ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El campesino José Antonio Rodríguez González, a sus 85 años, no ha perdido la costumbre de levantarse temprano y visitar todos los días su vega de tabaco. Foto: Ismael Batista
El campesino José Antonio Rodríguez González, a sus 85 años, no ha perdido la costumbre de levantarse temprano y visitar todos los días su vega de tabaco. Foto: Ismael Batista

El proceso del cultivo del tabaco en Cuba cuenta con una larga tradición, acumulada durante siglos, y que forma parte de la cultura centenaria de la Isla.

No es un secreto que la labor del veguero (nombre que recibe el agricultor que cultiva el tabaco en la Mayor de las Antillas) requiere un gran conocimiento, dedicación, experiencia y capacidad en condiciones a veces extremas desde el punto de vista climático.

Justamente a 23 kilómetros al oeste de la ciudad de Pinar del Río, en el municipio tabacalero de San Juan y Martínez, en la zona de Trujillo, sobresalen entre los productores de tabaco los recios vegueros José Antonio Rodríguez González y su hijo José Antonio Rodríguez Marín (Pepe), quienes en su finca nombrada El Valle, de 5,75 hectáreas, logran rendimientos de 1,54 toneladas por hectárea considerados muy buenos. Hasta allí llegaron participantes al XX Festival del Habano.

El patriarca de la familia a sus recién cumplidos 85 años (3 de marzo) mantiene una envidiable agilidad, una mente clara, la pasión por el tabaco y el deseo de vivir y seguir aportando sus conocimientos a Pepe y a quien lo necesite.

«Trabajo en el tabaco desde que nací, porque mi padre, Julián Rodríguez González, fue cosechero de este cultivo y yo nací aquí...desde los seis o siete años ya realizaba poquito a poquito algunas labores, ayudaba a llevar el sustento a la casa.  Ahora mi hijo Pepe continúa la tradición familiar. Y así será siempre.

«El tabaco lo representa todo para mí, porque es de lo que nosotros vivimos, no conocemos nada más que el tabaco, entonces si este es el producto de nosotros, de nuestras vidas, tenemos que seguirlo y hacerlo bien».

Ya por prescripción médicaJosé Antonio padre no fuma un buen puro como antaño, pero mata el deseo masticando las venas del tabaco curado y levantándose muy temprano (seis de la mañana) para velar por el desarrollo de su plantación.

«El tabaco es un cultivo muy duro, porque hay que estarlo atendiendo  establemente, requiere de muchas manualidades.  Desde que tú lo siembras no lo puedes desatender ni un minuto».

Nuestro entrevistado es un hombre de cuerpo enjuto, de mediana estatura, pero jovial, sus pequeños ojos se avivan cuando habla de los beneficios sociales y la dignificación que ha traído la Revolución Cubana a los campesinos otrora uno de los sectores más explotado y olvidado durante la llamada república mediatizada (1902-1959).

«La Revolución significa mucho para nosotros, nos lo ha dado todo, la salud, la educación y la tierra. Nos ha ayudado mucho, nos ha dado precios justo para nuestro tabaco, pues antes nos pagaban precios miserables». Y puso como  ejemplo las necesidades que pasaba su padre, un aparcero en aquella época, hasta que compró un pequeño pedazo de tierra en 1926.

Con sus más de ocho décadas de vida, tres hijos varones (José Antonio, Gustavo y Carlos) y una hembra (Lissette), la mayor, así como seis nietos y cuatro biznietos,  este campesino se siente orgullo y honrado de que su hijo Pepe continúe una tradición familiar y ese amor por la tierra.

«Mi papá es mi maestro, de él aprendí a trabajar el tabaco, la tierra y con mucho orgullo.  Todo lo que sé se lo debo a él», afirma Rodríguez Marín, de 58 años, quien formó su familia, junto a Cirilia Pérez, en esas óptimas tierras para la aromática hoja, perteneciente al macizo tabacalero pinareño, donde se obtiene el mejor tabaco del mundo. De amor del cual nacieron tres niñas, actualmente profesoras, gracias a las posibilidades de superación ofrecidas por la Revolución.

«Soy un hombre con los pie en la tierra, no voy a salir de aquí. Cuando era más joven tuve otras posibilidades de realización, que me daba la Revolución, pero escogí la tierra, sembrar tabaco, vine junto a mi papa e hice mi vida aquí. Me gusta cultivar el tabaco, verlo crecer. Ya tengo una experiencia y una historia y voy a seguir con esta herencia de mi padre. Y no se arrepiente de su decisión.

«Me incorporé a sembrar tabaco hace más de tres décadas y media, cuando terminé mis estudios. Tenía alrededor de 20 años. Sin embargo, me he vinculado a esta labor desde que era niño», rememora Pepe para Granma Internacional. 

En su finca de El Valle, Pepe se dedica al cultivo del llamado tabaco de sol, sembrado al aire libre, y del que se obtiene tabaco para la tripa (hoja que se utiliza para formar el cuerpo del tabaco torcido) y capote (destinado a formar la cubierta interior del tabaco torcido). Allí siembra la variedad 2012-Habana 91.

«Conmigo trabajan siete hombres y alrededor de 10 mujeres.  Ya terminé la siembra y estoy en la recolección. El resultado de las últimas campañas tabacaleras ha sido parecido; se cultiva y se recoge un buen tabaco, pero este año tenemos un clima muy favorable, por lo cual esperamos lograr una buena cosecha. Es probable que los rendimientos sean superiores a lo esperado, y obtengamos entre ocho o nueve toneladas de tabaco al final.

«El tabaco necesita cuidados, recurso, tierra, hombres y si el clima nos favorece todo está en la mano… solo queda trabajar y hacer honor a esta tradición. La fuente de vida del campesino es la tierra».

  • Juan Miguel Hernández Martínez, director adjunto de la empresa tabacalera Hermanos Saíz de Pinar del Río, en declaraciones exclusivas a Granma Internacional, señala que el plan de siembra de la campaña 2017-2018 es de 3 430 hectáreas, el cual sobrecumplieron al 106 %.
  • «Tenemos recolectados hasta los primeros días de marzo alrededor de dos millones de cujes de tabaco y aspiramos a llegar a 7,5 millones de cujes de la aromática hoja, con una producción estimada de cuatro mil 169 toneladas.
  • «Esperamos que los resultados sean superiores a los del año anterior, porque tenemos una campaña con excelentes condiciones climáticas y todos los recursos garantizados para cumplir con el objeto social de la empresa».
  • Para esta ardua faena la empresa Hermanos Saíz dispone del concurso de alrededor de 2 300 productores de tabaco, así como de 3 900 trabajadores cada año en las labores de escogida y beneficio del tabaco, «pues es un sector que demanda mucha fuerza de trabajo».
  • Indica que los 11 municipios de la provincia de Pinar del Río producen tabaco, mientras que capa para la exportación solo cuatro: San Juan y Martínez, San Luis, Pinar del Río y Consolación del Sur.
  • Ante el peligro de la erosión provocado por el monocultivo, explica que los productores tienen incorporado el cuidado y mantenimiento de los suelos, «les hacen las labores de relleno, siembran cultivos que mejoran las condiciones agrológicas de la tierra y aplican el riego de acuerdo con las normas técnicas establecidas».
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Oscar Ramos Isla dijo:

1

12 de marzo de 2018

16:41:24


Que bueno que hayan familias como la de José Antonio Rodríguez González y su hijo José Antonio Rodríguez Marín (Pepe) que sobresalen en la producción de tabaco. Transmitiéndose las experiencias en el cultivo de la hoja. Así se puede alcanzar grandes resultados cuando se lleva en la sangre la vocación tabacalera.