ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Gladys Bejerano. Foto: Jorge Luis González

Las auditorías no son, por lo general, inocuas. Pero ello, contrario a la opinión de muchos, no está condicionado por su naturaleza, ni responde a una cualidad intrínseca. El control, per se, no supone daños. Los auditores no llevan los problemas a las entidades; detectan, en la mayoría de los casos, lo que debió ser visto y solucionado antes.

Estos ejercicios, sin embargo, apenas lo­gran despojarse de ese halo agresivo, y hasta de ataque, con que son asumidos por determinadas administraciones.

Algunos jefes, por temor a enfrentar el análisis de las dificultades, y otros, por conveniencia, se inventan múltiples excusas para posponer estas acciones. No pocos las desdeñan y las consideran un acto burocrático. En franco reflejo de sus limitaciones, no conciben el control como parte de su gestión, como una herramienta que contribuye a la aplicación de métodos de dirección más eficaces.

A juicio de Gladys Bejerano Portela, vicepresidenta del Consejo de Estado y contralora general, tales actitudes, por falta de conocimiento, incompetencia o deshonestidad van de a poco, y también súbitamente, poniéndole zancadillas al control interno.

“Sin darse cuenta o con total intencionalidad, algunos directivos quieren reducir las auditorías y la supervisión a simples trámites de papeles. Hay que temerles a los papeles inútiles, a la burocracia; pero el control no es burocracia, ni es un ejercicio para enseñar durante un chequeo externo. Lo hecho, para que funcione, debe resultar beneficioso en la entidad”, reflexiona la Contralora en diálogo reciente con Granma.

Ante este escenario, adquiere relevancia el desempeño del auditor interno, quien debe demostrar, según Gladys Bejerano, que su labor contribuye a la organización, que permite alertar y diseñar estrategias de prevención. “Dicho profesional debe validar (y el jefe comprender) que su trabajo es significativo, no solo para luchar contra el delito, sino para perfeccionar métodos que hagan más eficaz la gestión y fortalezcan el comportamiento ético de sus directivos y trabajadores”.

Y como sólido argumento, hace suyas las palabras del General de Ejército sobre lo imprescindible del orden, la disciplina y la exigencia, preceptos que, afirma, sintetizan el espíritu del sistema de control interno. “Siempre que seamos capaces de lograr eficiencia a partir de tales principios, tendremos resultados sostenibles y las indisciplinas y delitos se reducirán”.

El sistema, añade, está ideado sobre la ba­se de un ambiente de control claro, con objetivos definidos, planificación puntual y estratégica, reglamentos de disciplina, selección del personal acorde con los procesos, ma­nuales internos ineludibles…

Pero más allá de metodologías y requerimientos, “hay que lograr que las personas los conozcan y los incorporen a su hacer; hay que lograr que actúen por convicción”, sostiene. Y eso, eso es lo más complejo.

También llama la atención sobre la importancia, en el contexto actual, de la identificación y prevención de riesgos, no solo vinculados al delito sino a la calidad de la gestión, lo cual puede aportar en el desarrollo económico. Hoy, precisa, “la lucha por la eficiencia es la estrategia de prevención más efectiva que podemos tener”.

No obstante, acota que “evitar no es hacerse el de la vista gorda, ver y no enfrentar; evitar es luchar por que no sucedan transgresiones, ilegalidades o hechos de corrupción, no solo por los perjuicios económicos, sino por el daño social, moral y político que generan”.

Qué cuenta podemos sacar en una entidad, inquiere la Contralora, en la cual, producto de indisciplinas o delitos, es separado algún compañero de su puesto laboral o procesado penalmente. ¿Cuánto repercute eso en la familia? ¿Cuán responsable es el jefe que permitió que algo tan negativo se desatara allí?

Por eso, insiste, el control, sobre todo, es responsabilidad de quien dirige en cualquier lugar, desde una brigada hasta una entidad u organismo nacional. Y en correspondencia con ese encargo, “la voluntad de hacer bien y el compromiso con el pueblo tienen que ser más fuertes y deben conducirnos, con métodos y estilos de trabajo más participativos, por el camino correcto”.

Tomando como punto de partida esas premisas, este año, comenta Bejerano Portela, la Contraloría General de la República (CGR) ha desarrollado encuentros en todas las provincias con funcionarios, dirigentes administrativos y auditores internos, en aras de estrechar los nexos necesarios y “desencadenar un proceso reflexivo en todas las instancias hasta llegar a los consejos de dirección de cada entidad”.

Ese intercambio al interior de los centros laborales, coincide, “debe sentar las bases para perfeccionar las rendiciones de cuenta, las cuales constituyen un deber de quien custodia recursos y en nombre del pueblo los administra. Además, ofrecen la posibilidad de movilizar al colectivo en función de las problemáticas. Eso significa transparencia”.

También pone énfasis en los beneficios que podría reportar la aplicación consciente de la Guía de Autocontrol. Sin embargo, no todos los organismos la han adecuado a sus características y su completamiento sigue siendo, en muchos casos, un ejercicio formal.

Tampoco pasa por alto, entre las actividades de apoyo a la administración, la impartición de cursos sobre los problemas prácticos detectados en las auditorías, con el objetivo de fomentar habilidades de control.

En términos de capacitación señala lo mucho que falta por hacer respecto a la preparación de los auditores, pues “en determinadas oportunidades faltan anotaciones, re­ferencias cruzadas, incluso hemos tenido que invalidar auditorías. Hay que continuar laborando, por ejemplo, en los hallazgos y su evidencia en los papeles de trabajo, sin soslayar los inconvenientes derivados de las plantillas incompletas.

“Pero lo más importante radica en el análisis con los auditados de las causas y consecuencias de los problemas descubiertos y la orientación respecto a las normas establecidas. Lo más importante sigue siendo enseñar, educar, prevenir”.

El control interno, concluye, compete a todos, y debe entenderse como com­ponente inseparable de cada proceso, ya sea productivo o de servicios, y como una herramienta imprescindible de dirección.

Es menester de las administraciones hacer valer las responsabilidades de sus auditores y tomarlos en cuenta, siempre que su trabajo lo precise. Y ojalá esa simbiosis necesaria logre ser efectiva de una vez en el enfrentamiento a consabidos problemas, cuya compañía ya se vuelve enfermiza.

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jorge rodriguez dijo:

21

22 de agosto de 2016

08:41:01


No creo que haya que decir alabanzas, es triste que esté ocurriendo, tampoco creo que sea problema del salario, a nivel internacional existe corrupción y no precisamente entre los trabajadores, la solución está en la transparencia de cada actividad y que no exista el temor a represalias, el día que un trabajador pueda decirle en la cara al funcionario que sea sus dudas sobre su actuación y no sea mal visto, vigilado y hasta acusado ese día posiblemente se termine la corrupción y los anónimos

Tirry dijo:

22

22 de agosto de 2016

09:29:40


Si me permitieran dar mi opinión sincera, diria que el problema del descontrol, las ilegalidades y la corrupción LE QUEDA BIEN GRANDE A LA CONTRALORÍA GENERAL. Cuando miro a mi alrededor no me queda mas remedio que pensar:" le están corriendo por tercera con la pelota en la mano". Saludos y disculpen mi sinceridad.

mabuya dijo:

23

22 de agosto de 2016

11:10:25


En realidad, no creo que las personas ignoren la necesidad de auditorías ni controles, ni los rechacen en general, incluso en aquellos lugares donde se está robando, pues el desvío de recursos, y especialmente de dinero, en muchas empresas está circunscrito a un grupo reducido con facultades y posibilidades para ello. sería bueno se publicara en Cuba una declaración de renta o bienes antes de ocupar un cargo, o que las personas, igual que se hace en otros países con la declaración de impuestos, tuvieran que justificar la adquisición de ciertos inmuebles o autos lujosos, cuando sus ingresos declarados son ínfimos. Lo que las personas y empresas rechazan, es el molesto calendario de sucesivos controles repetitivos e idénticos, durante todo el año, que puede resultar mecánico y ocupar bastante tiempo de su actividad de dirección. Tuve una experiencia personal, en una empresa en perfeccionamiento, modelo, transparente, que todo el año recibía una tras otra auditorías, inspecciones y controles. Con intervalo cuando más de tres semanas. Salía bien en todos, si acaso algún señalamiento ligero (p.e.: que los tubos fluorescentes deben sujetarse con grapas a la lámpara, no vayan a zafarse y caer sobre un trabajador, que la carne en la nevera del comedor tenía más de una semana en congelación, eran ocho días, y que había personas que parqueaban tres bicicletas en un portal de 8 metros y en caso de incendio eso podía obstaculizar la salida) Estos son señalamientos reales, y casi los únicos. Los directivos se la pasaban recibiendo inspecciones, la Lloyds (la empresa está certificada) Capital Humano, PHT, CITMA, Bomberos, El Ministerio, El Grupo Empresarial, Epidemiología, la Comisión técnica, las ISO 11000 y 14000, el grupo de Prevención y Control de las Ilegalidades, la comisión para la implementación de la estrategia de género, en una época el dúo partidista, los energéticos y el uso del parque automotor, el MININT y el órgano de control de las comunicaciones, las FAR con el plan de aviso y medidas, otra comisión más, diferente, del ministro, otra de las energías renovables y reciclaje de desechos, y por supuesto la Contraloría, que era la más seria aunque la más puntual. Nadie piense que hablo de una compleja industria, sino de un mediano edificio de oficinas, con algunos vehículos para brindar servicios, un comedor y un pantry. No más de 100 trabajadores en total. En la mayoría de esas visitas de control, se repetían las preguntas a los trabajadores, el mismo recorrido por áreas, los mismos datos de consumo o económicos, las mismas revisiones de expedientes y papeles, había que desgastarse buscando hospedaje, alimentación y transporte para los auditores, y al final daban casi idénticas conclusiones. La directora de economía cada vez hacía casi la misma presentación, variaban algunos guarismos según la producción y momento. Igual con los demás departamentos. Algunos trabajadores ya las tomaban en broma, y comenzaban a escribir disparates en las encuestas a propósito, como poner leche con chocolate o cerveza en el bebedero. También semanalmente pedían los mismos datos, pero en diversas combinaciones, que era necesario enviar en tablas al organismo central por e-mail. Y luego los volvían a pedir, como si no tuvieran bases de datos. Cambié de trabajo y no sé cómo seguirán las inspecciones hoy por allá. Pero en cuanto a legalidad y normas, era una entidad modelo. Le faltaba precisamente planeamiento, innovación, difícil cuando se la pasaban los jefes haciendo informes y tablas casi repetitivos, pero tampoco iguales, para diversas entidades, eso sí, todas del nivel central o rectoras. Si todas son entidades de control, del mismo Estado y gobierno, y cada una tiene poder rector o de decisión, cómo es posible que no intercambien la información horizontalmente allá arriba? Todas chequean a todas? Cinco entidades deben controlar el uso de la turbina? Da la impresión a veces, que algunos de estos controles solo están para justificar sus puestos, sin mucho contenido. Sin embargo, la Contraloría sí es una cosa seria y aparte. La contraloría debe mantenerse como una contrapartida, subordinada directamente al Consejo de Estado. Es el último aldabonazo.

Richard dijo:

24

22 de agosto de 2016

12:41:01


Mientras que los controles sean avisados como es el caso de la comprobación al contol interno nacional que su fecha sale publicada hasta en spot televisivos siempre encontrarán cosas pero muchas más daran el tiempo suficiente para ocultarlas, considero que entre otras cosas el factor sorpresa es determinante para una mayor objetividad en losm controles.

opinion dijo:

25

22 de agosto de 2016

13:08:56


Todo está muy bien, pero ¿porqué las auditorías y controles son planificados? ¿Porqué se sabe con bastante antelación día, hora y a veces hasta el tema específico que se va a auditar? Y sin pelos en la lengua, me refiero a los controles de la Contraloría, porque de ahi para abajo está el pasaíto de mano y "pobrecito es que tiene mucho trabajo y por eso no se dio cuenta que faltaban 10 elefantes en el almacén". La Doctora Bejerano tiene fama de ser incorruptible, por eso es de la total confianza del General de Ejército, es una lástima que esa incorruptibilidad se quede prácticamente solo en la Contraloría.