ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Carlos Manuel de Céspedes entró a la ciudad de Bayamo alrededor de las diez de la mañana el 18 de octubre de 1868. Cuentan que a esa hora en la ciudad comenzaba a distribuirse la edición del periódico La Regeneración, vocero de los intereses colonialistas, que alertaba sobre la proximidad de las fuerzas rebeldes sublevadas una semana antes. El bando del gobernante local exigía defender la plaza en nombre de España.

Sin embargo, los habitantes de la segunda villa fundada en Cuba desobedecieron las órdenes. Esperaron a los insurrectos en los techos y ventanas de sus casas y al verlos pasar los saludaron con sombreros y pañuelos de colores.

Horas más tarde, «entre el estruendo de las armas y el silbido de las balas», como recordó Fernando Figueredo Socarrás, ayudante de Céspedes, los insurrectos ocuparon la «vetusta imprenta» donde se editaba el viejo periódico colonialista y la Isla tuvo su primer periódico independentista.

Cuando llegó a la ciudad insurrecta, el periódico tenía nombre. Céspedes preguntó cómo lo llamarían, a lo que el poeta y periodista José Joaquín Palma sugirió: «¿No vamos a libertar al cubano? El periódico, pues, debe llamarse El Cubano Libre».

Esa misma tarde las páginas se armaron «entre el estruendo de las armas y el silbido de las balas», contó Figueredo. «Palma distribuía trabajo a los cajistas que nerviosos y entusiastas recibían las cuartillas y preparaban el material para la prensa, que poco tiempo después, lanzaba impresas las primeras hojas de El Cubano Libre».

Para editar el periódico los tipógrafos-cajistas debían componer el texto, letra a letra, hasta formar palabras, colocándolas ordenadamente en una cajuela de madera que luego se llevaba a un linotipo que las fundía en plomo, haciendo una barrita que integraba cada línea del texto.

Las líneas conformaban una o más columnas, del tamaño de la plana. Se untaba de tinta y se presionaba, mecánicamente, sobre el papel en que se imprimía. Era el principio de la imprenta inventada por el alemán Gutenberg, en 1440.

El primer número de El Cubano Libre salió a las calles al precio de cinco centavos, en un formato estándar de cuatro páginas con siete columnas. Ofrecía al pueblo de Bayamo velar por su tranquilidad y respetar sus propiedades. También publicó noticias sobre los primeros hechos de armas y una sección poética donde aparecieron las dos primeras estrofas de La Bayamesa, nuestro Himno Nacional.

A partir de su segunda semana, y durante casi tres meses, El Cubano Libre salió a diario.

El 12 de enero de 1869, tras el anuncio de un próximo asalto a la ciudad de Bayamo por fuerzas del general español Blas de Villate, conde de Valmaseda, los patriotas cubanos decidieron incendiar Bayamo. Toda la ciudad ardió, menos su imprenta mambisa.

Entre unos aromales situados entre Mancabo y Chapala, hoy provincia de Granma, se ocultó la imprenta, y luego se trasladó a una gruta a orillas del río Contramaestre, en las proximidades de la Sierra Maestra. Allí permaneció hasta el final de la guerra y no volvió a utilizarse en la impresión de periódicos.

La publicación se rescató en cada movimiento revolucionario de nuestra historia: en el reinicio de las luchas independentistas de 1895, durante los primeros años de la República y, por último, durante la lucha guerrillera de finales de 1950, en la Sierra Maestra. Este año cumple siglo y medio de vida la prensa mambisa.

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