ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los peruanos Narciso Paucca Cancho (derecha) y José Carlos Ottivo Pérez, reconocen la labor altruistas de sus profesores. Foto: Jose M. Correa

Irradiar en el mundo salud, amor y esperanza está entre las misiones de los más de 28 500 galenos de 103 países, egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), que en este 2017 realizó su 13ª graduación.

Este hermoso proyecto de hermandad, solidaridad y justicia nació en 1998 por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y según sus estudiantes recién graduados, entrevistados por Granma Internacional, en ellos queda impregnado la colectividad, el humanismo y el rigor científico.

A la izquierda Claudia A. Tavares Olivera de Cabo Verde y Rasha Khalil de Jordania, graduadas de la Universidad de Ciencias Médicas de Artemisa. Ambas sienten una gran pasión al hablar de las familias cubanas que conocieron. Foto: Jose M. Correa

El peruano Narciso Paucca Cancho, residente en Ayacucho reconoce el esfuerzo de los profesores, quienes no escatiman tiempo para ayudar a sus alumnos en vencer las asignaturas. «En los momentos de la guardia y la consulta, ellos nos enseñan a sacar fortalezas emocionales para brindar aliento a ese doliente y saber responder con esperanzas para quienes están en fase terminal».

Con él coincide su compañero José Carlos Ottivo Pérez, proveniente de Lima, Perú. «He aprendido mucho más que una carrera universitaria. En mi país el médico está enfocado a la competitividad del profesional y no enseña sus conocimientos. Aquí los médicos profesores expanden sus experiencias, brindan sus informaciones actualizadas y te instruyen en cómo buscar más».

Ambos señalan la comunicación abierta alumno-profesor y la confianza en el estudiante para preguntar dudas surgidas en el proceso educativo. Al rotar por los hospitales a partir del tercer año, se inculca como hábito el sentido de la ética para dialogar con los pacientes y sus familiares, principalmente en la entrevista inicial para conformar las historias clínicas.

Narciso desea dedicarse a la cirugía y José Carlos a la medicina interna o a la pediatría, pero en los próximos días regresan a sus países de origen y están imposibilitados de ejercer. Primeramente deben cursar un año más rotando por las diferentes especialidades médicas, aprobar un riguroso examen y luego revalidar el título.

Para José Carlos, su gran temor radica en enfrentarse a un sistema médico de un país capitalista, en el cual al enfermo se asiste como a un cliente y los cuidados dependen del dinero que pueda invertir en sus pruebas de diagnóstico y en los medicamentos.

A la izquierda Claudia A. Tavares Olivera de Cabo Verde y Rasha Khalil de Jordania, graduadas de la Universidad de Ciencias Médicas de Artemisa. Ambas sienten una gran pasión al hablar de las familias cubanas que conocieron. Foto: Jose M. Correa

En muchas ocasiones existen acuerdos previos entre los médicos y las farmacéuticas, que generan ingresos financieros mutuos en detrimento de la salud del paciente. «Aquí nos enseñaron consagración y entrega total para solucionar problemas de otras personas, con una seriedad y una disciplina muy férrea por la profesión», asegura el joven peruano.

Con él coincide la guatemalteca Dalena Catabí Lozano. Ella también debe cursar otro año más de internado al regresar a su país, sin percibir salario alguno e incurriendo en gastos personales en alimentación, transporte y alojamiento, además de pagar la matrícula inicial para esa colegiatura.

Proviene de la comunidad Los Pastores, perteneciente al Departamento de Sacatepeque, donde sólo hay un solo hospital con escasez de médicos, el cual queda a varios kilómetros de su casa. Ahí radica también uno de los motivos por los cuales eligió la profesión.

Su mayor impulso para estudiar en la Mayor de las Antillas lo ejemplifica así: «Mi pueblo fue afectado por un huracán a finales de la década de los años 90 y dejó un gran desastre humano, producto de las inundaciones y los deslave de tierra. Vimos llegar a una brigada de médicos cubanos. Esos profesionales brindaron socorro a las víctimas enterradas en el lodo. Todos presenciamos esa actitud de desenterrar casas para rescatar a personas con vida. Ellos recorrieron lugares distantes para pesquisar comunidades con una mochila al hombro llena de medicamentos».

Esa labor altruista la contrasta con los médicos formados en su país y afirma que las familias guatemaltecas ven la carrera de medicina como una forma de prosperidad económica. Incluso, adquieren deudas con el banco para pagar esos estudios, porque ser médico significa pertenecer a una casta social con verdadero poder económico. Nunca piensan en la solución de los problemas de salud de la población.

«Al llegar a Cuba –continúa el relato- me alojaron en la ELAM, conocí a personas muy cariñosas. Me refiero a los trabajadores que realizan labores de limpieza o de la cocina-comedor. Me abrazaron sin saber quién yo era y de dónde venía. Me brindaron apoyo psicológico y moral. Nos trataron como a sus hijos. Esa es una experiencia muy fraternal. He visto que así son la mayoría de los cubanos».

Similar criterio lo expresa Claudia A. Tavares Olivera de Cabo Verde, quien recuerda a su maestra Arianna en el aprendizaje del idioma español en el curso básico de pre-médico, antes de iniciar los estudios universitarios. «Ella era muy cercana a nosotros, conocía nuestras particularidades y siempre estuvo dispuesta a solucionar cualquier dificultad. Con ella aprendí mucho más que el español. Nos hizo comprender la cultura y el modo de vida de los cubanos. Yo vi en ella a una profesora, una madre, una amiga», asevera la joven egresada de la facultad de ciencias médicas de Artemisa.

Ella conoció de la posibilidad de estudiar en Cuba a través de un tío que también se formó en la ELAM y actualmente se desempeña como urólogo, pero para acceder a la beca debió ser seleccionada entre un numeroso grupo con los mejores resultados académicos del bachillerato.

Considera que la mayor dificultad estuvo en la asignatura de morfofisiología, la cual combina contenidos de anatomía, bioquímica, epidemiología y otras. Señala que los exámenes académicos para el pase de año son muy rigurosos con una gran carga de contenido científico, para ellos deben prepararse con la lectura de varios libros en un corto período de tiempo.

Igualmente su compañera de facultad, Rasha Khalil, de Jordania, corrobora tales afirmaciones en tanto tuvo una gran dificultad para aprobar la asignatura en el primer año, debido también a sus limitaciones con el idioma.

«Al llegar a Cuba no conocía ninguna palabra en castellano—comentó la joven jordana-- Recibí un curso intensivo de español por seis meses, los otros seis meses lo dedicaron a las asignaturas de preuniversitario que ayudan a comprender los estudios universitarios. Mi idioma español mejoró cuando concluí los dos primeros años en la ELAM y debí continuar la carrera en los hospitales cubanos atendiendo a la población».

Aunque también le costó adaptarse a los alimentos y a comprender la idiosincrasia de los cubanos, hoy manifiesta saber bailar casino (baile popular) y contar con familias, muy apreciadas por ella. «Me emociona hablar de Cuba. Llegué con apenas 17 años y he vivido casi 8 años. Mi personalidad se formó en esta Isla. Aquí dejo a muchos seres queridos, principalmente en Artemisa. Te puedo mencionar a la familia del fotógrafo Pedro Reyes, de Mercedes Chávez y a la abuelita Lazarita. Todos me brindaron un gran apoyo emocional y en las diferentes casas recibía mucho cariño».

Todos estos estudiantes agradecen a Cuba el haberlos formado en la vocación humanista, el compromiso y el espíritu internacionalista, conscientes de su papel en la sociedad y protagonistas del momento histórico. A partir de ahora deben constituirse en los agentes de cambios, que tanto necesita la humanidad.

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pedro dijo:

1

12 de agosto de 2017

01:46:31


Hermanos favor de corregir pie de 3-ra foto, que repite el pie de la 2-da foto. A cualquiera le pasa, seguro que esta enamorado/a.