ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los responsables del proyecto consideran que la planta puede comenzar su funcionamiento antes de que finalice el año. Foto: del autor

TAGUASCO, Sancti Spíritus.— Acos­tum­brada a incinerar en sus hornos productos tan comprometedores como el gudrón ácido, un desecho de la refinación del petróleo; lodos y aceites usados en la economía nacional; psicotrópicos y estupefacientes vencidos y hasta droga incautada por diferentes vías, la fábrica de cemento Siguaney está a punto de debutar en la quema de una sustancia probablemente más peligrosa: los freones almacenados tras la sustitución masiva de refrigeradores y aires acondicionados en todo el país.

Más que un ejercicio de piromanía industrial, el proyecto demostrativo de recuperación, recolección, transportación, almacenamiento y destrucción de los llamados Clo­ro­fluorocarbonatos (CFC) se corresponde con la intención nacional de darle un destino am­bientalmente seguro a las llamadas Sus­tan­cias Agotadoras de la Capa de Ozono (SAO) o lo que es igual: evitar su dañina emisión a la atmósfera.

Un estudio de la Empresa de Ingeniería y Proyectos para la Electricidad (INEL) al que Granma tuvo acceso, consigna que en Cuba se encuentran debidamente almacenadas unas 130 toneladas de los susodichos CFC, resultado de la desactivación hace algunos años de más de 2,5 millones de refrigeradores  y cerca de 300 mil aires acondicionados domésticos, altos consumidores de energía y que utilizaban como gas refrigerante las conocidas SAO.

La destrucción de los freones pudiera parecer fácil, sin embargo antes de abrir la primera válvula los expertos cubanos involucrados en el asunto tuvieron que beber de las mejores prácticas internacionales, volar hasta el lejano oriente para comprobar in situ el proceso en una fábrica de cemento japonesa, adquirir el equipamiento requerido y finalmente emprender la inversión que ahora está a punto de concluir a un costado de la planta espirituana.

UN PROYECTO QUE PRESTIGIA

Elier Rodríguez y Daynelis Hernández, dos de los jóvenes responsabilizados con la nueva planta. Foto del autor

Para la MsC. Arquitecta Natacha María Fi­gueredo Valdés, especialista de la Oficina Téc­nica del Ozono y directora del referido proyecto, lo que está por iniciarse en Siguaney es resultado de un empeño común entre el Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal mediante el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) —financia los costos relativos a la obtención de la tecnología y el equipamiento necesario— y nuestro país, con una reputación incuestionable en estos menesteres.

Según la experta, se trata de un propósito demostrativo para países como Cuba, “que tienen un prestigio ganado en la eliminación de las SAO y en este caso, que ya había iniciado el proceso de recuperación de los refrigerantes y contaba con una apreciable cantidad almacenada que le permitía iniciar rápidamente su destrucción”.

Como un éxito a nivel mundial define la especialista la experiencia cubana al respecto, que según ella representa “el primer y único proyecto cuyos resultados logran la eliminación de los Clorofluorocarbonos en la refrigeración doméstica”, verdadero paradigma para otras naciones del área que no tienen resuelto el destino final de las SAO y que más temprano que tarde también deberán abordar la solución de este problema.

—Casi concluido el montaje del equipamiento, ¿qué contempla el cronograma para las pruebas técnicas y la puesta en marcha de la nueva planta?

—Una vez concluido el montaje de la tecnología adquirida comenzaría la fase de la puesta en marcha con la quema de gases. Está prevista la asistencia a nuestro país de especialistas extranjeros de una alta calificación de la firma española MIESA EXPORTACIÓN S.L, los cuales suministraron la tecnología automatizada, y que junto a los cubanos trabajaron en sesiones técnicas para adecuarla a dicha fábrica.

“Esta etapa abarca un periodo importante de ajustes y precisiones necesarias para que el sistema garantice el funcionamiento prolongado de manera estable y sin riesgos, es decir, lograr la dosificación y estabilización del proceso de quema de gases.

“En esta etapa se llevará a cabo también el monitoreo de las emisiones procedentes de este proceso, garantizando que no se afecte el medio ambiente, una de nuestras prioridades. Consideramos que para finales del 2014 ya estemos iniciando la destrucción de la primera tonelada de SAO”.

—¿A cuánto asciende el costo de la inversión?

—El costo del equipamiento adquirido para la fábrica está en 250 mil dólares, donde también se invierte un monto importante en moneda nacional en la obra civil. Este es el componente que aporta Cuba, así como la elaboración de los proyectos, el montaje de la parte automatizada y los trabajadores y especialistas que lo han hecho posible.

“Esta cifra no es solo el costo del proyecto, otra parte está destinada al equipamiento de los centros receptores para el manejo de este tipo de gas en todo el país y otro componente importante es su recolección y transportación.

“Queremos significar que se adquirió un equipo para la regeneración de gases refrigerantes, o sea, llevar un gas refrigerante ya usado a sus características técnicas iniciales, que ahorrará moneda convertible al país por concepto de importación y permitirá disminuir el consumo de refrigerante virgen a adquirir en el exterior”.

—A juzgar por los gases almacenados, la dosificación prevista para la quema y los actuales niveles productivos de Siguaney se necesitarían décadas para la eliminación de los CFC acumulados ¿Se ha pensado en acelerar este proceso?

—La dosificación prevista del 0.1 kg por tonelada de cemento responde a un problema técnico del horno para garantizar la completa destrucción de los gases.

“El análisis de otras variantes para acelerar el proceso depende de los volúmenes de producción de la fábrica y del redimensionamiento de la industria cubana, específicamente la del cemento, además de analizar el comportamiento nacional de la destrucción y la recuperación en el primer año de iniciado el proyecto. Solo así podríamos estudiar otras alternativas”.

UN INCINERADOR IDEAL

—A 1 400 grados Celsius no hay freón que se resista”, asegura el ingeniero Salvador Damas, subdirector técnico de Siguaney, al compartir con Granma las características de los hornos rotatorios de las plantas cementeras, los que según estudiosos del tema resultan escenario ideal para la incineración de los CFC, una sustancia que se descompone de manera total a partir de los 900 Celsius y en cuestión de pocos segundos.

Además de las elevadas temperaturas que pueden destruir en su totalidad los compuestos orgánicos, incluso aquellos más estables, entre las virtudes de dichos crematorios se cuentan también el predominio de un ambiente altamente alcalino —muy propicio para neutralizar los ácidos en el proceso de clinkerización del cemento—, la no emisión de residuos o escorias y la elevada inercia térmica.

Con diseño de EPROYIV (Empresa de Pro­yectos para Industrias Varias), la planta espirituana está dotada de una piscina donde se calienta el gas antes de ser inyectado en el ventilador primario del horno con vistas a su posterior destrucción, un proceso aparentemente simple pero regido con meticulosidad absoluta por sistemas de última generación.

No en balde Jesús Sugimoto, uno de los hombres encargados del montaje, habla de una automática que lo sorprende día a día pese a sus espuelas en el oficio; mientras Elier Rodríguez y Daynelis Hernández, responsables de la inversión en Siguaney, están persuadidos de que a la planta, literalmente, lo único que le falta es hablar.

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victor ramos dijo:

1

4 de septiembre de 2014

18:44:41


... eliminación de los Clorofluorocarbonos en la refrigeración doméstica”, verdadero paradigma para otras naciones del área que no tienen resuelto el destino final de las SAO ... Será un magnífico aporte de Cuba al ALBA.

Alec dijo:

2

5 de septiembre de 2014

08:37:59


...sin lugar a dudas, una magnifica inversión en función de la protección del medio ambiente. Espero que la experiencia se extienda hacia otros materiales peligrosos que generan nuestras industrias y que hoy todavía no existe una solución precisa para su tratamiento o disposición final. Los tratamientos de estos materiales resultan indudablemente muy costosos, pero la protección de la madre tierra y de la especie humana no tiene precio.

Antonio Vera Blanco dijo:

3

5 de septiembre de 2014

11:38:18


No entendí que parte se recupera de estos gases y que parte es necesario quemar. ¿Se dejará la recuperación como medida principal? Con que facilidad se dice que se estaba y seguirán quemando distintos tipos de desechos peligrosos en esos hornos. ¿Qué gases son los que monitorean? ¿Acaso miden las dioxinas y furanos (canserígenos), a más de 200 dólares el análisis? ¿Cómo se controla y garantiza la calidad de la salida de los gases a la atmósfera? ¿Cuenta la fábrica con los sistemas de captación de polvo y gases de elevada eficiencia? A juzgar por las fotos que vi, no funcionan estos sistemas. La chimeneas para este tipo de instalaciones, destructoras de desechos peligrosos, deberían de superar los 200 ó 250 metros y en Cuba las más grandes, que conozco, son de 180 metros. Otro dato importante es la contaminación de fondo. Hay un libro que no he podido leer que trata sobre la contaminación atmosférica y los casos de enfermedades precisamente en el Consejo Popular de Siguaney. En resumen se implica a dicha fábrica con los casos de enfermedades respiratorias. Esto es por el polvo, ahora los desechos peligrosos son portadores de metales pesados tóxicos y de subproductos cancerígenos como las sustancias orgánicas cloradas.

Pablo Albiol dijo:

4

5 de septiembre de 2014

16:49:04


Exito comaneros de Siguaney en la destruccion de estos Gases que tanto dno le causan a la capa de Ozono y a la Humanidad Muchas Gracias