ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Con orgullo Pancho Lazo muestra las finas y vigorosas hojas de tabaco de su vega, listas para la cosecha. Las plantas sobrepasan la estatura de este avezado guajiro, quien ha dedicado más de dos décadas a este cultivo. Foto: Ismael Batista

Francisco «Pancho» Lazo Díaz es un curtido campesino de 62 años, manos rudas, baja estatura, ojos vivarachos y muy locuaz, que lleva más de 40 años casado con Sabina Pérez Montano, amor del que nacieron sus hijos Yoandry y Yanet.

Sin embargo, este recio veguero del municipio de San Juan y Martínez, localidad situada alrededor de 25 kilómetros al oeste de la ciudad de Pinar del Río y a unos 180 kilómetros, también al oeste, de La Habana, expresa sin el menor sonrojo que tiene otro amor, muy profundo, que le llega al corazón: el cultivo del tabaco.

Pancho Lazo, como todos le llaman en Quemado de Rubí, es reconocido como uno de los mejores productores pinareños de tabaco tapado. Su vega de la mencionada zona sanjuanera forma parte de esa antigua tradición de siembra y cultivo de la aromática hoja (desde 1492 en su primer viaje a Cuba el gran almirante Cristóbal Colon hizo contacto con el tabaco), y se encuentra en pleno macizo tabacalero de Vueltabajo, región que aporta el grueso de la materia prima con la cual se confeccionan los famosos puros Habanos.

Y justamente un grupo de periodistas nacionales y extranjeros, que dieron cobertura al XIX Festival del Habano (27 de febrero al 3 de marzo), la mayor cita internacional de los puros Premium (hechos totalmente a mano), se acercaron a la finca de Pancho Lazo para encontrarse con los orígenes y conocer de primera mano cómo nace la hoja que le da vida a un producto que se ha convertido en testimonio tangible de la cultura cubana desde los tiempos de los indios tainos.

Allí pudimos apreciar una impresionante y vigorosa vega de tabaco tapado, cubierta de tela fina, con la que al decir de este sabio productor «se logra una hoja más fina y de mayor tamaño, apropiada para servir de ‘capa’ o cubierta exterior de los habanos de marcas».

Su finca pertenece a la Cooperativa de Créditos y Servicios V Congreso del Partido Comunista de Cuba, la que en 1,5 hectáreas tiene sembradas más de

50 000 plantas. Ahora transita por la segunda recolección del año con un plan de producción anual de 225 toneladas.

En la pasada campaña tabacalera 2015-2016, muy golpeada por las inclemencias climáticas, en particular mucha lluvia, Pancho Lazo tuvo que apelar a todo su conocimiento y perseverancia para sobrecumplir sus compromisos de entrega de tabaco tapado, «esa es una parte en la que el hombre no puede echar para atrás, tiene que imponerse y dejar el sudor de su frente en el campo. Hay que tenerle mucho amor a lo que hace».

Por eso este sencillo guajiro es uno de los líderes y ejemplo, una persona a la que otros agricultores consultan frecuentemente, sobre todo los más jóvenes. Él brinda sus conocimientos sin ningún reparo.

De los mil 925 agricultores dedicados a este cultivo en San Juan y Martínez solo producen tabaco tapado o capa para la exportación 267, y entre estos últimos se encuentra en posición destacada Pancho Lazo, un hombre que ha dedicado 22 largos años de su vida al tabaco y sus misterios.

En tal sentido explica que no todos los productores pueden sembrar tabaco tapado, el de mayor precio, pero también el de mayores desafíos, si se compara con el cultivo de tabaco de sol (al aire libre), del que se obtienen el capote u hoja de tabaco destinada a formar la cubierta interior del tabaco torcido y la tripa o relleno utilizado para formar el cuerpo de este.

Una de las primeras actuaciones que deben realizar es el ensarte; las ensartadoras, con grandes agujas, unen por pares las hojas y las colocan en largos palos de madera de unos 4 o 5 metros de largo, llamados cujes. Estos cujes se suben a unos maderos horizontales llamados barrederas, donde se apoyan sus extremos. En cada jornada se completan unos 100 cujes por lo general. Foto: Ismael Batista

«El tabaco lleva un cuidado inmenso, desde que empieza a plantarse, pero el cultivo del tabaco tapado es mucho más difícil de obtener, es como el vestido de la novia…

«Yo no me despego de la planta, hablo con ella, la toco, la reviso y antes de acostarme la vuelvo a tocar. Hay que ser un enamorado de este cultivo para lograr sacarle los resultados que se quiere».

No tardaron las múltiples preguntas de los periodistas sobre su «hoja de ruta» para lograr tan loables resultados y la respuesta fue tajante: «darle a la planta lo que necesita, en el momento justo, ni antes ni después».

Y ofrece para nuestros asombrados ojos una clase magistral de siembra de tabaco tapado como si conversara con unos de los 12 obreros que emplea en su finca:

«Se siembra la postura y a los siete días, se riega para que viva la plantica, después la guataqueamos, lo que se conoce como el tape de palito (tapar el surco) y se le echa el fertilizante en su raíz.

«De 18 a 20 días se le hace el segundo aporque (arrimar tierra al tallo de la planta, quedando la hilera de plantas en un cantero y entre hileras un surco para el riego) para que se mantenga y pueda regarse. La tela (una especie de mosquitero) se le pone a los siete días, pero no muy alta, porque si no no salen hojas finas… el que afina la hoja del tabaco es la tela.

«Ya con la tela puesta se le hacen todas las labores al cultivo como el amarre de la planta para impedir que una inesperada ventolera o una fuerte lluvia la destruya. A los 35 días se le quita el collo, que aquí se llama quitarle el botón, para que esa planta comience a desarrollar las hojas y no siga creciendo hacia arriba.

«Después de los 45 días se empieza a recolectar (arrancar) las hojas por orden para que venga pareja la curación de la planta. Las hojas se remueven de dos en dos, no se admite más. No es una recolección permanente, pues hay que dejar que la planta tenga un margen de recuperación de tres o cuatro días y volverle hacerle la cogida.

«Si llueve hay que esperar a que la planta se restablezca, pues la lluvia lava la hoja, la debilita. La recolección debe seguir después de los 45 días y no pasarse de los 80, y eso a ojo de buen cubero». Y las exclamaciones de admiración fueron unánimes.

«No he pensado nunca en abandonar la vega de tabaco. Esta está aquí adentro (y apunta con solemnidad sus rugosas manos hacia su corazón), está dentro de mí.

¡UNA COSA DE FAMILIA!

Este amor por el tabaco y esta tradición se la transmitió a Pancho Lazo su padre Pascual, de quien aprendió todos los secretos de la tierra; «el gusto por este cultivo lo tenía desde niño, y yo se lo transmito a mis hijos y a mis nietos. Estamos dentro del tabaco, porque queremos al tabaco y en él le vuelco todas mis energías». Reflexiono entonces que esta faena es sin lugar a dudas una cosa de familia.

«Tengo a mi relevo… tengo preparada a mi esposa y dos hijos, una hembra y un varón, ellos ya saben lo que es tabaco, trabajan conmigo. También mi yerno labora junto a mí desde hace 14 años, él vino desde las provincias más centrales. Mi entorno está capacitado para seguir la tradición familiar, e incluso mis dos nietos, de cinco y 13 años, ya se están encaminando en el amor por este cultivo».

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«La cosecha de tabaco se inicia en noviembre y termina alrededor de febrero-marzo, mientras el resto del año sembramos otros cultivos.

Afirma que el tabaco lleva muchas operaciones para obtenerlo, e incluso él siembra sus propios semilleros, de donde obtiene las posturas en un ciclo de unos 30-40 días. Todo esto lleva tiempo y mucho esfuerzo. En agosto-septiembre empieza a prepararse la tela del tapado, con lo cual se inician las labores para obtener la capa.

No menos importante para él es el cuidado que se debe de tener con la tierra, uno de los tesoros de este cultivo, junto al hombre y la tradición, los que han convertido a San Juan y Martínez en la meca del tabaco en Cuba.

«La tierra tenemos que cuidarla, no podemos abusar de ella, hay que fertilizarla mucho con materia orgánica y animal. Yo siembro aquí mucha verdura y maíz para incorporarle al suelo nitrógeno de forma natural y reducir así el empleo de los fertilizantes químicos.

«No siempre todo sale bien, pues el pasado año la lluvia nos afectó un poco, pero aguantamos, asumimos el reto y no nos dejamos vencer por esos obstáculos.

«Este año el clima esta mejor y pienso que se logrará una excelente producción, con buenos rendimientos».

Los expertos coinciden con este avezado campesino. El 2017 comenzó con un magnífico clima para el cultivo, lo cual augura una buena cosecha y producción, noticia que es bien acogida por la economía nacional y por los amantes de los mejores puros del planeta.

Así lo corrobora el ingeniero Juan Miguel Hernández Martínez, director Adjunto de la empresa tabacalera Hermanos Saiz, quien expresa a Granma Internacional que en la campaña 2016-2017 en San Juan y Martínez tiene un plan de siembra de 4 335 hectáreas y al cierre de enero último habían plantado

4 400 hectáreas. Un sobrecumplimiento que explicó por «la emoción que sienten los productores ante unas condiciones climáticas muy favorables, algo que no sucedía desde hacía 5 ó 6 años atrás». En San Juan y Martínez, que produce alrededor del 25 % del tabaco total del país, se están sacando esa «espina» del corazón que tenían estos hombres de campo por las afectaciones a la producción ocasionadas por las excesivas precipitaciones del pasado año.

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El rosto de Francisco «Pancho» Lazo Díaz se vuelve a iluminar cuando dice que dejará sus huesos entre planta y planta de tabaco. «Mientras tenga fuerzas seguiré en el campo junto al tabaco» Y sin darse cuenta ese amor por tan emblemática planta para Cuba lo hace continuador de esa recia estirpe que en Vueltabajo dejó la leyenda viva de Alejandro Robaina (1919-2010), agricultor y veguero cubano, productor de hojas de capa, reconocido por poseer en vida una marca de puros con su nombre: Vegas Robaina, y apodado con toda justicia el auténtico rey del tabaco cubano.

En la casa del tabaco de Pancho Lazo nada se deja al azahar, los trabajadores deben vigilar la humedad, la temperatura y las lluvias. Según varíen estos factores, abren y cierran sus puertas. Foto: Ismael Batista
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