ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El arquitecto vietnamita Thanh Dao Hoang cumplió un sueño de venir al país que lo formó profesionalmente. Foto: Nuria Barbosa León

Con lágrimas en los ojos, el vietnamita Thanh Dao Hoang reafirma sus sentimientos de amor hacia Cuba y la llama su segunda patria, por los lazos de amistad forjados en sus años de estudio universitarios, desarrollados en la capital cubana de 1967 hasta 1974.

En una visita reciente a La Habana, el arquitecto vietnamita relató que sus padres participaron en las luchas independentistas lideradas por Ho Chi Minh contra Francia. Al aprobarse los acuerdos de Ginebra de 1954, para dividir al país en el paralelo 17, la familia debió desplazarse del sur al norte por pertenecer a los grupos de resistencia anticolonial.

El joven Thanh concluyó sus estudios de preuniversitario en la ciudad de Hanoi y se inscribió para matricular la universidad en cualquiera de los países socialistas con ofertas de becas gratuitas.

Se vio en los listados de quienes viajarían a Bulgaria, pero por azar de la vida, hizo falta completar el grupo destinado a Cuba y cayó entre los más de 500 jóvenes que tomaron un tren por 10 días hasta Moscú, Rusia, y luego se embarcaron por el puerto de Leningrado hasta La Habana en el buque Gruzina para llegar el 30 de agosto de 1967.

Por ese motivo, Tanh siente ser un hombre muy afortunado. A su llegada, los vietnamitas fueron ubicados en el reparto Siboney al oeste de la capital en lujosas residencias, construidas por la burguesía de la Isla antes del triunfo de la Revolución, que luego sirvieron de residencia para las becas a muchachos campesinos cubanos, formados en diferentes profesiones.

“El primer año hicimos un curso para aprender el español –comentó Thanh-, nos acogieron profesores cubanos muy serios que también nos enseñaron la cultura y el modo de vida en el país. La distribución de las carreras las hizo los funcionarios de la embajada vietnamita atendiendo a las necesidades del país”.

Para estudiar arquitectura matriculó en el Centro Universitario José Antonio Echevarría (CUJAE) y sus gratos recuerdos los vincula a los torneos deportivos en la práctica del fútbol. Integró el equipo de su Instituto desde el segundo año y participó en las competencias entre las facultades y con las restantes universidades de la capital.

Sus rasgados ojos brillan al señalar: “Jugué en la posición de portero y por tres años consecutivos nos coronamos campeones, ganándole al equipo de medicina, integrado principalmente por estudiantes africanos. Incluso un periodista cubano publicó un comentario en el diario Juventud Rebelde y me nombró, el Portero Impenetrable”.

Actualmente jubilado, Thanh aseguró que conformaron varios grupos de estudios para reunirse en horario nocturno y repasar las diferentes materias. En esas sesiones los más aventajados explicaban los contenidos a los demás y con ese método pudieron aprobar los exámenes sin dificultad.

Lamentó las dificultades en su memoria para mencionar nombres de los conocidos, pero no olvida la acogida recibida por varias familias, en especial la de sus compañeros de clases, quienes vivían en la barriada capitalina de Luyanó y de una amiga, oriunda del poblado de Chambas en la provincia de Ciego de Ávila.

Su padre, traductor de la poesía de José Martí y de Nicolás Guillén, viajó a La Habana en 1975 invitado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Al regresar a su país en el verano de 1974, Thanh integró un contingente de constructores, algunos de ellos cubanos, quienes edificaron el hotel Victoria en Hanoi y otras obras públicas. Su mayor deseo es contactar con esos obreros cubanos que brindaron su ayuda solidaria a finales de la década de los 70.

La conversación con Granma Internacional concluyó con una frase acompañada de lágrimas: “Mi gran sueño antes de morir ha sido pisar nuevamente esta tierra cubana. Me siento cansado y enfermo pero ya cumplí con mi sueño”.

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Miguel Angel dijo:

1

26 de junio de 2016

08:01:20


Bello trabajo Lic Nuria Barbosa, la felicito, excelente, cargado de sentimientos y emociones muy humanas. En mi época de estudiante en la Escuela de Medicina Girón, estudiaron varios vietnamitas, muy buenos alumnos. Gracias