ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Che en la ONU en 1964. Foto: Archivo

Ha transcurrido medio siglo desde aquel 11 de diciembre de 1964. A diferencia de quienes también ocupaban asiento en las Naciones Unidas, Ernesto Che Guevara no llevaba traje, cuello blanco, ni corbata. Vestía la sencillez y la dignidad propias del verde olivo, sin más arma que la razón a bordo de la palabra.

Un prolongado aplauso acompañó su sereno paso hasta el podio, donde aun tuvo que aguardar a que concluyese aquella muestra colectiva de respeto y de admiración. Entonces, con voz calmada y contundente, llenó los vacíos del espacio donde no todas las voces reclaman. Era el latido de Cuba y de otros pueblos del mundo latiendo en su propia voz.

No por casualidad, tras dirigirse a la presidencia de la Asamblea General, sus primeras palabras fueron de gratitud por la incorporación de Zambia, Malawi y Mali al seno de la ONU, países por los que expresó votos a favor de una rápida incorporación “al grupo de naciones no alineadas que luchan contra el imperialismo, el colonialismo y el necolonialismo”.

Tampoco fue casual la afirmación que acentuó después: “Cuba viene a fijar su posición sobre los puntos más importantes de controversia y lo hará con todo el sentido de la responsabilidad que entraña el hacer uso de esta tribuna, pero, al mismo tiempo, respondiendo al deber insoslayable de hablar con toda claridad y franqueza”.

Por ello exhortó sin rodeo alguno a impedir que el imperialismo convirtiera aquella reunión “en un vano torneo oratorio en vez de resolver los graves problemas del mundo”.

Leer, 50 años después aquel discurso es constatar con cuánta certeza el Che le dijo a la Asamblea General que el ejemplo de Cuba mostraba la posibilidad que sí tienen los pueblos para ser y mantenerse libres.

Uno de los puntos cristalinamente enfocados fue el de la co­existencia pacífica, que en su opinión “debe ejercitarse entre todos los Estados, independientemente de su tamaño, de las anteriores relaciones históricas que los ligara y de los problemas que se suscitaren entre algunos de ellos, en un momento dado”.

Siguiendo esa lógica de razonamiento, aquel día fustigó la política guerrerista norteamericana contra Vietnam, las presiones turcas y de la OTAN contra Chipre, las masacres contra Angola y Mozambique (naciones a las cuales expresó disposición de ayuda), la tendencia de Estados Unidos a convertir a Puerto Rico en “un espejo de cultura híbrida”, con habla española,  inflexiones en inglés “y bisagras en el lomo para inclinarlo ante el soldado yanqui”, la impunidad y cinismo con que se burlaba en el Congo el derecho de los pueblos, así como las maniobras que sucedieron a la ocupación de ese país por tropas de la ONU, bajo cuyos auspicios actuaron impunemente los asesinos de Patricio Lumumba.

También se preguntó si las naciones del mundo no harían nada para impedir “la brutal política de Apartheid” en Sudáfrica y que en el continente se asesinara impunemente en nombre de una superioridad racial cada vez más oficializada.

En su voz retumbó el saludo entrañable y de apoyo a los pueblos de Rhodesia del Sur y África Sudoccidental, Basutolandia, Bechuania y Swazilandia, a la Somalia francesa, al pueblo árabe de Palestina, a Adén y los protectorados, a Omán y a todos los pueblos en conflicto con el imperialismo o el colonialismo.

Objeto de gran atención, su latina voz sentó “acuerdo con el desarme general y completo… destrucción total de los artefactos termonucleares” y la no adherencia de Cuba “a ningún pacto regional de desnuclearización mientras Estados Unidos mantenga bases agresivas en nuestro territorio, en Puerto Rico, Panamá, y otros Estados americanos donde se considera con derecho a emplazar, sin restricción alguna, tanto armas convencionales como nucleares”.

En fecha tan temprana como aquella, denunció la prohibición por parte de EE.UU. de la venta de medicinas a Cuba, medida que le quitó a la nación “la máscara de humanitarismo con que pretendió ocultar el carácter agresivo del bloqueo” contra nuestro país.

Por último, denunció abiertamente maniobras y preparativos en el área, para agredir a Cuba, el entrenamiento de “mercenarios cubanos y de otras nacionalidades con algún fin que no debe ser el más pacífico”, así como la ilusa pretensión norteamericana de inspeccionar nuestro territorio, idea que desechó enfáticamente, porque “Cuba no reconoce el derecho de los Estados Unidos, ni de nadie en el mundo, a determinar el tipo de armas que pueda tener dentro de sus fronteras”. Y puntualizó: “Solo acataríamos acuerdos multilaterales, con iguales obligaciones para todas las partes…”

Por ello citó a Fidel: “Mientras el concepto de soberanía exista como prerrogativa de las naciones y de los pueblos independientes; como derecho de todos los pueblos, nosotros no aceptamos la exclusión de nuestro pueblo de ese derecho…” Y recalcó: “Nosotros queremos construir el socialismo; nos hemos declarado partidarios de los que luchan por la paz”.

Ese día resumió puntos básicos expuestos por el líder de la Revolución cubana: cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica; cese de las actividades subversivas, lanzamiento y desembarco de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores; cese de los ataques piratas, de las violaciones del espacio aéreo y naval por medios de guerra norteamericanos, así como retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución de ese territorio.

Mediante su voz, el mundo supo de las 1 323 provocaciones realizadas desde allí, a razón de cuatro diarias, incluido el asesinato del soldado Ramón López Peña (19 de julio de ese año), como consecuencia de disparos realizados por marines.

Con el reciente homicidio del joven estadounidense Michael Brown en Ferguson refuerza su vigencia la misma pregunta que aquel 11 de diciembre retumbó en los oídos de los representantes norteamericanos en la ONU: “¿Cómo puede constituirse en gendarme de la libertad quien asesina a sus propios hijos y los discrimina diariamente por el color de la piel, quien deja en libertad a los asesinos de los negros, los protege además, y castiga a la población negra por exigir el respeto a sus legítimos derechos de hombres libres?”

Nada grata para iguales tímpanos debe haber resultado también la visión del Guerrillero Heroico en torno a esa gran masa de pueblo latinoamericano “que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre… esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia… porque esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar”.

Y así anda el Che entre nuestros pueblos, a 50 años de aquel histórico día en que subió al podio a decir verdades en medio de cerrado aplauso, y con cerrado aplauso volvió a su asiento, sin corbata, sin traje ni camisa blanca… solo con la dignidad de su verde olivo uniforme y la verdad como “terrible” arma para oídos que medio siglo después mantienen crónica sordera.

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Ramón dijo:

1

11 de diciembre de 2014

03:25:26


Che, siempre!! Siempre, Che!!

Carlos Manuel Balderas Pèrez dijo:

2

11 de diciembre de 2014

04:35:33


Batista...El bueno.

jose marrero dijo:

3

11 de diciembre de 2014

05:47:50


nada que no se dara otro CHE como lo llama el pueblo de cuba y el mundo entero Gloria eternal AL GUERRILLERO heroico que se le che

Sergio dijo:

4

11 de diciembre de 2014

16:17:26


¡¡Gracias pelao!! por haber nacido en mi patria y haberte convertido en ciudadano del mundo.-