ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La misión de Norberto es que no se quede ni un litro de leche y cada día él lo busca donde esté. Foto: del autor

JOBABO.— Si Norberto Facundo Téllez se guiara por el preocupante estado del camino que recorre día por día, con tramos “verdaderamente infernales” sobre todo cuando llueve, posiblemente en esa zona rural quedarían cientos, tal vez miles de litros de leche sin acarrear y los cooperativistas se rascarían preocupados la cabeza en busca de una solución para sacar el producto hasta la carretera.

Pero desde que él decidió poner todo su tesón y voluntad en función de esa ineludible labor, las cosas marchan bien para los productores y mejor que antes también para quienes tienen a su cargo el posterior traslado del líquido hacia la industria…, algo que lamentablemente no siempre ni en todas partes engrana como necesitan la ganadería, los consumidores y la economía del país.

“Vivo en Macagua 6. Eso queda como a ocho kilómetros de Sirvén (el lugar donde el camión recoge la leche), pero en realidad mi recorrido es de 12 kilómetros en viaje de ida y esa misma distancia cuando regreso. Yo les acarreo unos 10 000 litros cada mes a 13 productores de las Cooperativas de Crédito y Ser­vicios Victoriano Martínez, Abel Santamaría y de la Unidad Básica de Producción Coo­perativa 26 de Julio.

“En total recorro alrededor de 24 kilómetros todos los días, pero a veces me parecen 50 por lo intransitables que se ponen algunos tramos del camino. No exagero si te digo que cuando le da por llover hay partes donde el fango tapa las ruedas de la pachanga (especie de carretón) con que trabajo.

“De todos modos, a mí eso no me frena. Mi misión es que no se quede ni un litro de leche sin recoger y donde esté yo lo busco. Una vez me robaron la yegua que tenía. Aquello me llegó al alma, pero no me desanimé; alquilé un caballo y al segundo día ya estaba garantizando el acarreo. Cuando no puedo entrar con la bestia le echo mano a la yunta de bueyes, recojo el producto y luego hago trasbordo para la pachanga”.

—Tengo entendido que te has convertido en “reparador” de caminos.

—Bueno… tanto como eso no, pero he hecho algunas cosas para mejorarlo. Más de una vez he tenido que agarrar el picacho para aliviar agua empozada en el camino. Recuerdo que en El Peladero había un pantano que no permitía casi pasar, entonces cogí el hacha, le fui arriba al marabú y abrí un desvío. Otras veces he echado piedras en las partes más malas. Pero son solo remiendos, alguien tiene que ocuparse más del estado de los caminos porque con el tiempo se van poniendo peores.

— ¿Te queda el resto del día para otras labores?

—Eso depende bastante del carro de la industria. Si viene temprano, nos queda un poco más de tiempo, pero no es tanto, porque no se trata de regresar a la casa y ya. A veces termino bien avanzada la mañana, casi picando el mediodía. Cuando regreso me encargo de fregar bien cada cántara, le busco comida al caballo, le aseguro su descanso… Y después de todo eso es que me dedico a ayudar al viejo mío en un pedacito de tierra.

Desafortunadamente, no todos los acarreadores pueden decir —aunque sí pudieran hacer— las mismas cosas que dice y hace Norberto. Sus claras, respetuosas y cordiales relaciones con productores y cooperativistas viabilizan procedimientos que en otros lugares no fluyen de igual modo.

Cuando se trabaja bien y las cuentas quedan claras no tienen por qué enturbiarse los procesos. La retribución a su trabajo, por ejemplo, transcurre dentro de los parámetros normales en lo que a precio (30 centavos por cada litro acopiado), cuantía total y momento de pago corresponden. No lejos de allí, sin em­bargo, en la cooperativa Protesta de Ba­raguá, algunas cosas no parecen marchar del mismo modo, según se quejaba una joven acarreadora, en diálogo con colegas suyos.

Determinar dónde están los nudos es indispensable. Nada resuelve el país logrando que las vacas existan, den leche y sean ordeñadas temprano por el campesino, si —contraproducentemente— por dificultades de organización y de control o por falta de motivación, parte del producto se queda “plantado” en pleno campo o toma cualquier otro rumbo, excepto el verdaderamente justo y apropiado: la industria, el consumo.

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