ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Nuria Barbosa León

Para los jóvenes médicos cubanos prestar servicios en los lugares montañosos, apartados y de difícil acceso de la geografía del país, le resulta un aprendizaje esencial para su formación profesional. Ellos al graduarse cubren por un año el trabajo asistencial en los consultorios ubicados en las zonas rurales de la Isla.

Granma Internacional conversó con varios de estos galenos, quienes coincidieron en elogiar este tipo de labor por su esencia humanista y de justicia social, con logros palpables en la disminución de la tasa de mortalidad infantil y materna; aumento en la esperanza de vida al nacer y decrecimiento de la letalidad por enfermedades crónicas no transmisibles.

La doctora Gisel Acosta Fonseca trabajó en la comunidad de San Lorenzo, ubicada a 18 kilómetros del municipio Bartolomé Masó en la oriental provincia de Granma y situada dentro de una de las elevaciones de la Sierra Maestra. En este poblado viven unas 1 600 personas dedicadas al cultivo del café, principalmente.

Laboró en un consultorio médico con condiciones creadas para prestar primeros auxilios y realizar labores de prevención y promoción de salud. Como principales patologías del lugar, atendió la hipertensión arterial y la diabetes mellitus; además puso en práctica los programas nacionales para disminuir enfermedades oncológicas, respiratorias, virales y bacterianas.

«Para ejecutar los diversos protocolos sanitarios nos apoyamos en las organizaciones sociales de la comunidad como los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). A su vez, atendimos una escuela primaria y secundaria, de régimen interno y seminterno, donde impartimos diferentes temas para educar a los niños y jóvenes en correctos hábitos de higiene y alimentación para garantizar la salud», señaló la doctora Acosta Fonseca.

Todas las embarazadas recibieron más de 12 consultas programadas, con sus respectivos exámenes clínicos y radiológicos. Con ellas esta joven galena insistió en los cuidados del bebé y la lactancia materna como mejor alimento en las primeras edades de la vida.

Indicó que al acercarse el parto o a las que tuvieran riesgos pre-concepcional recibieron un ingreso en el hogar materno del municipio para dar un seguimiento especializado por gineco-obstetras.

Explica que otro control estricto lo reciben los niños en el primer año de vida con consultas mensuales y la vacunación contra más de 13 enfermedades. De presentarse una emergencia, le enviaban una ambulancia al comunicarse con el Sistema Único de Urgencias Médicas.

«Una de las principales dolencias que atendí resultó ser un brote de diarreas agudas, con pacientes reportados de grave. Gracias al apoyo de la población y de las autoridades sanitarias del territorio logramos eliminar con prontitud ese foco sin que se convirtiera en una epidemia», señaló la joven profesional de la salud.

Además impartió charlas en varios espacios públicos, insistiendo en la higiene y principalmente en el lavado de las manos. «Al consultorio inmediatamente llegaron sustancias hidratantes y medicamentos para enfrentar el brote. Nosotros recibimos una preparación inmediata acerca de las medidas a tomar».

Similar experiencia la constató igualmente el doctor Luis Rogelio Proenza Reyes, quien trabajó en Montero, un poblado cercano al municipio de Niquero, en la misma provincia del oriente cubano. La producción de azúcar de caña se destaca como el renglón económico fundamental y los pobladores se caracterizan por un trato afable, pero reservado.

«Viví dentro del consultorio, en habitaciones aledañas al área de consulta. Las patologías más frecuentes fueron el parasitismo intestinal, las enfermedades respiratorias y alérgicas. También nos enfrentamos a las dolencias crónicas no transmisibles como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y las cardiopatías isquémicas».

Para enfrentar este cuadro clínico se apoyó en pediatras, obstetras, cardiólogos, cirujanos, oncólogos y de otras especialidades médicas, quienes visitaron el consultorio una vez al mes, pero de existir problemas más graves y urgentes, el paciente se remitía a los servicios del Hospital General Municipal Gelasio Calañas en la ciudad de Niquero o al provincial Celia Sánchez Manduley, ubicado en Manzanillo.

El médico aseguró que su consultorio se habilitó con los principales medicamentos, herramientas y equipamiento para atender cualquier urgencia. Considera que recibió una buena preparación en la carrera universitaria para cumplir con esas labores, no obstante también se auxilió de un especialista en medicina interna, que visitaba con frecuencia el consultorio.

«El trabajo en la zona rural -expresó Proenza Reyes- me hizo aprender sobre la medicina natural y tradicional, me enseñó a ser muy sensible ante los problemas y buscar soluciones rápidas ante carencias materiales. Conocí a personas humildes y agradecidas. Ellos, muchas veces, sienten temor de asistir a una consulta médica por no saber describir su padecimiento. Esta experiencia nos da la posibilidad de vincularnos a una población diferente a la urbana, que en muchos casos enseña otra forma de relacionarnos».

A su vez la doctora Reymi Castillo González laboró en la comunidad de Guamo Viejo, perteneciente al municipio Río Cauto, en Granma, con campesinos dedicados al cultivo del arroz o a la pesca del camarón. Fue la primera vez que visitó el lugar, aunque nació y vivió a varios kilómetros de allí.

La médica relató que los pobladores la acogieron con mucha hospitalidad. Con algunos pacientes entabló relaciones de amistad, que aún mantengo. «Debí atender el envejecimiento poblacional, porque encontré un grupo de personas que rebasaban los 60 años de vida. Soy del criterio de que esa población se mostró muy preocupada por el cuidado de la salud a nivel social. Se interesaban por los buenos hábitos de higiene».

Valora a la experiencia en los consultorios rurales como gratificante y la considera una etapa importante de aprendizaje. Castillo González en estos momentos, se prepara para incorporarse en Brasil al programa “Más Médicos”, creado por el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. Ya concluyó un postgrado en idioma portugués y finalizó la especialidad de Medicina General Integral.

Su compañero de estudios, Yordán Reinier Merladet Montero, fue ubicado en un lugar montañoso conocido por La Habanica con más de mil pobladores y caminos intransitables. Allí abunda la vegetación boscosa y los campesinos cultivan café y malanga, tubérculo. El poblado contaba con electricidad y líneas de teléfono.

El médico signficó que su consultorio estaba bien equipado, contaba de balón de oxígeno, material de sutura y medicamentos para tratar las urgencias. Además de la consulta, el lugar estaba habilitado de dos habitaciones con baño y cocina. También disponía de equipos electrodomésticos y una planta radial.

Relató que el mismo día de su llegada al lugar, como a las 11 de la noche, con una gran oscuridad nocturna, recibo un paciente con un golpe en la pierna. «Resulta que andaba a caballo y una gran piedra le cayó encima. Le cortó un dedo del pie y el otro estaba en muy mal estado. Ese día no hubo fluido eléctrico, me alumbré con una linterna para realizar la sutura. Mi mayor dificultad fue encontrar los enseres necesarios para acometer la cura de la herida. Ni sé cómo me las arreglé, pero pude socorrer al paciente».

De esa etapa refiere que enfrentó muchos temores y resistió porque la población lo trató con respeto y lo ayudó a superar las dificultades. En estos momentos se prepara para partir a Brasil e integrar también el programa Mas Médicos. De su etapa de trabajo en las zonas rurales afirmó categóricamente: «Cumplí con la Revolución y aporté mi esfuerzo personal a un bienestar común».

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maguero dijo:

1

26 de junio de 2017

09:14:09


nes bueno que nuestro medicos atiendan a los campesinos serranos y de estas comunidades lejanas donde muchos viven necesitando su servicio , no solo las misiones son al exterior , tambien en Cuba se hacen misiones humanitarias para su pueblo, quien mejor que ellos salidos de las familais campesinas.