ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Enrique Hart fue uno de los jóvenes que ofrendó su vida en la lucha contra la dictadura. Foto: Archivo Granma

Las sacudidas producto de varias explosiones que estremecieron Villa Gloria –casa perteneciente al barrio matancero de Versalles– aquel lunes 21 de abril de 1958, presagiaban el dolor que embargaría a Cuba por la muerte de uno de sus hijos excepcionales.

Enrique Hart Dávalos, quien fuera uno de los principales líderes de la lucha clandestina en la antigua región de Habana campo y jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Matanzas, ofrendaba su incipiente pero intensa vida en el cumplimiento de la tarea que representaba la libertad absoluta de la Patria.

Sesenta años se cumplieron del fallecimiento de aquel que como calificara Faustino Pérez en carta a Armando Hart con fecha del 3 de octubre de 1958, «era un ser lleno de vitalidad inquieta y desbordante que llevaba siempre tensa la cuerda de la acción».

       

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Enrique Hart Dávalos nació en La Habana, el 4 de julio de 1929. Hijo de Enrique Hart Ramírez y Marina Dávalos Torices, desde edades tempranas sus padres promovieron en él y sus seis hermanos la formación humanista y el amor a la Patria.

Luego de obtener el título de Bachiller en Ciencias, matricula en 1952 en la Universidad de La Habana, primero en la Escuela de Farmacia y posteriormente en la Facultad de Ciencias Comerciales donde, luego del golpe de Estado propinado por Fulgencio Batista en 1952, se destacó como líder revolucionario en la lucha contra la dictadura.

En palabras de su hermano y compañero de lucha armada, Armando Hart Dávalos, «Enrique fue uno de los jóvenes que acudieron a la colina universitaria en aquellos días después del golpe para vincularse al movimiento insurreccional contra la tiranía».

Participó en acciones relevantes como, el 24 de junio de 1954, el rescate de uno de los asaltantes al Moncada, que se encontraba bajo tratamiento en el Hospital Ortopédico de La Habana.

Por su destacado quehacer, la Dirección Nacional del Movimiento 26-7 lo designó coordinador en la antigua región de Habana campo y financiero en La Habana, cargos desde los cuales se consagró a la organización del movimiento clandestino.

En 1955 protagonizó la histórica huelga de los trabajadores del sector bancario, iniciada el 31 de agosto de ese año.

Por su labor en la clandestinidad Enrique sufrió prisión en varias ocasiones. Foto: Archivo Granma

«Enrique coadyuva a que gente timorata e indecisa tome parte de la huelga. Es uno de los hombres que hace que aquel movimiento huelguístico que surge como una reivindicación obrera se convierta en una lucha política», declaró al periódico Granma, el 21 de abril de 1978, Orlando Fundora, trabajador participante en aquel paro laboral.

Fue hecho prisionero en varias ocasiones por sus acciones subversivas; sufrió torturas y vejámenes por parte de los órganos represivos de la tiranía.

En prisión, formó parte de la histórica huelga de hambre que él mismo convocara, iniciada el 13 de febrero de 1958, como protesta contra la arbitral detención de presos políticos exonerados con anterioridad por el Tribunal Supremo de Justicia.

Sus facultades para el liderazgo político quedan plasmadas por Frank País en carta escrita a Fidel el 17 de julio de 1957: «Enrique se irá apoderando lentamente de los cuadros hasta quedarse definitivamente encargado de esa responsabilidad. Tiene dotes, inteligencia y capacidad para ello».

Por su experiencia en situaciones de máxima peligrosidad, Faustino Pérez lo designó jefe de Acción y Sabotaje en la provincia de Matanzas en febrero de 1958, labor que suponía grandes riesgos, puesto que los anteriores jefes habían sido capturados y asesinados por la tiranía.

En este cargo desempeñó un papel relevante en la reorganización del aparato de acción y la apertura de grupos guerrilleros que operarían  en las cercanías de la ciudad de Matanzas.

Para Roger Almedes, presidente de la Asociación Provincial de Combatientes de Matanzas, «la toma de la emisora Radio Tiempo, el 9 de abril de 1958, para transmitir al pueblo yumurino la convocatoria a la huelga revolucionaria, fue uno de los muchos momentos de dinamismo que marcan la intensa vida de Hart».

El 21 de abril de 1958, en Villa Gloria, Matanzas, Enrique perdió la vida junto a sus compañeros del Movimiento, Juan Morales Bayona y Carlos García Gil, mientras manipulaban explosivos sin percutir, de los utilizados en la huelga general revolucionaria.

La temeridad y dinamismo que le imprimía a cada misión le impidieron escuchar los consejos para evitar tan peligroso proceder y, con solo 28 años, le llegaría la muerte.

    

La policía batistiana examina los cuerpos sin vida de Enrique Hart Dávalos y de sus compañeros Juan Morales Bayona y Carlos García Gil. Foto: Archivo Granma

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Luego de la muerte de Enrique, en su honor, el Movimiento 26 de Julio en Matanzas creó el Destacamento Enrique Hart Dávalos, que se encargaría de garantizar el paso de la Columna Invasora No. 2, dirigida por el Comandante Camilo Cienfuegos, en su marcha hacia Pinar del Río.

El 15 de octubre de 1958, por la Orden 47 del jefe del II Frente Frank País, Comandante Raúl Castro Ruz,  se creó la Columna No. 16 Enrique Hart Dávalos, al mando del comandante Carlos Julio Iglesias Fonseca.

También como tributo, en el Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos se fundó la Academia Ideológica Enrique Hart Dávalos para la formación política de los presos del Movimiento.

Luego del triunfo de la Revolución, el Consejo de Estado de la República de Cuba estableció el 4 de julio –en homenaje a su nacimiento– como Día del Trabajador de la Administración Pública, debido a su accionar sindical como trabajador bancario y de los servicios. De igual forma, a propuesta del sindicado de esta institución, se otorga la distinción que lleva su nombre a trabajadores destacados del sector.

Sin embargo, Manuel Graña Eiriz, compañero de Hart en el Movimiento 26 de Julio y colaborador del Instituto de Historia de Cuba, considera que aún existe desconocimiento acerca de la figura de Enriquito y ello ha provocado que no todos conozcan los sacrificios a los que se enfrentó en la lucha contra el dictador Fulgencio Batista.

Con él coincide Nilda Rabelo Villafranca, combatiente habanera de la clandestinidad y miembro del Movimiento 26 de Julio, ligada a las actividades de Hart, quien cree que la labor desempeñada por los combatientes en las ciudades debe ser más visibilizada, porque «la represión de la policía y el Servicio de Inteligencia Militar era brutal».

Todo aquel que, como Enrique, hizo el mayor de los sacrificios, el de la vida, en aras de la Patria, merece el recuerdo perenne de sus conciudadanos.

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José Leandro Garbey dijo:

1

17 de mayo de 2018

14:58:38


El cierre no es mio, es del editor. Gracias