ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Basándose en la estrategia revolucionaria diseñada años antes por Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, de profunda inspiración martiana, a la salida del presidio (mayo de 1955) Fidel precisó la necesidad de vertebrar un movimiento ajeno a la politiquería para desarrollar la insurrección popular armada, como forma más alta de la lucha de masas.

La primera parte de la estrategia la cumplimentó al constituir el Movimiento 26 de Julio en todo el país. Para desarrollar la insurrección, organizó la expedición del Granma y tras desembarcar en el oriente cubano, fundó el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, el cual ya en marzo de 1958 contaba aparte del Primer Frente, donde radicaba la Comandancia General, con otros dos: el Segundo, en la Sierra Cristal, comandado por Raúl, y el Tercero, en los alrededores de Santiago, comandado por Almeida.

En la tradición revolucionaria cubana, el golpe decisivo a una tiranía se propinaba mediante una Huelga General Revolucionaria. No es de extrañar que en los primeros días de marzo se debatiera sobre este método de lucha en la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, celebrada en plena Sierra y presidida por Fidel. Allí se aprobó el manifiesto Al pueblo de Cuba, el cual consideraba que por el resquebrajamiento visible del régimen y la maduración de la conciencia nacional, la lucha contra la tiranía batistiana había entrado en su fase final.

Consideraba el documento que la acción debía intensificarse progresivamente «hasta desembocar en la huelga que será ordenada en el momento culminante. (…) A partir de este instante el país debe considerarse en guerra total contra la tiranía (…) La nación entera está dispuesta a ser libre o perecer».

Fidel suscribió además, desde la Sierra Maestra, con fecha del 14 de marzo de 1958, un llamamiento a los trabajadores cubanos en el que subrayaba que el Frente Obrero Nacional (FON) no era un organismo sectario y todos los compatriotas, independientemente de su militancia política o revolucionaria, tenían el derecho a integrar los Comités de Huelga de los centros laborales. Convocaba el líder de la Revolución: «a cerrar filas tras la consigna de huelga general, lanzarse a la lucha por encima de banderas políticas o rivalidades personales que no deben empañar con actitudes egoístas esta hora hermosa de Cuba».

A las 11 de la mañana del 9 de abril de 1958, sin previo anuncio, una canción de moda comenzó a escucharse simultáneamente en varias emisoras de radio nacionales: tras un breve silencio, las notas iniciales del Himno Invasor preludiaron la arenga: «Atención cubanos, es el 26 de Julio, llamando a la Huelga General Revolucionaria. Hoy es el día de la libertad. Día de la huelga general revolucionaria. Adelante cubanos, desde este momento se comienza en toda Cuba la lucha final que solo terminará con el derrocamiento de la Dictadura».

A partir de ese momento, se luchó y murió en toda Cuba. En la capital, un grupo de jóvenes asaltó la Armería de la calle Mercaderes. Al fracasar esta acción, todo el plan concebido para La Habana Vieja se vino abajo por falta de armas. En el Cotorro y Guanabacoa los jóvenes derrocharon coraje.

En Sagua la Grande, los revolucionarios tomaron prácticamente la ciudad. Hubo acciones de envergadura en Camagüey, Matanzas y Santa Clara. Se logró en Oriente una acertada combinación de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad, que incluyó el ataque al Cuartel de Boniato por las milicias bajo el mando de René Ramos Latour, Daniel. Santiago de Cuba ofrendó la vida de 24 de sus jóvenes.

A pesar de tanto heroísmo, ya en la tarde la huelga fue decreciendo. No se había logrado una correcta coordinación con otras fuerzas revolucionarias, como había orientado Fidel, y sobre todo en La Habana, hubo grandes fallas en la organización, pues nunca aparecieron las armas para todos los combatientes que se movilizaron. Al atardecer, era evidente que en la capital había fracasado el paro y se cursó la orden de cesar las acciones. Aislada, cuando la huelga agonizaba en toda Cuba, la heroica Sagua la Grande fue víctima de la peor de las represiones.

A partir del revés de la Huelga del 9 de Abril, la tiranía se envalentonó y con el pretendido plan Fin de Fidel envió 10 000 soldados a la Sierra para liquidar al movimiento guerrillero. Con solo 300 rebeldes el líder de la Revolución derrotó la ofensiva batistiana y ya en agosto partía la invasión a Occidente. Cuatro meses más tarde, la tiranía caía a los pies del pueblo, que en la Huelga General Revolucionaria de enero de 1959 neutralizaba los planes para escamotearle el triunfo.

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