Cuando Laudelina Macías entró al bar Monsieur de El Aljibe, en sus ojos se advirtió de inmediato la emoción. Parada ante una pared repleta de fotografías, exclamó: “¡Mira a mi primo Sergio!”, y sus hijas no tardaron en sumarse a aquel rapto de alegría mezclado con nostalgia.
Habían venido desde Estados Unidos, y el conocido restaurant representaba una visita obligada para ellas. “Esto es como una vuelta a la semilla”, dijo una. En el ambiente se respiraba el agradable olor de los reencuentros y parecía flotar aquel viejo poema de Eliseo, “El sitio en que tan bien se está”.
Laudelina recuerda la finca El Aljibe, el sitio donde nació ella y donde vinieron al mundo, además, las célebres recetas que sus primos, Sergio y Pepe, utilizaron para tener éxito. “Mi tía Tona hacía aquellos frijoles negros, cuya fórmula se respeta todavía hoy en el restaurant”, señala.
“Ahora, más que la comida misma, lo que me encanta de El Aljibe es la historia familiar que encierra, que es hermosa. Por eso me emociona que nuestra sangre se mantenga vinculada al lugar. Sergio y Pepe triunfaban donde quiera que abrían un negocio, sabían ganarse al público de una manera excepcional.
“Yo vivo en Miami, y allá todo el mundo conoce El Aljibe. Cuando mis amigas se enteraron de que venía a Cuba, varias me pidieron que no dejara de venir acá. Y yo pensaba: “¿Me van a hablar a mí de El Aljibe, que es el lugar que está ligado a mí desde pequeña?”. “De verdad, creo que se ha hecho un magnífico trabajo para salvar los recuerdos”, apunta.
DE LA FINCA A MIRAMAR

Uno de los bisnietos de Tona es quien dirige actualmente El Aljibe, ubicado en medio del municipio capitalino de Playa y que echó a andar el 13 de agosto de 1993. El administrador Víctor Zamora aclara que esa apertura fue en realidad un reestreno, porque el restaurant existía con ese nombre desde 1946, en una hacienda que adquirió su familia en las afueras de La Habana.
“Mi abuelo –que se llamaba Alberto Modesto García, pero todos le llamaban Pepe- fue fundador de El Aljibe original, a partir de que rentó un terreno al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el propósito de aprovechar la afluencia de turismo norteamericano que se desató en aquella época.
“Había un pequeño campo de exhibiciones con las principales plantas de Cuba, una valla de gallos, un guajiro que subía a una palma para tumbar palmiche... Mi bisabuela era quien se encargaba de la cocina y el menú se basaba en arroz, frijoles negros, pollo, viandas, ensaladas y jugos naturales”, narra.
Posteriormente, según explica el descendiente de los García, su abuelo compró un terreno nuevo y en 1953 mudó para allá el restaurant, que recibió a muchas personalidades cubanas y extranjeras, y que se dio a conocer como Rancho Luna del Wajay. La capacidad de aquel lugar andaba por los 500 comensales, casi el doble de los que puede acoger El Aljibe hoy.
En 1959, añade Zamora, “mi tío abuelo Sergio decidió abrir en L entre 15 y 17, un nuevo restaurant que bautizó como Rancho Luna del Vedado. Luego ambos entregaron sus propiedades con la nacionalización emprendida por la Revolución, tuvieron otras ocupaciones y en 1993 se propuso devolver a la vida El Aljibe, con el tío Sergio al frente y el abuelo Pepe como capitán”.
Aunque ya los dos fallecieron, los que vinieron detrás tratan de seguir la tradición familiar. “Que no es cosa fácil, porque esos dos viejos eran instituciones en la gastronomía. La mayoría de nuestros cocineros aprendieron con ellos”, asegura quien llegó a El Aljibe desde 1998.
A LO CUBANO…
De la mano del Grupo Empresarial Extrahotelero Palmares, el centro de comida típica cubana fue distinguido como Vanguardia Nacional durante varios años consecutivos.
El 2015, a pesar de la competencia de los negocios privados, fue muy bueno, desde la óptica del joven Zamora. De esa forma, afirma que el público mayoritario que reciben es norteamericano y acuden al inmueble a través de agencias como Havanatur, San Cristóbal y Amistur.
A excepción de las comidas exóticas, el clientes encuentran en El Aljibe una variedad que va desde filete de res y masas de cerdo fritas, hasta langosta, camarones y pescado. Como otro atractivo aparece la posibilidad de que el plato se prepare siguiendo las sugerencias del comensal: si lo quiere empanizar, se le hace; si quiere rellenarlo, igual, concluye el especialista.
No obstante, asegura el responsable de la entidad turística, más del 90 % de la clientela pide el Pollo al Aljibe. “Nos adaptamos al visitante y, por 12 pesos convertibles, los visitantes comen la cantidad que deseen de esa receta, que es la especialidad de la casa”.
Al referirse a lo que mantiene al restaurant en la preferencia de la gente, el nieto de Pepe menciona la combinación de varios elementos que tienen que ver con el know how del lugar, el saber hacer las cosas de modo diferente.
“No es solo el sabor de la comida, sino también el ser un bohío en el centro de Miramar, el trato exquisito, el servicio muy rápido, el escaso protocolo en la atención, siempre con la mira puesta en que el cliente se sienta cómodo y disfrute su estancia. De esa mezcla de factores surgió y se conserva el éxito”, defiende el encargado.
| - En palabras de Yainé González, dependiente del restaurant El Aljibe, se trata de que las personas coman como en su casa. Por ejemplo, se sirve la comida no por la derecha, como es norma habitualmente, sino por donde no se moleste al cliente. Estoy aquí desde 1993 y ha sido el único lugar, donde he trabajado. Tenemos un gran sentido de pertenencia, que nos ha inculcado que debemos funcionar como una familia. | - Por otra parte, Jorge González, cantinero del bar Monsieur, ratifica que es un restaurant que propicia un ambiente familiar, caracterizado por la profesionalidad que aprendieron de ese gran maestro que fue Sergio. “De él aprendimos la necesidad de esmerarnos para dar el mejor servicio y estar en función permanente de los clientes, porque al final de cuentas, gracias a ellos existimos. Somos un equipo, desde el capitán hasta los que limpian”, afirma. |
















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