ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El empleo de la máquina sembradora humaniza el trabajo y resulta más económico. Foto: del autor

CABAIGUÁN, Sancti Spíritus.— Cuando años atrás en Cabaiguán casi todo el mundo le viró las espaldas al tabaco, la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) 13 de Marzo se mantuvo fiel a la tradición veguera heredada de siglos por una razón que su presidente Pedro Álvarez Jiménez, más que todo, atribuye a la obstinación.

—Aquí mantuvimos el tabaco por porfiados, asegura.­

El envejecimiento de los cosecheros tradicionales, la pérdida de infraestructura (casas para la curación y sistemas de riego, fundamentalmente), la competencia de otros renglones con precios más atractivos como la ganadería y los granos, y también la aplicación de medidas organizativas que trajeron más pe­nas que glorias figuran entre las causas de la depresión tabacalera registrada en una comarca que du­rante décadas presumió de figurar entre las de mayor aporte de la hoja en el país.

“Ya hoy por lo menos en Ca­baiguán se habla de tabaco”, reconoce Reinaldo Rodríguez, presidente de la Cooperativa de Cré­ditos y Servicios (CCS) Ramón Balboa, una organización cam­pesina en la que 65 de sus socios mantienen la primacía tabacalera en todo Sancti Spíritus.

Como cuestión de honor y sobre todo de extraordinaria trascendencia cultural es considerada aquí la recuperación del cultivo del tabaco, proyecto que según advierten las principales autoridades del municipio, vie­ne levantando vuelo de la mano del Ministerio de la Agricultura y la Aso­ciación Nacional de Agricultores Pe­queños (ANAP).

Informes oficiales consignan que actualmente nueve de las diez CPA del municipio cultivan el tabaco—tiempo atrás esa cifra se había reducido a cuatro— y decenas de productores independientes que ha­bían abandonado la actividad han retornado a las vegas, una determinación en la que además del trabajo político ha repercutido el incremento de los precios aprobado para el sector.

El aporte de Cabaiguán resultó decisivo en el reciente cumplimiento del plan de siembra de la provincia, resultado que los entendidos saludan doblemente: por lograrse en la etapa óptima del año y por representar el primer escalón en la reconquista de los compromisos productivos del territorio, que no se han podido alcanzar en los últimos tiempos.

CUATRO PESOS POR UNA ESTACA

Aunque los vegueros más ortodoxos prefieren la perseverancia de aquellos isleños que se mantenían en cuatro patas desde la madrugada hasta el anochecer, en la 13 de Mar­zo sostienen que para lograr campañas eficientes es preciso po­ner a un lado el folclor, usar los últimos adelantos de la ciencia y sobre todo trabajar con la matemática todos los días.

Nacido y criado, como él mismo dice, “abajo de una mata de tabaco”, el joven Alexei Hernández no se sonroja por su incapacidad para cortar las hojas cuando ya estas han alcanzado la madurez requerida: “Sé hacerle de todo a la vega menos cortarla”, confiesa.

El aporte de Cabaiguán resultó decisivo en el reciente cumplimiento del plan de siembra de la provincia. Foto: del autor

De esa praxis nació en la cooperativa la idea de migrar a la tecnología de sol ensartado, un sistema de recolección que prescinde de los tradicionales cortadores, cada vez más escasos en estos predios, y que le ha permitido a la entidad mantener el costo por peso a 25 centavos como promedio en las últimas cin­co campañas, muy por debajo del 1.23 reportado en el 2008.

“Es que ahora una estaca de las que se usan en los tendales puede costarte hasta cuatro pesos”, razona Pedro Álvarez, presidente de la CPA, quien en aras de potenciar la eficiencia económica decidió de­sempolvar la máquina sembradora y generalizar variedades más resistentes y promisorias como Habana 92 y Sancti Spíritus 96.

Para Pedrito, como lo conocen en la cooperativa, al tabaco hay que dedicarle todo el año “porque desde que terminas con los semilleros, viene la siembra, después el cultivo y las demás atenciones, luego la recolección y cuando crees que vas a descansar tienes que amarrarte con la construcción y la reparación si no quieres que la otra campaña te caiga arriba”.

LOS VEGUEROS DE LA RAMÓN BALBOA

Desde la zona de La Trinchera, en la Carretera Central, hasta los predios de Jíquima de Peláez se extienden los dominios de la cooperativa Ramón Balboa, una asociación que reúne a cerca de 300 campesinos y abarca 13 asentamientos dispersos en este pedazo de la geografía cabaiguanense, donde además de su notable producción tabacalera, sobresale por el desarrollo de la ganadería y por su aporte en cultivos varios.

Con la bendición de sus tierras y la sabiduría de su gente, la organización creció en unas 50 hectáreas del 2010 al 2014 y solo en el último año sumó otras 20, fundamentalmente en las zonas de Tres Palmas y La Fragua.

Campesinos consultados por Granma y la propia dirección de la CCS coinciden en dos asuntos diametralmente opuestos: el primero, el incentivo que representan los nuevos precios aprobados para la capadura —denominación usada para aquellas hojas que brotan después del primer corte—; el segundo, el malestar que ha creado entre los cosecheros la decisión de pesar el tabaco en las escogidas y no en las casas de curar como ha sido tradición hasta ahora.

Reinaldo Rodríguez, presidente de la cooperativa, concuerda en que esta última medida se corresponde con la intención de enfrentar indisciplinas e ilegalidades que mucho daño hacen a la economía; sin embargo, cree que en este caso resulta contraproducente juzgar a justos por pecadores.

En la Ramón Balboa reconocen también sus insuficiencias en la crea­ción de infraestructuras, par­ticularmente por la falta de madera y zinc, un obstáculo que le resta ve­locidad al crecimiento tabacalero y que, según dicen, los obliga todavía a seguir fundando vegas cuesta arriba.

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