ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo

Si el 10 de octubre de 1868, al iniciar la insurrección anticolonial en Demajagua, Carlos Manuel de Céspedes libertó a los esclavos de su hacienda, la circular que suscribió en el ejercicio de sus funciones como Presidente de la República en Armas el 25 de diciembre de 1870 consagró de manera definitiva, en el contexto de la gesta emancipadora, la idea de que la lucha por la independencia era inseparable del logro de la justicia social.

Ese día el revolucionario bayamés instruyó hacer efectivo lo contenido en el artículo 24 de la Constitución de Guáimaro —«todos los ciudadanos de la República son enteramente libres»— mediante la derogación de un reglamento que limitaba ese precepto legal al subordinarlo a la conveniencia de los propietarios de mano de obra esclava.

Esto había sido así porque tanto en Guáimaro el 10 de abril de 1869 como en el entorno de la guerra hubo posiciones encontradas. El llamado Reglamento de Libertos, adoptado con posterioridad a la aprobación del texto constitucional, prorrogaba de hecho el infamante régimen, por mucho que algunos, para justificarlo, argumentaran, como ha observado el historiador Ramiro Guerra, que se trataba de un instrumento político para atraer a los poderosos criollos, esclavistas, a la causa independentista.

Céspedes no creyó en paños tibios. En la circular de finales de diciembre de 1870, anuló el reglamento y, sobre los esclavos, manifestó «necesario completar su redención, si es posible emplear esta frase, y a la vez emanciparnos de sus servicios forzosos». Y a continuación decretó: «Por ello es que, desde la publicación de esta circular, cesarán esas consignaciones».

Fue aquella la expresión legal de una convicción ética. El 10 de octubre, al romper el alba, dijo a los negros de la dotación del ingenio Demajagua: «Ciudadanos: hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar su libertad e independencia: los que me quieran seguir que me sigan: los que se quieran quedar que se queden, todos serán tan libres como los demás».

En el Bayamo conquistado por los insurgentes bajo su mando y asediado por las huestes coloniales, el 27 de diciembre de 1868, emitió un decreto en el que afirmó:

«La revolución de Cuba, al proclamar la independencia de la patria, ha proclamado con ella todas las libertades, y mal podría aceptar la grande inconsecuencia de limitar aquellas a una sola parte de la población del país. Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista; y la abolición de las instituciones españolas debe comprender y comprende, por necesidad y por razón de la más alta justicia, la esclavitud como la más inicua de todas».

Este itinerario cespediano forma parte de la cultura política y ética forjada a lo largo del proceso de transformaciones que nos llevó desde la toma de conciencia de una identidad propia hasta la realización de nuestro destino.

De ahí que no solo lo tengamos en cuenta como referencia histórica sino también en el torrente de motivaciones que nos impulsan a ensanchar los caminos de la plenitud revolucionaria.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Miguel Angel dijo:

1

24 de diciembre de 2016

07:40:36


Carlos Manuel de Céspedes es un paradigma de hidalguía, patriotismo, valentía, absoluto desinterés material, firme independentismo y portador de un profundo pensamiento de justicia social.