El acto de determinar hacia dónde deben ir los recursos cuando son escasos resulta, casi siempre, una versión actualizada de aquel cuento infantil difícilmente olvidado por alguien. Solo que en el cuento podría justificarse la incertidumbre: ni estaba prevista la aparición de una «moneda» ni había una lista de prioridades esperándola. En la realidad, sin embargo, no abundan esas «sorpresas».
A nivel de territorio, los directivos sí conocen, por lo general, las «monedas» disponibles y, sobre todo, sus límites, en función de los cuales debe ajustarse la cartera de proyectos de desarrollo local, concebida desde mucho antes, sobre la base de lo urgente, lo necesario, lo importante…
¿Pero qué sucede en buena parte de los casos? Jamás ha existido cartera alguna o, en la mejor de las circunstancias, ha sido confeccionada, cual rosario de problemas, sin una visión estratégica y sistémica…
Ante ese entorno, hay quien pudiera encarnar el personaje del cuento: dudar sobre qué hacer, improvisar… errar. Y la gestión del desarrollo local termina convertida en una gestión de subsistencia, que pondera las necesidades acumuladas, las soluciones pospuestas (como debe ser); pero obvia las potencialidades y las oportunidades de emprendimientos.
Aunque en Cuba existen hoy más de 270 proyectos de iniciativas municipales de desarrollo local, fundamentalmente en las industrias Alimentaria y Ligera, los servicios gastronómicos, comunales, la cultura, el alojamiento y el turismo, todavía quedan muchas reservas por identificar y explotar en los territorios.
En diálogo con Granma, el doctor Carlos César Torres Páez, presidente de la Sociedad Cubana de Desarrollo Local de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), reconoció las experiencias plausibles de Villa Clara, Pinar del Río, Cienfuegos, La Habana, Holguín y Guantánamo, que han garantizado la apertura de nuevos servicios y la oferta de bienes a la población.
A su juicio, el nivel de utilidades generado por estas actividades ha propiciado que varios municipios dispongan de fondos para seguir fomentando proyectos de esta naturaleza. Y la utilización de los aportes de la Contribución al desarrollo local también ha mostrado avances, aunque quizá no en la calidad del uso y la pertinencia del destino aprobado.
Por ello reconoció que, pese a lo hecho, aún quedan muchas oportunidades para emplear mejor esos financiamientos en actividades económico-productivas y sociales que generen mayor impacto en términos de desarrollo y bienestar.
LOS PASOS, AÚN INSUFICIENTES, DE LA EVOLUCIÓN
Al decir del doctor Carlos César Torres, «en los últimos años ha tenido lugar un proceso paulatino y sistemático de institucionalización de la gestión del desarrollo local.
«Ha existido un propósito, coordinado por el Ministerio de Economía y Planificación, en este contexto de la actualización, de dotar a las estructuras de gobierno y administración a escala provincial y municipal de herramientas que les permitan, desde la planificación territorial, conducir los proyectos de desarrollo local».
Anteriormente las herramientas, en su opinión, estaban dispersas, o mostraban un enfoque vertical. Sin embargo, a partir del 7mo. Congreso del Partido se ha insistido en una visión mucho más integral del desarrollo local, que no solo considera su dimensión económico-productiva, sino su alcance sociocomunitario, institucional, medioambiental… Incluso dentro de los ejes temáticos estratégicos está concebido el ámbito territorial.
Asimismo, la implementación de la Plataforma articulada para el desarrollo integral territorial (Padit) ha favorecido el despliegue de esa perspectiva integradora y sistémica.
No obstante, aclara, no basta con tener herramientas muy bien definidas si no tenemos estrategias de desarrollo que determinen prioridades. «De ese modo corremos el riesgo de poner el dinero solo en lo más inmediato, lo más expedito, en una necesidad muy puntual, y no en el proyecto estratégico que moverá el desarrollo del territorio».
Otro tema sensible, de acuerdo con Torres Páez, es la disponibilidad de recursos financieros que permita concretar las proyecciones. «Se ha trabajado en un procedimiento para la gestión integrada de la financiación, aún en proceso de validación, y se han incorporado estas herramientas en las orientaciones metodológicas para el Plan de la economía del 2019».
Su llamado, de todos modos, va más hacia la postura proactiva de los gobiernos en la búsqueda de presupuestos.
Se trata de definir bien el proyecto, su alcance y sostenibilidad, y diferentes fuentes de financiamiento, que pasan incluso por la inversión extranjera. Se trata de gestionar los recursos, y no esperar a que «alguien», de fuera o de dentro, por obra y gracia de la divina Providencia, se enamore del proyecto.
Aunque resulte contradictorio, teniendo en cuenta las limitaciones de la economía cubana, no ha sido el factor financiero el mayor hándicap en la concreción de los proyectos. Un trabajo publicado por Granma, a inicios de año, dejaba entrever la inejecución, por razones diversas, de algunos presupuestos aprobados, en cuantías no despreciables.
¿QUÉ POTENCIA AL DESARROLLO LOCAL Y QUÉ LO DESAFÍA?
El desarrollo local no escapa a la coyuntura que vive el país y no podemos intentar resolver allí problemas estructurales de la economía. Esa es la reflexión que propone Carlos César Torres, pero insiste en la capacidad, desde el ámbito territorial, de transformar la realidad económica cubana, mediante el aprovechamiento de recursos endógenos, hoy subutilizados.
Y si un factor ha condicionado el avance, aún discreto, de esta esfera es, en sus palabras, el vínculo entre las universidades, los gobiernos y el sistema empresarial, pues «la gestión del conocimiento y la innovación tienen que ponerse en función de determinar las necesidades y oportunidades del desarrollo».
A favor del progreso territorial, dice, todavía hay muchas buenas prácticas ignoradas o desaprovechadas, como también hay desafíos que lo circundan.
Menciona, entonces, la necesidad de involucrar a los ciudadanos, desde una participación más activa, en la toma de decisiones sobre cómo y en qué emplear los fondos, pero que ello trascienda la mera solución de problemas vetustos y abogue por la identificación de potencialidades y oportunidades dentro de los territorios.
«Es tarea pendiente, desde las lógicas del desarrollo local –a la nación le tocan otras–, el fomento de polos productivos y de servicios, en franca articulación de los diversos actores económicos».
En ese sentido, llama la atención sobre el trabajo desplegado para determinar nuevas formas de financiamiento que permitan a los actores no estatales presentar proyectos de desarrollo, siempre y cuando respondan a líneas priorizadas dentro de las dinámicas de crecimiento de los municipios.
Desde su punto de vista, continúa siendo un reto, en el ámbito social, la coherencia de lo hecho y lo proyectado con las demandas de sectores priorizados como los jóvenes, las mujeres y los ancianos.
La disponibilidad de herramientas metodológicas y de experiencias halagüeñas que orientan sobre cómo gestionar el desarrollo local nos sitúa, quizá, un poco más cerca de ese empeño, que aún no logra rebasar, definitivamente, los márgenes de la subsistencia.
















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FRANK TEJAS PAZ dijo:
1
15 de junio de 2018
07:49:58
ORG dijo:
2
15 de junio de 2018
09:41:28
José Luis Silverio Lara dijo:
3
15 de junio de 2018
09:49:45
La pistola dijo:
4
15 de junio de 2018
14:40:00
Odalis dijo:
5
15 de junio de 2018
15:23:00
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