ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«…no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra, / porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos, / van a impedir que te encontremos, / Che Comandante, / amigo. / Estás en todas partes, / vivo, como no te querían».
                                                                                                             Nicolás Guillén

VILLA CLARA.–Cuando el 12 de julio de 1997 llegaron a Cuba los osarios del Guerrillero Heroico y otros cuatro compañeros caídos junto a él, se había consumado una verdadera proeza de la ciencia cubana, según ha dicho el doctor Jorge González Pérez, quien tuvo la responsabilidad de encabezar la labor de búsqueda, hallazgo e identificación de los guerrilleros que combatieron junto al Che en Bolivia.

La obra fue fruto de una ejemplar integración entre la investigación histórica, la sociología y otras ciencias sociales, además de la importante contribución de otras disciplinas técnicas como la geología, la geodesia, geoquímica y la cartografía, también de la informática, botánica, edafología, geofísica y la medicina forense, incluyendo las más modernas técnicas moleculares y de la antropología física, sin las cuales hubiera sido imposible el éxito de la misión.

Aprovechando la presencia en Villa Clara de los doctores González Pérez y María del Carmen Ariet García, protagonistas excepcionales de aquella tarea, quienes participaron en el coloquio organizado por el Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara: El regreso del Che y sus compañeros 20 años después, Granma fue a su encuentro para recordar pasajes de aquella epopeya.

Búsqueda de los restos del Che y sus compañeros en Bolivia. Vista general de la excavación en Valle Grande. Foto: Archivo

–¿Cuándo se inicia el proceso de búsqueda?

–Los primeros pasos de Cuba por encontrar y repatriar los restos del Guerrillero Heroico comenzaron desde que se supo la noticia de su muerte –responde el doctor Jorge González. En el país hay un precepto inculcado por Fidel de no abandonar nunca a sus hijos. Ahí está el caso de Roberto Roque, un expedicionario del Granma que cayó al agua y hasta que no se encontró, el yate no continuó la travesía; y más reciente, la Operación Tributo, mediante la cual fueron traídos de África y otras regiones del mundo más de 2 000 combatientes cubanos.

–Sin embargo, 1995 resultó un año decisivo, que marcó un punto de giro en el proceso. ¿Por qué?

–Ese año se produce una importante revelación del general (r) boliviano Mario Vargas Salina –explica María del Carmen Ariet– que había estado al frente de la emboscada de Vado del Yeso, quien aseguró en entrevista al reportero norteamericano Jon Lee Anderson que el Che estaba enterrado en Vallegrande.

«En ese momento fue creada una comisión de trabajo presidida por el General de Ejército Raúl Castro, entonces Segundo Secretario del Comité Central del Partido, y un grupo ejecutivo, encabezado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, encargado de coordinar la tarea de búsqueda, exhumación e identificación».

Las áreas a investigar fueron la pista, los terrenos colindantes, el basurero y el cementerio, entre otros. Foto: Archivo

–Entonces, la noticia publicada en The New York Times por Lee Anderson resultó clave para iniciar la pesquisa.

–No se le puede quitar el mérito a ese periodista –apunta la doctora Ariet García–. El hecho de que se publicara en un medio tan importante y por un profesional reconocido como él, resultaba decisivo. Fíjate si es así, que tres días después y en medio de un gran revuelo internacional causado por la noticia, el presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada firmó un decreto mediante el cual autorizaba a verificar aquella información, y que de ser cierta, se le entregaran los restos a los familiares. La búsqueda como tal surge al no poderse precisar por el general Vargas Salina el lugar exacto del enterramiento, y dada la presencia allí de los especialistas cubanos que sí tenían la voluntad para llevar a cabo la encomienda.

«Con ello se desmentían las tantas versiones oficiales que existían sobre el paradero de los restos del Che. Algunas aseguraban que el cadáver había sido incinerado y las cenizas lanzadas desde un avión sobre la selva, otros que estaban en el cuartel de la CIA en Langley, Virginia o en una base militar de Estados Unidos en Panamá, entre otras mentiras.

«Sin embargo, vale la pena aclarar que desde antes se tenía conocimiento de que el Che podía estar enterrado en ese lugar, e incluso, unos días antes de darse a conocer la información por The New York Times, un periódico boliviano nombrado La Razón publicó la misma versión».

–Entonces ¿por qué no se inició antes la búsqueda?

–Recuerda que era un contexto muy diferente –añade la doctora–, con gobiernos hostiles a Cuba y una situación internacional mucho más compleja, y sin la autorización del Gobierno de Bolivia no se podía hacer nada. Un ejemplo de lo anterior fue que el gobierno de Jaime Paz Zamora impidió en 1989 que científicos cubanos ingresáramos a territorio boliviano para buscar los restos del Che.

–¿Cómo se involucran ustedes en aquella expedición científica?

–Esa mañana de noviembre de 1995 yo iba para el trabajo y escucho en el programa Haciendo Radio, de Rebelde, la noticia de que el Che estaba enterrado en Vallegrande, según lo publicado por The New York Times –cuenta Jorge González–. Al poco rato me llaman por teléfono del Ministerio de Salud Pública para decirme que debía estar en un lugar determinado ya que un dirigente de la Revolución quería conversar conmigo. Por el camino hice miles de conjeturas porque sospechaba que era algo relacionado con el Che. Efectivamente, era Ramiro Valdés para darme la misión conocida y que tenía tres días para prepararlo todo. Fue así como en diciembre de 1995 ya estaba en Bolivia».

«Yo estaba en Argentina –rememora María del Carmen Ariet– y también fui llamada de inmediato para que me sumara al grupo y encabezara la investigación histórica, entre otras tantas tareas que debía cumplir.

–¿Cuáles resultaron los momentos más complejos del proceso previo al hallazgo e identificación de los restos?

–Al principio todo resultó muy complicado. Las áreas a investigar resultaban muy amplias y abarcaron, además de la pista, terrenos colindantes, el basurero, un vivero, el cementerio, la sede del antiguo regimiento Pando, el hospital, el Rotary Club y la cañada de Arroyo. Fíjate que hasta el 31 de marzo de 1996 habíamos abierto más de 200 fosas porque aún no había un estudio histórico serio, entonces era cavar donde quiera que la gente decía que podía estar, responde González Pérez.

Por su parte la doctora Ariet refiere que «entre abril y octubre de ese año desarrollamos una fase de investigación histórica, centrada en cotejar y estudiar los numerosos testimonios existentes sobre la lucha guerrillera. Desde que había muerto el Che, en Cuba se habían reunido 13 interpretaciones sobre los destinos posibles del líder guerrillero y en poco más de un año en Bolivia recogimos más de 80 versiones distintas. Para que se tenga una idea del trabajo realizado, baste decir que el grupo de cubanos realizó más de 1 000 entrevistas, 300 de las cuales resultaron las más valiosas».

«Otro momento importante –continúa González Pérez– fue la llegada a Bolivia en diciembre de 1996 de un equipo multidisciplinario cubano con el fin de profundizar en las investigaciones científicas, el cual realizó estudios geológicos hasta marzo de 1997. Luego comenzaría lo que sería la última fase de búsqueda, iniciada en mayo de ese año donde además estuvieron el arqueólogo Roberto Rodríguez, el antropólogo forense Héctor Soto y los geofísicos Noel Pérez, José Luis Cuevas y Carlos Sacasas, entre otros compañeros que desempeñaron un rol decisivo, porque debemos recordar que los investigadores argentinos se habían retirado hacia su país desde el mes de marzo de 1996».

–¿Es cierto que la última etapa fue la de mayor tensión para el grupo de expertos cubanos?

–Estábamos como en una carrera contra reloj –afirma la doctora María del Carmen–, porque Hugo Banzer, el dictador boliviano responsable de tantas muertes y desapariciones, había sido elegido presidente de Bolivia, lo cual significaba un riesgo para la búsqueda, porque, dada la persona que era, en cualquier momento podía tomar una decisión que perjudicara el proceso en que estábamos envueltos.

«Además había una intención muy grande de desinformarnos. Una muestra de ello fue la visita del agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez, quien, ante la cercanía del hallazgo, se apareció en una avioneta en Vallegrande para ubicar el enterramiento en un lugar opuesto adonde nosotros buscábamos».

–¿Entonces que hicieron?

–Acelerar los trabajos, dice el doctor Jorge González. La noche anterior al hallazgo de la fosa común donde se encontraba el Che, es decir el 27 de junio, el Jefe de Seguridad del Estado vino a recordarnos que teníamos dos días para terminar, lo cual interpretamos como una señal positiva y nos dio más fuerzas para concluir la obra.

–¿Qué pasó el 28 de junio de 1997?

–Ese día era sábado, y como antecedentes teníamos la versión del tractorista que había cavado la fosa donde fue enterrado el Che. Tal como habíamos decidido, continuamos las labores pero esta vez empleando una máquina excavadora perteneciente a una empresa que construía el alcantarillado de Vallegrande, lo cual nos permitiría bajar al menos metro y medio con el equipo, de los dos que debíamos cavar, y a partir de ahí seguir trabajando a mano, recuerda Ariet García.

«En esos trajines estábamos cuando a eso de las 9:00 a.m. de la mañana, al labrar en la fosa, la pezuña de la máquina enganchó el cinto del Che, que había sido enterrado con su uniforme, y así salieron sus osamentas».

–¿Se quedarían petrificados?

–Imagínate cómo me sentiría, cuenta el doctor González Pérez–. Solo atiné a gritar al operador de la retroexcavadora ¡para, para!, e inmediatamente le dije a Héctor Soto que bajara al fondo de la fosa donde yo estaba. Mira Soto, allí, allí, e indiqué para el lugar donde había sido visto un hueso. Yo le decía es un radio, un radio, mientras el antropólogo discrepaba y expresaba es un cúbito, un cúbito, porque estaba mirando a otro punto de la fosa común. Luego supimos que aquellos primeros huesos pertenecían al boliviano Aniceto Reinaga.

–¿En qué momento sospechan que han encontrado al Che?

–Al final, pues en ese momento inicial no se sabía nada –continúa el doctor–. En total eran siete las osamentas encontradas allí, lo que coincidía con la historia. Las del Che fueron las segundas en ser halladas. Sospechábamos desde el principio que era él porque sus restos eran los únicos que estaban cubiertos con una chaqueta verde olivo y luego comprobamos que no tenía manos.

«Recuerda que nosotros sabíamos que el único cuerpo sepultado sin manos era el del Che. También aportó mucho Héctor Soto, quien, ante la información de que posiblemente la fosa estuviera dinamitada pidió un bisturí y cortó la tela para precisar si debajo había hueso, verificando que era un cráneo.

«Luego, al avanzar más en la excavación, introdujo su mano por debajo de la chaqueta y comprobó la prominencia de los arcos superciliares, que coincidía con esa característica en la frente del Che y la ausencia de un molar superior izquierdo, que también correspondía con su ficha dental. Se observó, además, una bolsita con la picadura de la cachimba en el bolsillo y residuos del yeso de la mascarilla mortuoria realizada al Che, pegados a la chaqueta.

«Esas evidencias apoyaban que se trataba del jefe de la guerrilla. Allí continuamos laborando en el desenterramiento de los siete restos, periodo en el que contamos con la colaboración de los antropólogos argentinos, que a solicitud de Cuba pedimos que regresaran.

«Fueron días muy intensos, de mucha tensión, en los que no nos separamos un instante de aquel lugar ni del hospital japonés a donde fueron llevadas las osamentas luego de su exhumación el 5 de julio para su identificación. Te puedo decir que nadie dormía velando los restos, de modo que no pasara nada. Para descansar nos turnábamos cada dos o tres horas y volvíamos al lugar donde estaban las osamentas del Che y sus compañeros».

–¿Qué sintió en aquel preciso instante del hallazgo?

–Un alivio muy grande –rememora Jorge González–. Me quedé anonadado. Imagínate era el momento cumbre de tanto esfuerzo. Saber que desde el punto de vista científico teníamos ya un resultado y el sentimiento de que has podido contribuir a restituir un pedazo de la historia de tu Patria y del mundo fue algo muy grande, indescriptible. Conocer, además, que fuimos hombres y mujeres formados por la Revolución los que realizamos este hallazgo, también nos reconfortó mucho.

–¿Qué pueden decir de los restos que aún faltan por encontrar?

–Se han encontrado 31 de los 36 guerrilleros desaparecidos –explica María del Carmen Ariet–. Faltan los de Jesús Suárez Gayol, el primero en caer. Se han realizado varios intentos de búsqueda, sin lograr hasta ahora encontrarlos. Restan por localizar los de Jorge Vázquez Viaña, Loro, cuyo cadáver fue lanzado a la selva desde un avión; Raúl Quispaya Choque, Raúl en la guerrilla; muy difícil de hallar porque donde está enterrado construyeron una comunidad; Benjamín Coronado Córdova y Lorgio Vaca Marchetti, quienes murieron ahogados, lo que hace muy compleja la investigación. De todos modos, nunca vamos a dar por concluido el proceso, esa es nuestra posición.

«Hay otros tres combatientes bolivianos: Inti Peredo, Antonio Jiménez Tardío y David Adriazola, que por voluntad de sus familiares permanecen en el país andino», añade el doctor González Pérez.   

–El 12 de julio de 1997, Jorge González Pérez venía junto a los restos del Che y sus compañeros. ¿Cómo percibió usted el encuentro de Fidel con su hermano de lucha?

–Aunque no pude hablar con Fidel ese día por la solemnidad del momento, si sentí el dolor por el reencuentro y el recuerdo de la pérdida. Era como si él volviera a vivir los pasajes vividos junto al Che.

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Carlos Alberto dijo:

1

12 de julio de 2017

03:45:07


«…no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra, / porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos, / van a impedir que te encontremos, / Che Comandante, / amigo. / Estás en todas partes, / vivo, como no te querían».   Siempre en nuestros corazones.                                                                       

BGR dijo:

2

12 de julio de 2017

09:31:12


No tengo palabaras para expresar lo que siento cada vez que hablan del Ché, la piel se me pone como gallina cada día trato de ser como él....gracias a los doctores y a su equipo por el trabajo tan arduo realizado que valió mucho la pena las noches de desvelo que deben haber pasado y recuerdo una frase que dice.."Seamos realistas, soñemos lo imposible". Nunca he tenido la oportunidad de estar en Santa Clara espero que algun día pueda realizar ese sueño. Pienso que hombres como él no pasan a la historia se quedan en nuestros corazones ese hombre de todos los tiempos. Ché Comandante...Amigo

hugo carozzo dijo:

3

12 de julio de 2017

10:18:03


como argentino estoy orgulloso de que antropólogos de mi país hayan colaborado en la búsqueda e identificación de los restos del Che Comandante y sus heroicos compañeros de lucha, estuve 2 veces en el Memorial del Che en Santa Clara y lloré por él y por todos los valientes que cayeron en Bolivia, hoy más vivos que nunca. Hasta la victoria siempre!

Rolando Torres Pérez dijo:

4

12 de julio de 2017

11:39:35


Soy fruto de la Revolución y me impresionó muchísimo este escrito sobre el hallazgo de los restos del Ché y otros heroicos guerrilleros mas. Gracias, muchas gracias.

Angel dijo:

5

12 de julio de 2017

12:59:29


Siempre he buscado escritos sobre el hallazgo de los restos del Che, he encontrado muy maravillosa esta entrevista a los hijos de este pueblo que tuvieron el honor de esa histórica misión. Para ellos mi respeto