ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El actor presidente Ronald Reagan desempeñó el mejor papel de su carrera con su homólogo soviético Mijail Gorbachov antes de la implosión del campo socialista. La serie, en transmisión en Cuba, se aproxima a este momento histórico. Foto: Desconocido

Existen dos historias: la real y la recreada por el poder a su uso y conveniencia, menos librada esta en los campos de batalla que en los burós de los mandatarios y sus tanques pensantes, en las oficinas de los cuerpos de inteligencia, en los cuerpos educativos y brazos mediáticos de los sistemas.

Las escuelas de los Estados Unidos, los volúmenes monográficos sobre la “historia oficial” de ese país publicados allí y su cine —desde los tiempos protofundacionales de Cecil B. de Mille— han sumido al ciudadano de esa nación en colosal burbuja de mentiras sustentada en la doctrina del Destino Manifiesto, el excepcionalismo norteamericano y su “divino” papel de redentor universal. Tan temprano como en 1630 ya el abogado John Winthrop, de los fundadores de Nueva Inglaterra, aseguraba que el camino a seguir por la incipiente república era el de convertirse en una nívea ciudad sobre la colina, en faro y modelo para el resto del mundo. El gran problema de esto no es la imbecilidad proferida por el leguleyo puritano, sino que se lo creyeron.

Tres notables pensadores contemporáneos radicales estadounidenses como Noam Chomsky, Edward Said y Howard Zinn (los dos últimos fallecidos) han contribuido sobremanera a esclarecer a propios y extraños la manipulación abusiva de la cual resultaron presa y el carácter depredador, la esencia rapaz del imperialismo estadounidense, escamoteados por la “verdad” enarbolada en Washington, antes, ahora y siempre.

Publicado por la editorial cubana Ciencias Sociales hace nueve años, el libro de Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, desmonta la inveterada engañifa propagandística, al diseccionar el pretérito y presente del pabellón del norte desde el arribo a América de los colonizadores europeos en 1492 hasta los albores del siglo en curso. Dicho volumen es esencial, en materia literaria, para comprender el planeta EUA.

Desde el punto de vista audiovisual, resulta imprescindible la serie televisiva La historia no contada de los Estados Unidos (The Untold Story of United States, Showtime, 2012). Dirigida, producida, narrada y coescrita por Oliver Stone —en exhibición sus diez capítulos durante tantos miércoles por el espacio La Mesa Redonda—, constituye una ofrenda a la verdad regalada por un director con garantías a la hora de establecer aproximaciones realistas de episodios claves del pasado y la naturaleza de su país como el creador de Pelotón, Nacido el 4 de Julio, Wall Street, Asesinos natos, JFK, Nixon y W.

Desligado de la ortodoxia formo-genérica del documental de cabezas parlantes, este habilidoso exponente del género sobresale merced a su capacidad para, en solo una decena de episodios, configurar un verista diagrama en derredor de tan amplio arco histórico, afincado a una perspectiva ideológica no precisamente de izquierdas, pero sí muy comprometida con la objetividad; además harto valiente en el contexto gringo, donde el artista recibió los lógicos varapalos de prensa y descalificaciones, entre las cuales llamar la serie como “absurda regurgitación de propaganda estalinista” fue una de las menos agresivas.

Edición digna para material de estudio de las academias cinematográficas, la apelación al footage histórico, yuxtapuesto dicho arsenal de archivo a imágenes de filmes definidores del zeitgeist nacional (de Capra a Millius), contribuye a sumarle enteros a la propuesta, cuya hipótesis, sin saberlo, rezuma un aliento martiano: a lo único a lo que parece haber sido llamado EUA en verdad es a sembrar de miserias y desolación el mundo.

Guerras, estallidos nucleares, instauración de dictaduras, destrucción de pueblos, respaldo a asesinos, creación de engendros supranacionales, divisiones fratricidas entre las regiones, agresiones biológicas y un sinnúmero de elementos de juicio —sabidos, pero nunca tan bien demostrados en el terreno fílmico occidental— son puestos (grabaciones y fotogramas a la mano) cual hechos impugnantes del ínsito sentido destructor del imperio por el guion de Stone y su compatriota, el historiador Peter Kuznick. La desvergüenza total del águila en 713 minutos.

Opus para atesorar, revisar, que aguanta pocas críticas, a no ser ese ingenuo antojo especulativo de Oliver y Kuznick —más recomendable para pieza fictiva que para lo documental—, de elucubrar una y otra vez cuánto pudo haberse impedido del posible acceso al poder del candidato demócrata Henry Wallace y no Truman.

El realizador de Comandante y Al sur de la frontera, por otro lado, tampoco dice todo cuanto hubiese sido menester en el capítulo 8 y su acercamiento al “romance” antinatural entre el halcón Reagan y el martín pescador Gorbachov, quien del enlace no capturó ni dos sardinas para llevarse al Kremlin durante uno de los combates ideológicos más álgidos librados a lo largo de la historia universal.

El halo mágico con el cual circunvala las testas de Roosevelt y Kennedy, amén de la falta de cuestionamiento de la versión oficial del 11 de Septiembre, de igual modo, precisaban o menos complicidad volitiva o labor más exhaustiva de pulimento. Stone y Kuznick presentaron de forma paralela a la serie un libro de 750 páginas, el cual no he leído y donde —se infiere— las visiones en torno a diferentes personalidades o procesos históricos hayan ganado mayor nivel de complejidad, meticulosidad y distanciamiento emocional.

Con todo cuanto pudiera objetársele, Stone hace gala de una carga factual en la mayoría de los temas de su serie documental y tiene el coraje de soltarle a bocajarro a los norteamericanos que ellos no ganaron la Segunda Guerra Mundial, sino los soviéticos; que lo hecho en Vietnam fue un atroz genocidio innecesario contra una nación del Tercer Mundo; que el hongo atómico en Japón solo perseguía intimidar a Stalin; que Obama es otro peón de un tablero inmutable; que la clase dirigente norteamericana merece el mayor de los desprecios por todo cuanto ha hecho a lo largo del tiempo en perjuicio del resto del mundo.

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Armando Cardona dijo:

1

12 de diciembre de 2015

12:27:07


Excelente pieza, bravo por Granma. Lo mejor para toda sociedad, sobre todo para una que se precia de ser abierta y democrática, es que se descorra el velo de silencio que cubre las historias oficiales, tan manipuladas, maquilladas y empolvadas, y que se descubra, se revele y se discuta abiertamente todo lo que en verdad ha ocurrido, sobre todo tras bastidores, con sus logros y desaciertos, sus luces y sus sombras, sus manchas y sus arrugas, para que los ciudadanos de a pie y el mundo entero puedan llegar a sus propias conclusiones. Bravo también por Oliver Stone, Michael Moore, Julian Assange y todos esos héroes del mundo moderno que, descorriendo el velo de la oficialidad higienizada, han hecho añicos todos esos ídolos con pies de barro y nos han hecho un poco más libres. No dudo que falta mucho por descubrir, pero el comienzo del proceso ha sido alentador y libertador.

fernando dijo:

2

12 de diciembre de 2015

13:21:55


Por favor publiquese este material en otras y muchas vías:es una verdad sin desperdicio.

Rné dijo:

3

12 de diciembre de 2015

14:29:56


Deben sacarle tantas copias como sean posible para entregarlas a todos los países progresistas para que no vivan a espaldas de la voraz águila que sueña ser el planeta EUA.

Reyomar dijo:

4

12 de diciembre de 2015

20:01:24


Con verdades conduntes, asi se el hace periodismo

Hugo Tafur dijo:

5

12 de diciembre de 2015

22:01:14


Gracias por esta nota que motiva, esclarece y educa, posiblemente muchas conciencias se moverán con la luz que proyecta, anhelando más conocimiento y con ello, un paso más a la verdadera liberación de la conciencia...