ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La calidad final del producto tiene su garantía en cada paso del proceso. Foto: / Foto del autor

LAS TUNAS.— Por suerte para Cuba, la Empresa de Cerámica asentada en esta provincia se "plantó en tres y dos", afincó bases humanas y productivas, buscó alternativas para eliminar el elevado consumo de diesel y ni por un minuto su colectivo fue blanco del desánimo, incluso frente a la posibilidad de cerrar definitivamente.

De haber ocurrido así hoy sería difícil garantizar toda la losa de cerámica para azotea (conocida también como rasilla) que está demandando y empleando la capital cubana en importantes obras de restauración.

Y no es que ese surtido solo se fabrique aquí. Ocurrió que, luego de adquirir también el producido en otras dos zonas del archipiélago, la Oficina del Historiador de La Habana, inversionistas y constructores se han inclinado por la rasilla tunera, atendiendo a requerimientos de calidad, presencia...

"El compromiso es grande y la responsabilidad también —afirma el MSc. Eusmar Almaguer Palomino, director— pues estamos hablando de obras como el Gran Teatro de La Habana, el Capitolio Nacional, el Palacio de Convenciones y otros proyectos igualmente importantes".

TODO AL ALCANCE DE LA MANO

Dos razones le siembran total tranquilidad a Luis Cabeza, al frente de la planta productora de ese tipo de losa. Primeramente, "la calidad humana, humildad y espíritu de consagración de mis obreros, tanto hombres como mujeres". Y en segundo lu-gar, saber que la materia prima para producir está dentro del pro-pio territorio.

"El caolín rojo —explica Eusmar— lo tenemos a 32 kilómetros, en el cerro de Dumañuecos, la arena está aquí en la periferia de esta misma ciudad, agua no falta y prácticamente no empleamos combustible en el proceso, porque hicimos modificaciones para sustituir durante la quema el fuel oil por aceites ya usados. Me refiero a unos 25 000 litros de diesel, cuyo 95 % fue sustituido por aceites desechados, con un favorable impacto no solo económico, sino también para el medio ambiente.

"En fin, del exterior únicamente necesitamos un 2 % de la materia prima que interviene en el proceso productivo, y no es con vista a la fabricación de esta losa para azotea, sino para la cerámica ornamental".

NO SOLO RASILLAS

Aunque hoy las rasillas constituyen el centro fundamental de actividad dentro de la empresa, sus obreros responden a necesidades y solicitudes muy concretas de losa antiácida: con notable aplicación en la industria química y también muy demandada en fábricas de conservas, combinados cárnicos, fábricas de cerveza y otras entidades similares.

Complementa el horizonte productivo la llamada cerámica ornamental o vajillera, que tributa tazas, búcaros, ánforas, ceniceros, jarras y otros surtidos cuya demanda late en el entorno familiar, social e institucional cubano.

"Son labores duras", admite el obrero Ignacio Rosales, luego de 29 años sudando piel y tejido en la dosificación de la pasta, para luego "molerla", mezclarla bien, batirla, filtrarla, conformar las tortas que pasarán por la máquina cuya boquilla le da forma concreta al producto antes de ir al área de secado, al horno y a una clasificación muy cuidadosa, previa al empaque final, según el tipo, tamaño, color, resistencia...

Curiosa y afortunadamente, hasta quienes un día sopesaron el posible cierre de la empresa, hoy se animan por el modo en que esta se revitaliza y crece, en medio de una situación que, si bien no es de excelencia, tampoco ha dejado margen para incumplimiento de planes, pérdidas económicas, ni pagos sin respaldo productivo, problemas de control o manifestaciones de delito y corrupción. Nada de eso.

No por casualidad la rasilla tunera se "enrasilla" sobre legendarias y prominentes cubiertas capitalinas. Y tampoco por obra de la eventualidad el país aprobó una inversión para instalar un nuevo horno y reparar cuatro molinos que, obviamente, deben robustecer las posibilidades cuantitativas y cualitativas de un proceso muy noble.

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