CIÉNAGA DE ZAPATA.—Cuando llegó hace 12 años a este paraje intrincado a hacer su servicio social y respiró por primera vez el aire oloroso a salitre y tierra, la joven doctora no imaginó que se trataba de un viaje sin regreso.
De aquí no me voy nunca, diría poco tiempo después para asombro de su familia y de sus amigos más allegados. “La Ciénaga se convirtió enseguida en parte de mi vida, ha sido una experiencia apasionante y aunque no soy natural de aquí ya me siento una cenaguera más. Con el tiempo lo han entendido mis parientes más cercanos y los mejores amigos”.
Dayamí Gómez La Rosa o La China, como la llaman casi todos los pacientes, es una mujer tenaz y dotada de mucha ternura. Nació y creció en el poblado de San Pedro de Mayabón, en el municipio matancero de Los Arabos. Recién graduada, la enviaron a pasar su servicio social en el consultorio de la comunidad de Pálpite.

Cumplido ese plazo, no dijo adiós a los cenagueros. Su amor por el terruño y por los pobladores se fue acentuando en la misma medida en que transcurrían los días y los años. Luego se enamoró y nació su hijo Bryan Alejandro, para fijar definitivamente sus raíces, aunque asegura risueña que su primer amor fue por la Ciénaga.
“El mérito es de ellos, de mis pacientes, que me quieren mucho y con quienes sostengo una comunicación amplia y tranquila desde el primer día”, dice con modestia y orgullo.
Reconoce que trabajar aquí le ha permitido realizarse como especialista en medicina general integral y entender, entre otras cosas, que el ejercicio de la prevención y de la práctica epidemiológica constituye el instrumento más eficaz en la labor del personal médico que opera en la comunidad.
Por su progreso y resultados en el trabajo, Dayamí asumió después las riendas del policlínico de Playa Larga y más adelante la dirección municipal de Salud. Para entonces se había ganado el respeto y la admiración de todos. Ella es una doctora comprensiva, una persona que hasta las cosas más duras las dice de muy buen modo, comentó un colega suyo.
A partir del 2010 asumió la tarea que ocupa su espacio casi total: el Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), algo que para ella adquiere una tremenda importancia por su alcance social.
UN CERO CON ANOTACIÓN ESPECIAL
Ya parece cierta la leyenda de que no hay mejor lugar para nacer que en la Ciénaga de Zapata. En este municipio se reporta cero mortalidad infantil y materna desde hace dos años, muy llamativo pues se trata de un territorio donde encontrar un médico antes del triunfo de la Revolución era una extravagancia y nadie sabe a ciencia cierta cuántos niños morían en el primer año de vida.
Algunos historiadores aseguran que en 1958 Ciénaga de Zapata llegó a registrar una tasa de 65 por cada 1 000 nacidos vivos, la mayor del país.
Quizá por ello la tasa de mortalidad materno-infantil es la noticia que con mayor satisfacción anuncian en este lugar las autoridades del Gobierno y de Salud, aunque todo lo que se alcanza a ver a simple vista en este lugar es obra de la Revolución.
Dayamí explica que el hecho de que sea un territorio extenso y poco poblado, exige del grupo básico de trabajo una cuota mayor de sacrificio, pues es necesario vencer considerables distancias entre una comunidad y otra. No hay más remedio que hacer una labor personalizada, aunque por lo general las embarazadas son pocas, dice la especialista.
“Es un logro colectivo del sistema de salud cenaguero, una tarea que chequeamos de manera permanente”, resalta y luego acentúa la importancia de darle seguimiento a ese programa desde los 13 consultorios del médico de la familia diseminados por la región, inclusive desde sitios tan apartados como Guasasa, El Helechal o La Ceiba.
Pondera el empeño del personal médico de las distintas instalaciones de servicios médicos, la eficiente labor de educación sanitaria entre los pobladores de la zona y la atención en especial a embarazadas, mujeres recién paridas y niños en general.
El cuidado se nota más porque también existe un policlínico que cuenta con diferentes áreas, desde el cuerpo de guardia, consultas especializadas, estomatología, hasta una sala de rehabilitación, esta última con una amplia gama de servicios.
Explica que son profesionales debidamente calificados los que atienden a las embarazadas, en consultas de atención primaria, genética comunitaria, estomatología, así como orientación integral a la pareja y los futuros papás.
TODAVÍA FALTA
No obstante los progresos, precisa que todavía queda trabajo por hacer, y mencionó como talón de Aquiles el riesgo pre-concepcional, la prematuridad, el bajo peso al nacer y otras complicaciones afines, entre los padecimientos más frecuentes que pueden limitar el futuro de los pequeños.
También es un desafío la atención al embarazo precoz, pues solo durante el año precedente, el 15 % de sus gestantes tenía entre 13 y 19 años de edad, problema que compete de manera particular a los núcleos familiares y demuestra la todavía insuficiente orientación, comentó Dayamí tras referirse además al síndrome del flujo vaginal y a la desnutrición y a la importancia de garantizar un seguimiento médico adecuado como garantía de calidad de vida.
Mostró su preocupación además por el alto por ciento de embarazadas con alto riesgo obstétrico, difícil de atender puesto que el municipio no dispone de hogar materno y las futuras madres muestran resistencia a atenderse en el de Jagüey Grande.
Asevera sin embargo que la atención permanente a las embarazadas para prevenir posibles peligros y complicaciones y garantizar un feliz término de la gestación constituye una prioridad para casi el medio millar de trabajadores del sector.
“No existe un instante de sosiego, el cero de mortalidad infantil en la Ciénaga hay que lucharlo de verdad”.
Muchas familias se alegran en el fondo de su alma al confirmar que entre los especialistas pendientes de la futura mamá se encuentra La China, quien consagra toda su energía, paciencia infinita y cariño en bien del Programa de Atención Materno Infantil y no reniega de su condición de cenaguera.
















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Ktia dijo:
1
13 de abril de 2016
12:11:53
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