ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los trabajadores de Radiocuba de Granma tienen amplia experiencia en este tipo de contingencia. Foto: del autor

BAYAMO, Granma.–Desde el potente huracán Dennis, que en el 2005 devastó el vértice cubano donde el mar Caribe embosca al golfo de Guacanayabo, una brigada pequeña de hombres se ha adiestrado en demostrar cuánto de grande tiene su aporte cada vez que los convocan.

Entonces el reto fue poner en pie, sobre la cumbre de un cerro de la Sierra Maestra, la torre de El Mamey, en Pilón, derribada por vientos superiores a los 300 kilómetros por hora.

Al cabo de la misión, el prestigio de aquel puñado de técnicos de la división territorial Radiocuba de Granma quedó afirmado en la punta de la armazón, y desde entonces nada ha podido desmontarlo; sino, al contrario, replicarlo en la cúspide de otras estructuras rescatadas, algunas más altas que El Mamey.

Por eso fueron llamados a Holguín y Las Tunas tras los embates continuos del trío huracanado de Ike, Gustav y Paloma, y vueltos a convocar al paso destructivo de Sandy por Santiago, y de nuevo citados a Imías, Yateras y Baracoa, en Guantánamo, para restañar heridas dejadas por un tal Matthew.

¿Quién podría no pensar en ellos en la hora crítica que vive Cuba? ¿Cómo obviarlos cuando Irma, en su soplar endemoniado sobre el norte de la Isla, dejó tirado en los montes tanto amasijo de vigas y tornillos, que antes eran transmisores de señales de radio y televisión?

Como era de esperar, esos hombres, nueve en total, ya no están en sus casas. Salieron con el sol de este martes para Camagüey, a levantar muy cerca de la ciudad 90 metros de acero, para que vuelvan a dar sonido a la provincia central.

«De aquí no paramos hasta Tagarro, donde estaba, antes de Irma, el principal centro transmisor de onda media de la ciudad de Camagüey, que por ser zona muy llana, llegaba con la señal a casi todos los confines de la provincia», afirmó Yunior Blanco, director de la División Granma de Radiocuba y líder de los nueve hombres en campaña.

«Vamos con seis torreros, un especialista general y un técnico en transmisiones televisivas y señales radiales de frecuencia modulada (FM) y onda media (MW)», precisó.

«Aún no sabemos qué encontraremos, pero sí vamos claros de lo que dejaremos: levantada una torre de al menos 90 metros capaz de irradiar las señales necesarias desde los transmisores de 25 y 50 kilowatt de potencia, instalados en su base.

«Lo primero es rescatar cuánta pieza sea posible, y luego ensamblar, tramo por tramo, viga a viga, tornillo trans tornillo, unos 30 sectores de acero que irán atirantados desde el suelo».

«Eso sí, no seremos una carga para nadie. Viviremos donde trabajemos, pues con la cajas de herramientas van colchones, ollas, agua y comida. No será la primera vez que sea preciso cocinar hasta con leña, y siempre habrá en nuestro grupo un plato para el que llegue, sea liniero, constructor, mecánico. El que sea y de donde venga...».

Con todo listo sobre el camión de Víctor y varias camionetas, solo les faltaba una bandera. Federico Hernández, el presidente del Consejo de Defensa Provincial la entregó en sus manos. Les pidió que la pusieran a la altura del prestigio de la brigada, y de la historia gloriosa de Granma.

José Ángel Matos, uno de los jóvenes torreros, respondió que aquel no sería un trabajo más, sino un nuevo honor, y agradeció la oportunidad.

Me explicó que nadie como él, ni como sus compañeros, tiene una perspectiva más completa del desastre que deja un huracán..., porque lo ven desde arriba, por ratos largos, colgados de un arnés.
«La última vez que subí fue un récord personal, hace dos meses, en una loma de Yateras. La colina tenía 802 metros, y la torre en la cima otros 210. Debía parar el trabajo cuando pasaba una nube, porque no veía, y allí estuve varias horas.

«¿Qué puede ser Camagüey, en pleno llano y a solo 90 metros? Pudiera estar encaramado varios días, que es tiempo suficiente para volver. Digo, si es que no hay otra torre para poner en pie».

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