ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Mario Ferrer

Su palabra fue siempre expresión genuina de la cubanía y su vocación pedagógica hundía las raíces en la tradición patriótica del magisterio cubano.

Con esas cualidades, que nunca le abandonaron, llegó Jorge Enrique Mendoza desde temprana edad al campo de la Revolución en su natal Camagüey y a ella se incorporó decididamente, aportándole toda su energía y entrega.
Con razón en la despedida de duelo, Armando Hart lo colocó justamente entre los que —en la vorágine de los acontecimientos que bajo el aliento y la dirección de Fidel se gestaron en la década de los años 50—, estuvieron dispuestos a darlo todo y a hacerlo no solamente una parte del tiempo, sino todo el tiempo. Era, pues, de los que el artista llamó imprescindibles.
Junto a Cándido González, Raúl García Peláez, Jesús Suárez Gayol y otros exponentes de la juventud camagüeyana de entonces, se incorporó a la organización del Movimiento 26 de Julio y desde allí mostró su capacidad y vocación para la agitación política y la difusión de las ideas revolucionarias en las difíciles condiciones de la clandestinidad, desde los días previos al 30 de noviembre y al Desembarco del Granma, llegando a ser eslabón esencial en los distintos aspectos de la lucha en tierra agramontina.
Desde mediados de 1958, cuando subió a la Sierra Maestra para incorporarse al Ejército Rebelde, alcanzando el grado de Capitán, su voz comenzó a ser conocida e identificada por nuestro pueblo mediante las transmisiones de Radio Rebelde hasta el mismo día Primero de Enero, cuando sus palabras precedieron a la histórica y trascendental alocución de Fidel desde Palma Soriano.
Tras el triunfo revolucionario, su vida fue un constante devenir en medio de las diversas tareas que sucesivamente le fueron encomendadas y desempeñó con su habitual entusiasmo, sabiduría y sentido del deber. Fue en estos menesteres —como jefe provincial de la Reforma Agraria—, cuando su lealtad revolucionaria e integridad a toda prueba brillaron con fuerza: Mendoza y el grupo de compañeros que a él se unieron, denunciaron la traición que se incubaba en aquellos momentos y los propósitos contrarrevolucionarios del cabecilla conspirador que pretendía confundir al pueblo.
La voz de Mendoza resonó por las ondas radiales como nunca antes en esa memorable ocasión y las masas camagüeyanas salieron a las calles, esperaron a Fidel y a Camilo, y encabezados por ellos pusieron fin a la conjura y levantaron allí, más alto y más firme, la bandera de la Revolución.
Importantes siguieron siendo las responsabilidades que recibió sucesivamente, como segundo jefe de la Dirección Política de las FAR, director del Plan Nacional de Becas, director del periódico Granma —durante veinte años—, y presidente del Instituto de Historia de Cuba. Fue miembro del Comité Central del Partido y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Hombre de vasta cultura, maestro, soldado, periodista y propagandista incansable de la Revolución y del Partido. Martiano devoto, fidelista decidido y ferviente, cultor y guardián de la unidad y firme e inclaudicable ante los enemigos de la Patria.
A los 20 años de su desaparición física, no hay mejor manera de recordarlo con gratitud y honor que redoblar y reiterar el espíritu patriótico y revolucionario consustancial a la vida de Mendoza; ser fieles a las ideas que le caracterizaron y en las nuevas condiciones históricas de Cuba y del mundo mantener inalterables esos principios que guiaron su vida.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.