ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Sin renunciar a la ciencia, la agricultura de conservación busca un mejor uso, manejo y conservación del suelo y demás recursos naturales Foto: del autor

LAS TUNAS.—La certeza de que Cuba puede integrar la relación de países que en el mundo aplican con éxito una agricultura de conservación, fue reiterada aquí por el doctor Theodor Friedrich, representante en La Habana de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Tal afirmación tuvo lugar en el contexto de una conferencia e intercambio con estudiantes, profesores y directivos de la Universidad Vladímir Ilich Lenin, campesinos, productores, investigadores y estudiosos del tema en este oriental territorio.

"Estamos hablando un mismo idioma” —subrayó en declaraciones exclusivas para Granma—, tras reconocer que en el país no solo se aprecia voluntad política sino también integración en sectores como el científico y el productivo.

"El problema fundamental —insistió— está dentro de la cabeza, en el pensamiento. Si logramos despertar más curiosidad en las personas y mayor confianza para entrar en esa agricultura, podremos avanzar más y vencer”.

Se trata, en esencia, de incorporar progresivamente un grupo de técnicas y prácticas agrarias encaminadas a mejorar, conservar y hacer un uso más eficiente de los recursos naturales, mediante el manejo adecuado del suelo (factor determinante), agua, agentes biológicos e insumos externos.

De acuerdo con estadísticas ofrecidas por el doctor Theodor Friedrich, en alrededor de 157 millones de hectáreas (11 % de la superficie cultivada en el mundo) se aplican hoy experiencias de agricultura de conservación, con fines productivos y de sostenibilidad.

Válida para todos los cultivos y con alternativas que permiten emplear desde la siembra manual y la tracción animal, hasta el uso adecuado de equipos y maquinarias, esa agricultura le concede alto valor a la sabiduría campesina bien combinada con la ciencia, alerta contra el uso nocivo de la labranza mecánica, busca reducir la erosión, degradación y contaminación, aumentar la biodiversidad e incrementar los rendimientos y volúmenes productivos, sin perjuicio para el medio ambiente.

Sobre la base de sólidos nexos de colaboración, la FAO y Cuba han trabajado históricamente en la materialización de valiosos proyectos para enfrentar necesidades consustanciales al ámbito productivo y agroalimentario, así como urgencias frente al impacto de huracanes y otros fenómenos naturales.

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