
SANTA CLARA.—El 15 de octubre de 1994 el pueblo de Caibarién se levantó conmovido ante la infausta noticia de que uno de sus mejores hijos, Arcilio Rodríguez García, había sido asesinado en el pedraplén que conduce a Cayo Santa María, a manos de elementos mercenarios que desembarcaron allí con el objetivo de perpetrar acciones violentas contra Cuba.
“No es posible”. “Cómo pudieron matar a un hombre tan noble y tan bueno”, decían algunos, mientras otros lamentaban la muerte de aquel joven quien con solo 34 años había demostrado una gran integridad en su vida personal y social, que lo llevó incluso, a pertenecer al Buró Municipal del Partido en Remedios.
En medio del dolor, pudo conocerse que el día anterior, Arcilio, junto a un grupo de amigos, todos amantes de la pesca deportiva, habían decidido ir a practicar ese arte a la zona que bordea el famoso vial, donde pasaron gran parte de la noche y la madrugada.
Según narración de Juan Antonio Vera, uno de los cuatro compañeros que acompañaba al joven Arcilio aquella noche, al regresar del viaje, fueron interceptados por varias personas que parecían militares por la ropa de camuflaje que vestían.
“Sería muy cerca de las tres de la madrugada y veníamos conversando sobre la pesquería, quién había cogido las mejores presas y otros asuntos propios de ese momento, cuando de pronto divisamos a unos hombres fuertemente armados quienes nos conminaban a que detuviéramos el auto Lada que nos guiaba”, rememora Juan Antonio.
Paramos, pensando que eran los compañeros de guardafronteras, sin embargo, para sorpresa nuestra, enseguida que el auto se detuvo, el hombre que estaba a la derecha, por la parte donde venía Arcilio en el asiento delantero, al lado del chofer, comenzó a apuntarnos con un arma larga, mientras vociferaba:
—¡Bájense del carro, arriba rápido, bajándose del carro!
Ante tal acción, todos descendieron con inmediatez. Israel, que venía manejando, Antonio, Claudio, y Juan lo hicieron por la parte izquierda, en tanto Arcilio, lo hizo por la derecha, donde estaba el más bravucón de todos, que luego se supo era Humberto E. Real Suárez, alias KP3, uno de los que venía al frente de la encomienda terrorista.
—¡Arriba!, ¡arriba! caminando pa’ las piedras, caminen pa’ las piedras. ¡Vamos rápido!, les decía.
Así lo hicieron, y mientras caminaban de espaldas, en ese preciso instante escucharon una ráfaga, ante cuyo sonido se tiraron al suelo, sin saber que aquellas balas habían sido disparadas contra el cuerpo de su amigo Arcilio.
La fuerte descarga, y la voz impertinente del bandido que decía: ¡Ahora, mátenlos a todos!, les hizo comprender que no se trataba de ningún operativo, si no de un acto terrorista, razón por la cual tres de los pescadores se tiraron al agua, mientras otro corría a esconderse tras las piedras, aprovechando la oscuridad de la noche.
Más tarde, al escuchar que los forajidos arrancaban el Lada y se marchaban por el pedraplén, salieron a la vía, percatándose de que su compañero había sido asesinado.
El impacto resultó devastador. Lejos estaban de imaginar que una simple pesquería se convertiría en una tragedia que enlutaría a la familia del joven Arcilio Rodríguez y a todo el pueblo de Caibarién.
Unas horas después, conocerían que los asesinos fueron capturados antes de salir a tierra firme, gracias a la acción valiente del joven Juan José Pérez Luna, custodio del contingente Campaña de Las Villas, quien hizo gala de extraordinaria firmeza, valor y audacia para reducirlos, evitando así que pudieran lograr sus malsanos propósitos.
Luego se informaría que se trataba de una infiltración organizada por la mafia miamense, cuyo comando, integrado por siete hombres, pertenecían al denominado Partido de Unidad Nacional Democrática (PUND) con sede en la Florida, a quienes se les ocupó cinco fusiles AK-47, un fusil AR-15, un fusil M-14, cuatro pistolas y proyectiles para esas armas.
Sus objetivos eran internarse en las montañas del Escambray, para fomentar la subversión armada en Cuba. Sin embargo, una vez más chocaron contra la voluntad de acero de los cubanos para defenderse del terrorismo, posición que llevó un día a cinco jóvenes a infiltrarse en los grupos radicados en Miami para combatir hechos de esa índole, tres de los cuales, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, aún permanecen presos en los Estados Unidos.
















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ERNESTO GUERRERO dijo:
1
15 de octubre de 2014
02:54:07
Jorge Enrique Reyes Membrado dijo:
2
15 de octubre de 2014
08:11:07
Rubén Rodríguez dijo:
3
15 de octubre de 2014
08:19:08
Manuel Carlos dijo:
4
15 de octubre de 2014
08:21:04
Belkis Garcia dijo:
5
15 de octubre de 2014
10:12:47
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