ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto personal de José Martí cuando tenía 18 años y fue deportado a España.

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.—Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad.

Y si hay esa diferencia de organización, de vida de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?
Imitemos. ¡No! —Copiemos. ¡No! —Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos. —Creemos, porque tenemos necesidad de crear. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?

Las leyes americanas han dado al Norte un alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Mal­dita sea la prosperidad a tanta costa!”
José Martí

                                                                                                      ***

Desde muy joven, José Martí acostumbraba a escribir en cuadernos los más variados apuntes y comentarios acerca de lecturas que llamaban su interés o de diversas ideas que acudían a su mente y que, a menudo, indicaban asuntos tratados o incluidos en escritos que publicara posteriormente. Agru­pados tales textos por los editores de sus obras bajo el nombre de Cuadernos de Apuntes, ellos han cobrado creciente im­por­tancia para los estudiosos, quienes valoran precisamente en sus frecuentes brevedad e incompletez en el desarrollo de un asunto no solo el posible punto de partida para el análisis de mayor envergadura y acabamiento, sino también las fuentes directas o indirectas de su pensamiento, y, sobre todo, el proceso de formación de su pensar y de su creación literaria, como puede apreciarse en los tantos poemas y versos sueltos en ellos incluidos.

El apunte inicial es uno de los primeros en el cuaderno que ha sido numerado como el uno por contener apuntes escritos, sin duda, durante su primera deportación a España entre 1871 y 1874, dadas las abundantes referencias a los estudios que cursó entonces en la metrópoli.

Los estudiosos de la obra martiana han citado más de una vez estos precursores apuntes de lo que serían los temas y puntos nodales de su ideario a lo largo de su vida, y en los que nos muestra, además, las notables madurez y perspicacia de aquel jovencito.

Uno se pregunta qué llevó al entonces estudiante Martí a escribir tal apunte. ¿Se trataría de algún ejercicio o una reflexión surgida de alguna lectura mientras cursaba Derecho en la Universidad? ¿Era la respuesta a algún texto periodístico que postulaba ideas contrarias a las suyas? ¿Sería para desarrollar el tema en el Ateneo de Madrid a cuyos debates solía acudir con frecuencia? ¿Estaba redactando una carta que no ha llegado a nosotros?

No dejan de llamar la atención al lector contemporáneo lo bien hilvanado de su argumentación, la corrección y énfasis de una redacción que hace pensar en un destino oratorio, y, sobre todo, la marcada originalidad estilística y conceptual. Hay tanto vigor, elegancia y fuerte convicción en ese texto que parece surgido de la mano de un escritor de larga ejecutoria.

Es notable, pues, la derivación argumental que hace el joven Martí desde una comparación entre lo que hoy llamaría­mos los rasgos de identidad de la nación estadounidense y de la nación cubana en plena formación hasta el final enjuiciamiento crítico del vecino del Norte.

Si el primer y el segundo párrafo establecen ese contraste entre ambos pueblos sobre la base de la psicología social en la esfera de los sentimientos de lo espiritual, la pregunta con que cierra el segundo (“¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?”) deja planteada la consecuente necesidad contrastante también al ámbito de las leyes, de lo jurídico y, por extensión, de la organización del Estado. Y, por cierto, no puede dejarse de advertir la idea implícita a un Estado nacional, cubano, independiente, no colonia de España, con su propio sistema legislativo.

El tercer párrafo remarca ese punto de vista y hace expreso el llamado a lo original, a lo propio, frente a la imitación y a la copia, procedimientos rechazados con enfáticos signos de admiración. Por eso el joven deportado emplea a continuación un verbo que sería frecuente a lo largo de su obra: se ha de crear, es decir, de aportar lo nuevo, lo distinto, lo apropiado a las características del pueblo cubano, enfrascado por esos años en la tremenda contienda de los Diez Años.

El párrafo de cierre va más allá y ofrece el enjuiciamiento crítico sobre Estados Unidos desde un basamento ético, ese condicionamiento permanente de la vida y las ideas del Maestro. Prosperidad y corrupción son elementos antitéticos para Martí, al punto de llevarle a maldecir semejante maridaje. De ahí derivan, en consecuencia implícita, dos puntos esenciales en cuanto al sentido del término prosperidad para Martí. Frente al ya para esa época dominante criterio de asociar la prosperidad exclusivamente con los bienes materiales —cuyo predominio conduce a la metalificación espiritual, o sea, al predominio del afán de enriquecimiento—, el estudiante universitario cubano se plantea, de hecho, un concepto de prosperidad que no debe ni puede quedarse estancado en ese terreno sino que ha de incorporar también, como diría tantas veces en sus escritos posteriores, el costado espiritual, los valores morales, la ética humanista de servicio que siempre presidió su conducta y su pensamiento.

Y, al mismo tiempo, nos ofrece ahí la clave de cómo arribó a Estados Unidos en 1880 y residió allí durante tantos años alertando en todo momento acerca de los peligros no solo de los intereses expansionistas de aquella sociedad, sino del gravísimo error de actuar en Cuba y Nuestra América tomando a ese país como el modelo a seguir.

El hombre maduro, pleno, que solemos conocer, se manifiesta pues, en estas brillantes reflexiones juveniles de José Martí, siempre fiel a su postura ética, a su sentido de entrega, y a su liberador proyecto de perfeccionamiento social e individual, que con constancia y originalidad hemos de seguir en nuestros días si queremos una Cuba libre, verdaderamente próspera, con todos y para el bien de todos.

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Orlandob dijo:

1

28 de enero de 2016

02:31:39


Es deslumbrante ver a los 18 años, un joven cubano de su epoca, con tanta profundidad humanista y su clara, tajante y desafiante critica al modelo de desarrollo norteamericano.

Miguel Angel dijo:

2

28 de enero de 2016

06:04:55


Su profunda concepción anti imperialista se forma desde su juventud, vislumbra precozmente, muy visionariamente, el peligro q se cierne sobre Nuestra América por parte del Imperialismo yanqui. La historia se encargó de demostrar la verdad de su pensamiento

francisco dijo:

3

28 de enero de 2016

07:47:27


El último párrafo publicado en este artículo del texto de Martí, todavía hoy y tal vez mas que nunca tiene vigencia en Cuba. "Las leyes americanas han dado al Norte un alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Mal­dita sea la prosperidad a tanta costa!" En Cuba de hoy hay tecnócratas que nos quieren convencer de que debemos ser "prósperos" a cualquier precio, hasta dannando la moral, pero no C...

alexander dijo:

4

28 de enero de 2016

09:09:36


He ahí el dilema a resolver en Cuba hoy. Estamos de acuerdo en que lo material hace falta. Pero, ¿El costo espiritual? Sigo pensando que no se puede dejar la economía solo en manos de los economistas, ni la política en manos de los políticos. Ambas, con el sentido humanista de la revolución que todavía estamos luchando, tienen que ir de la mano. Nunca, una puede sobrepasar a la otra y si en algún momento es necesario adelantar una, siempre debe ser la que ponga al pueblo por delante.

ajbl dijo:

5

28 de enero de 2016

09:33:31


No es solo a los EEUU a los que hemos copiado a lo largo de nuestra historia. Y cada vez que se quiere introducir una idea nueva se habla, no de sus méritos propios, sino de quién le dio vida, para que veamos que si nación o región tan importante la introdujo, es porque debe ser buena. Ocurre en la Educación, donde se han tomado ideas de cualquier lugar y se nos han vendido como geniales (como por ejemplo las carreras universitarias de cuatro años, copiadas de Europa Occidental). Debemos pensar más y copiar menos, pero estamos rodeados de funcionarios faltos de creatividad, y llenos de cualidades imitativas.

José A. Acevedo Suárez Respondió:


2 de febrero de 2016

18:24:24

Lo de menos es llevar las carreras universitarias a 4 años. Si hacemos eso así senciallamente lo haremos rápido, pero copiando lo que ya otros tienen en el mundo (no sólo Estados Unidos). La creación está en transformar los métodos, contenidos y la formación de los profesores a tono con el Lineamiento 152 que indica: "Actualizar los programas de formación e investigación de las universidades en función d elas necesidades del desarrollo económico y social del país y de las nuevas tecnologías..." Ahí es donde está la creatividad que nos pide Martíe, ya sea con 4 ó 5 años. Lo proimero es mucho más fácil y quizas destructor.