ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
No se trata solo de plantar… hay que atender, mantener, fomentar y crecer. / Foto del autor

LAS TUNAS.— Cien mil hectáreas de suelo no es un pedacito cualquiera de tierra. Sería interesante conocer qué harían, por ejemplo, los japoneses con una superficie así. Según estadísticas, un área de tales dimensiones está cubierta por el marabú en la geografía tunera. Aun cuando la responsabilidad no le es totalmente imputable, la Empresa Forestal Integral realiza acciones y proyectos concretos para revertir el panorama, hasta donde puede o le compete.

La producción de carbón vegetal, a partir de esa agresiva planta convertida en verdadera plaga, es una de las alternativas. De acuerdo con información ofrecida por directivos de la empresa, alrededor del 70 % del carbón que está produciendo el territorio se sustenta en el uso del marabú.

Eso le posibilitó a la provincia exportar en el 2013 más de 2 800 toneladas del producto: volumen que rompe, por tercer año consecutivo, la cota máxima hasta entonces vigente.

Clientes del exterior han reconocido más de una vez la calidad de ese carbón, lo que indudablemente incrementa la aceptación, sigue despertando interés y ensancha puertas de mercado.

Pero no es la estrategia de lucha contra el marabú y la consiguiente liberación de áreas con fines productivos, la única ni la principal dirección en que concentran fuerzas y esfuerzos los forestales tuneros.

Plantar y plantar bien, no deviene meta formal; es necesidad y estilo obligatorio de trabajo. Los últimos años demuestran la conveniencia de interpretar y enfrentar así el fenómeno. De hecho, ya no se está planificando ni ejecutando como antes: maratónicas siembras con un pálido saldo, a la postre, en términos de supervivencia. Ahora, como explica el ingeniero Pablo César Ávila González —director de la empresa— se está plantando menos pero
... se logra más.

En ello se asienta el fomento real de unas 900 hectáreas o el ascenso que registra el índice de boscosidad: más de seis puntos porcentuales por encima hoy del que tenía Las Tunas a inicios del presente siglo, según afirma Osleidys Seoane Richardson, directora del Servicio Estatal Forestal en la provincia.

Aún así, este sigue siendo uno de los territorios más deforestados del archipiélago y eso obliga a obrar no solo con mucha pasión (que existe dentro del sector) sino también con apego al rigor técnico y laboral que requieren todas las labores y, sobre todo, con mucho control y exigencia en el uso de los recursos.

Los resultados, lejos todavía de lo que social, económica y medioambientalmente se aspira, empiezan a marcar vista, más allá de informes, diapositivas o resúmenes a golpe de teclado.

Ya, por ejemplo, la madera aserrada para el balance brota del propio territorio, sin tener que recurrir o de-pender de otra provincia, como ocurrió durante años.

Aunque aparentemente trivial o simple, en algunas zonas está ocurriendo un fenómeno interesante: la migración de personas procedentes de otros sectores, como el cañero o el de cultivos varios, hacia la actividad forestal.

Detrás de esa tendencia están las motivaciones que despierta una mejor atención al trabajador, niveles de ingresos salariales más en correspondencia con resultados concretos de producción, perspectivas de progreso...

No es casual, incluso, que de los 1 531 trabajadores que tiene la empresa 429 sean jóvenes, con un protagonismo palpable por demás, tal y como puede apreciarse a la hora de reconocer, estimular y honrar a quienes por su sudor y aporte honor me-recen.

Todo ello, por supuesto, tiene impacto directo en indicadores generales que se expresan en el sobrecumplimiento productivo de un plan no concebido holgadamente, ascenso en la productividad, incremento en las ventas... y algo que no muchas empresas o entidades pueden exhibir: la tranquilidad de iniciar un año como este —decisivo en el orden eco-nómico y financiero— sin cuentas pendientes, fuera de término, en la compleja madeja de los cobros y de los pagos.

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