Imaginarlos distintos era sinónimo de no imaginarlos cubanos. Espontáneos, amistosos, familiares, diversos en sus caracteres e iguales de perseverantes y firmes en sus ideales. No en balde en sus primeras palabras a nuestro pueblo coincidieron en que tan pronto llegaron a la Patria borraron las huellas de aquel cruel encierro.
Las inagotables ansias de escuchar sus impresiones, las agradables imágenes de verlos abrazados a Raúl, a sus familiares, vecinos y amigos, venían a confirmar la suposición de que aquel reencuentro con los suyos calaría muy hondo en los corazones de los cubanos, sus fervientes defensores durante más de tres quinquenios, amén de las incontables muestras de solidaridad mundial.
Si por suspicacia o curiosidad propia de los que habitamos esta Isla pensamos que la prisión habría curtido sus caracteres como para resultar un tanto distantes a la hora del regreso, la realidad de estos días difuminó ese presagio. Tres momentos claves: la llegada a Cuba; su recibimiento en la Asamblea Nacional, y esa misma noche de sábado verlos expresar su entera cubanía y alborozo junto a Silvio Rodríguez y el pueblo en el estadio Latinoamericano, ya son lienzos imborrables de cuánta sencillez e hidalguía expresan esos hombres.
Los Cinco han asegurado que continuarán defendiendo a su pueblo, que aprendió a respetar su inquebrantable voluntad. Ese pueblo los disfrutó cuando subieron a la tribuna para entonar cantos junto al juglar, y los lleva muy hondo en el corazón, cual estampa de luz y verdad, confiado en el futuro.
















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PUPI dijo:
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Manuel de Jesus Alvarez Figueredo dijo:
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23 de diciembre de 2014
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