ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Nobleza es la res que más quiere Miguel Ángel Milián, porque la vio nacer. Foto: Anabel Díaz Mena

Cuando uno conoce a Miguel Ángel Milián, siente que se encontró, sencilla y diáfanamente, con un sacerdote del campo. Nació en la tierra del Yayabo, pasa los cuarenta y desde hace dos décadas vive para la ganadería. Es un hombre fuerte, pero quieto. Y a diario, créalo o no, le dedica al menos diez minutos a pasarle la mano a sus reses y conversarles.

Aunque ya consagra más tiempo a la transmisión de conocimientos que al trabajo directo con los animales, este campesino promueve el avance agroalimentario y eleva el nivel de vida de más de medio centenar de hombres que lidera. “Lo que no puede faltar aquí es la vocación”, afirma.

Dueño de la finca “El Cacique”, que dispone de 34 caballerías de tierra y alrededor de 760 reses, vinculadas con la granja estatal “El Ruano” en la cría de ganado racial, Milián responde a la Empresa Agropecuaria “Ramón Ponciano” de Fomento, prestigiosa entidad que asume el encargo estatal de venta para todo el país.

Tanto como disfruta la cría de ganado vacuno, este guajiro espirituano, competitivo hasta los dientes, adora vestirse de héroe en el rodeo. Durante casi 15 años, ha sido el mejor presentador de ganado en cuanta feria agropecuaria se ha hecho. “A los animales los busco desde que son pequeños y los traigo para el patio de mi casa, donde tengo naves listas para enseñarlos y desarrollarlos”.

DE CASTA LE VIENE AL BUEY

Si bien es Camagüey la provincia ganadera por antonomasia en Cuba, Santi Spíritus aparece entre las mejores en esa actividad. Según el experimentado vaquero, “el éxito radica en la labor de una vida entera, que se mantiene como tradición. Existe una mano de obra que sabe lo que hace. Somos hombres que nunca hemos retrocedido”.

Colmado de alegría, el especialista enfatiza a Granma Internacional que la reciente aprobación para incursionar en la inseminación y otros procesos genéticos es un reconocimiento a la calidad del ganado.

Asimismo, nuestro interlocutor destaca que cuida en total (incluyendo a los de su propiedad y a otros de la empresa) a más de mil 500 especies de animales y 14 patios de ganado de distintos colores: el cebú blanco, el bermejo, y el saldo negro cubano, que está empezando a criar, porque antes no lo tenía. “El principal objetivo es crecer en masa vacuna, especialmente de las hembras”, acota.

Milián explica que “se cría para aprovechar la carne o reproducir, de acuerdo con lo que requiere el territorio nacional. Es un ganado muy demandado, porque es fuerte y muy grueso. Vendemos sementales, desde Pinar del Río hasta la región oriental, para quien necesite un toro o novillas”.

UN TRATO PECULIAR

Con casi los mismos cuidados de un niño recién nacido, desde que tienen cuatro meses las crías son instruidas de forma permanente para aprender qué hacer. “De pequeños, los mantenemos amamantados por sus madres. A los ocho meses, los separamos porque entonces ya la madre puede volver a reproducirse”, agrega Miguel Ángel Milián.

Las reses requieren de extremo cuidado para ser fuertes y disciplinadas. Foto: Anabel Díaz

Claro está que las reses llegan a entender las instrucciones de los seres humanos. Se les enseña a llevar la jáquima (soga) sin dificultad, a caminar y seguir detrás de las personas, a pararse correctamente. Es decir, aprenden a obedecer una voz de mando.

Al decir de Milián, en los certámenes, lo que se les mide es la mansedumbre, que obedezcan rápido en la pista, que paren cuando uno lo señala o que cambien las patas. Para eso sirve siempre la vara que, sin ser nunca violenta, les corrige lo que hacen.

Mención aparte merece el esmero para que tengan un buen aspecto físico. En palabras de Milián: “Le damos un baño diario y los mantenemos muy limpios. Pasan el día bajo techo. No toman el sol, porque les aclara el color de la piel. La sombra es fundamental para ellos, para que mantengan o mejoren su color. Al atardecer, sacamos a los animales al campo y allí, en el pasto, duermen”.

En opinión del experto, contrario a lo que muchos piensan, la yuca significa un alimento esencial para el ganado, por eso, ingieren diariamente diez libras de pienso y cinco de yuca.

“Especialmente estoy encariñado con una res que se llama Nobleza y que vino al mundo en mi cuadra (finca). Mi hijo pequeño Mario Ángel y yo vivimos para esto. Lo que más amo es educar. Por tanto, todos los días estoy un rato con mis animales. Aunque tenga más ocupaciones y los obreros se ocupen de lo que antes yo hacía, no pierdo el contacto”, concluye lleno de orgullo.

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