cercano a unas 3 000, el signo más evidente de que en La Cuba soplan otras ráfagas y, no precisamente, de viento.

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Leonides Morales Sola dijo:

1

12 de julio de 2018

05:28:56


Muy buen artículo. La Cuba es un ejemplo de Empresa estatal socialista.

El campesino dijo:

2

12 de julio de 2018

09:33:12


Soy de los que apuesta por la agricultura cubana y de los que piensan que aun podemos dar mucho mas. Solo que debemos fortalecer mucho mas en ese sector y sacarnos de cabezesa la idea de "hacer mas con menos". Señores en todo negocio se sabe que si no se invierte lo que se recoge e misieria. Ejemplo mas actual el el mismo turismo al cual el pais le a hecho unas cuantas inversiones y ya se estan viendo los resultados que se van opteniendo de este sector. Sin embargo carecemos de frutas, hortalizas, carnes como la de cojeo aves y otras para el consumo de los visitantes siendo esta deficiencia remplasada por importaciones de otros paises cuando nosotros somos un pais agricola. Al cuestion es que podemos producir mucho mas talento no falta recursos y nuevas tecnologias si. Ya va ciendo hora de que al igual que al turismo el pais haga mas enfoque en la agricultura inyecte capital para su desarrollo y para los campesinos y ya a si se veran los buenos resltados. Esos resultado de ver las tarimas llenas, de auto abastesernos y que auque pase huracan o tormenta tendremos para responder inmediatamente

Ana Margarita González dijo:

3

16 de julio de 2018

13:26:56


Que bueno, ya Carlitos está feliz, después de tantos tropezones con la naturaleza!!!!!