ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La fábrica del futuro será de proceso seco y horno híbrido en el que podrán asumirse las producciones de cemento gris y blanco. Foto: Cortesía de la inversión

TAGUASCO, Sancti Spíritus.– De todos los pesares que han aquejado a la fábrica de cemento Siguaney en los últimos tiempos, quizá ninguno fue tan cruel como la sequía del pasado año que estranguló la presa homónima, ubicada en este propio municipio, y obligó a la industria a colgar literalmente los guantes durante varios meses o, cuando menos, a depender del clinker (producto principal del cemento común) que llegaba desde la Carlos Marx, en la vecina Cienfuegos.

La falta de agua, sin embargo, solo vino a colmar el inventario de calamidades de la planta espirituana, lastimada por un proceso de descapitalización que poco a poco fue carcomiendo la productividad y la eficiencia en la industria, que estuvo al borde del colapso por la ausencia de inversiones y de mantenimientos profundos, el envejecimiento tecnológico, la fluctuación laboral y la falta de profesionales en algunos puestos claves, entre otros males.

Saúl Rodríguez, un ingeniero que se ha mantenido en Siguaney durante 40 años –dice él que en las verdes y en las maduras–, está convencido de que el 2017 va a marcar un antes y un después para la planta, adquirida en la antigua Checoslovaquia por gestiones del Comandante Ernesto Che Guevara, entonces ministro de Industrias, e inaugurada en estos predios en junio de 1971.

«Más que el peor año, el 2017 fue de recuperación aquí», asegura Saúl, quien estima que con los recursos que se han ido adquiriendo ya se ve la luz al final del túnel y por lo menos los especialistas y mecánicos han echado a andar dos hornos, uno para la producción de cemento gris y otro para el blanco, sin necesidad de estar mudando piezas y componentes de un lado para otro, en un ejercicio desgastante y costoso que se convirtió en norma durante muchos años.

«La fábrica está allá abajo todavía, pero ya no se está hundiendo», asegura Saúl, en estos momentos al frente de una inversión con capital chino que en un tiempo prudencial puede cambiar la historia de la producción cementera en la región y convertir a Siguaney en una planta moderna con estándares internacionales de eficiencia.

ENTRE LO VIEJO Y LO NUEVO

De tecnología húmeda, la vieja Siguaney, que es como algunos han comenzado a llamar a la industria espirituana luego de anunciado el proyecto chino, fue diseñada para trabajar originalmente con cuatro hornos con capacidad para 500 toneladas diarias de clinker gris cada uno.

Siguaney nació con una bendición natural que ya en 1950 anunciaba la firma Kennedy-Van Saun MFG: en sus alrededores existe la mejor materia prima para fabricar cemento en la Isla, incluida la caliza blanca de la cantera Nieves Morejón, ideal para la elaboración del producto de igual color, un material muy demandado en procesos de terminación que no produce ninguna otra planta del país.

De atrevimiento en atrevimiento, los cementeros espirituanos se convirtieron también en los primeros del país en experimentar la quema del crudo nacional como combustible para alimentar sus hornos, una experiencia que luego sería extendida al resto del sector y a la generación eléctrica e incursionaron en la producción de cementos especiales para las construcciones marítimas y la extracción petrolera.

Impulsar lo nuevo sin perder lo viejo es el dogma que vienen acuñando los gestores de una inversión, todavía en ciernes, con la que se pretende iniciar la resurrección de la industria cementera nacional, hoy a la cola del mundo –Cuba aparece como uno de las naciones de menor per cápita de cemento por habitante en todo el planeta–, con la edificación de una moderna planta, valorada en más de 140 millones de USD, muy superior desde el punto de vista tecnológico a lo que existe hoy en el país.

«La nueva fábrica va a edificarse a un costado de la existente, que se mantendrá activa, con sus planes como hasta hoy; pero queremos utilizar algunas instalaciones de aquí –precisa Saúl–: la casa de entrega, donde se empaca y distribuye; los silos de cemento; el área de trituración de materia prima; el comedor y los almacenes. Es decir, se van a usar algunos objetos de obra de esta planta, que por supuesto se van a modernizar, pero todo va a ser mucho más barato que si lo construyéramos desde cero».

Según el proyecto aprobado, a diferencia de la actual, la nueva Siguaney será de proceso seco, mucho más eficiente tecnológica y energéticamente; con un solo horno, tipo híbrido; con capacidad para 1 500 toneladas diarias de clinker gris y mil de blanco; automatizada y mucho más limpia desde el punto de vista ecológico.

LC3 UN CEMENTO PARA EL FUTURO

Luego de casi diez años perfeccionando su fórmula, dictando conferencias por medio mundo y reproduciendo en cientos de artículos científicos la importancia de una solución ecológica para las construcciones de estos tiempos, el profesor Fernando Martirena tiene una certeza a todas luces bien probada: el cemento, segundo material más usado del planeta, componente de la mitad de todo cuanto nos rodea y responsable del 8 % de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, carece totalmente de sex appeal para la humanidad.  

Martirena encabeza el grupo de estudiosos del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (Cidem), adscrito a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne, Suiza, quienes consiguieron la formulación del LC3 o Cemento de Arcilla Calcinada (Limestone Calcined Clay Cement), que ahora inicia su primera prueba industrial comercial en Sancti Spíritus.

La fórmula, cuya mayor novedad es la sinergia conseguida entre la arcilla calcinada y la caliza, se prueba hoy día prácticamente en todos los confines: en Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, México y otros países del área; en China, Tailandia y la India; en Portugal y Dinamarca, sin embargo, nadie ha logrado los volúmenes de Siguaney.

La fábrica espirituana en el 2013 entregó las primeras 113 toneladas de LC3 con muy buenos resultados y ahora prepara una producción mayor que pudiera estar en el orden de las 4 000, un resultado que el propio Martirena atribuye a la magnífica conexión con las empresas del territorio y, sobre todo, a la química lograda con los cementeros de Siguaney.

Según sus creadores, a pesar de disminuir el clínker a la mitad, el llamado cemento de bajo carbono mantiene similar resistencia a edades tempranas que los cementos puros, se obtiene a un costo relativamente más barato y reduce de modo tan significativo las emisiones de CO2 a la atmósfera que los expertos consideran que solo con la producción de 300 millones de toneladas de LC3 se pudieran limitar las emisiones en un 1 % a nivel de planeta, cuando el protocolo de Kioto establecía la necesidad de hacer descender de manera global un 12 %.

«Nosotros estamos hablando de conseguir un 1 % menos con una única tecnología y un mínimo de inversión en menos de tres años», asegura el profesor Martirena, convencido de la utilidad estratégica de esta suerte de ensayo mayor, que a primera vista parece aldeano, pero que en el fondo resulta de connotación mundial.

HITOS EN SIGUANEY

- Junio de 1971: Inauguración oficial de la planta.

- 1977: Alcanza la mayor producción de su historia con 690 000 toneladas de cemento gris.

- 1987: Se convierte en la primera industria del país en usar el crudo cubano como combustible para la quema directa en sus hornos.

- Mayo de 1989: Fidel constata a pie de obra los avances en el montaje de la línea de cemento blanco que iniciaría su producción ese propio año.

- 2008: Comienza la producción de cementos especiales para construcciones marítimas y pozos de petróleo.

¿DÓNDE SE  PRODUCE EL CEMENTO CUBANO?

- René Arcay, Mariel, Artemisa (1918)

- Mártires de Artemisa, Artemisa (1921)

- José Mercerón, Santiago de Cuba (1955)

- 26 de Julio, Nuevitas, Camagüey (1968)

- Siguaney, Taguasco, Sancti Spíritus (1971)

- Carlos Marx, Cienfuegos (1980)

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Beatriz Andrés Castellanos dijo:

1

25 de junio de 2018

08:11:10


¿Alguien ha pensado en la posibilidad de revitalizar el proyecto de la fábrica de cemento de Gibara que le sería tan útil a la provincia de Holguín que está a más de 200 km de la fábrica más cercana y tiene además de un polo turístico enorme, creciente e importante polo turístico, donde hoy se construye el destino Ramón de Antilla con miles de habitaciones para turismo de cruceros, una la mayor población de Cuba con una gran demanda de acciones constructivas por su longevidad? Se habla de el envejecimiento de los yaciemientos que ya están en explotación y el de Gibara debe tener un rendimiento para más de 100 años. ¿No sería bueno tenerlo en cuenta?

Yasser dijo:

2

25 de junio de 2018

08:17:52


Esperemos que no vuelva a suceder el problema de la descapitalización de la fábrica. Problema muy frecuente en las fábricas y empresas cubanas. Que también provoca que el personal fluctue y evidentemente la producción baje.

Tony dijo:

3

25 de junio de 2018

09:12:30


Para qué la fabrica de cemento si ya no hace falta, estamos construyendo con TABLA DE PALMA. Seguro un instituto de investigaciones le encuentra ahora a la PALMA algúna propiedad extraordinaria.

Palax dijo:

4

25 de junio de 2018

10:10:10


Realmente la industria del cemento en Cuba debe cogerse de la mano si se quiere lograr crecimientos económicos mayores, estas fábricas son en su mayoría muy viejas y con el nivel de descapitalización que deben tener no deben ser muy competitivas y eficientes.

yudy dijo:

5

25 de junio de 2018

14:09:45


Que bueno ,esto será un éxito para nuestro país ,esta nueva fabrica sacará adelando los problemas de construcción de nuestro país, esta nueva edificación será un éxito para cuba y para el mundo mayor producción menor costo y menor contaminación al medio ambiente .Felicitaciones a todo el colectivo inmerso en toda esta magnífica obra.