ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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PLAYA HERRADURA, Las Tunas.—"Puedes estar seguro de que no exagero: cuando me comunicaron que debíamos echar abajo el Ranchón, porque estaba en-cima de la arena y afectaba la duna de la playa, sentí un dolor solo comparable con la muerte de mi padre, a quien había perdido semanas antes".

Así define Flor Santiesteban Almaguer, administradora del Ranchón Playa de la Herradura, el efecto de aquella decisión, nada grata para ella y para su pequeño colectivo (apenas tres trabajadores), luego de sumar más de una década de sensible servicio en una instalación que la furia de la naturaleza había derribado tres veces y tres veces fue levantada, con re-doblado ímpetu.

"Han transcurrido ya dos años —comenta— y estoy convencida de que fue lo mejor que pudo sucedernos, tanto a nosotros como a esa playa que llevamos tan dentro.

"Desde que retiramos hacia acá el Ranchón y se han puesto en práctica otras medidas veo que la duna se ha ido recuperando poco a poco. Sé que no puede ser un proceso de semanas o de meses, pero se empieza a ver un cambio favorable. Eso hay que reconocerlo.

"Sin embargo, me sigue preocupando la actitud de algunas personas que estacionan sus autos encima de la arena, dejan sobre ella envases plásticos, metálicos, de vidrio y otros desechos, depositan ahí mismo el estiércol del caballo o permiten que sus animales anden sueltos por aquí...

"En esta zona trabaja Osvaldo Batista: un obrero del sector de Comunales; él ha-ce su esfuerzo, recoge las algas, pasa frente a las viviendas de la comunidad, a veces llama la atención si ve algo incorrecto, nosotros también lo hacemos, pero en general se necesita más comprensión por parte de todos, enfrentamiento directo y medidas que conduzcan a una mayor disciplina social.

"Aun así puedo decirles, por ejemplo, que el robo de arena ha disminuido. Yo recuerdo que durante una de sus visitas, los compañeros del CITMA vieron a un hombre cargando una cubeta de arena para construir algo en su casa; entonces conversaron con él, hubo entendimiento y se resolvió el asunto sin dificultad".

Criollo, más fresco, acogedor y con perspectivas de ambientación en correspondencia con el entorno marino, el "Ranchón de Flor" no solo dejó de aplastar y de asfixiar los arenosos poros de la playa, sino que ahora, mejor plantado en tierra firme, a una distancia prudencial y justa, acentúa un servicio que normalmente ronda el medio centenar de productos.

DESTELLOS EN EL LITORAL

No es este pintoresco arco de playa, en forma de herradura, el único tramo del litoral norte donde empieza a aflorar cierta recuperación o beneficio para una duna que clama y necesita salud, protección, vida.

Según afirma el MSc Silverio Mantecón Licea —al frente de Medio Ambiente en la dirección provincial del Ministerio afín (CITMA)— también en la playa de La Llanita, La boca y otros puntos empieza a notarse un cambio, desde que, por decisión del país, fueron gradualmente eliminadas un grupo de construcciones estatales asentadas sobre el blanco arenal.

Tal vez ese empeño no avance todavía al paso que se desea o con el ritmo que demanda un entorno natural lacerado durante décadas por la ausencia de orden en la actividad constructiva del ser humano.

Audiencias públicas a ras de comunidad costera han demostrado que, en sentido general, hay comprensión social e institucional en torno a la necesidad de "ordenar lo ordenable".

Actuar con sensatez, mesura, seguridad y justeza, pulsando los dos latidos: el de la naturaleza y el humano, deviene reto y necesidad para que ambos (medio ambiente y sociedad) converjan cada vez más, en el contexto de la armonía que indudablemente sí se puede lograr allí, donde parecen morir las olas, cuando en realidad toman aliento para reemprender otra vez su interminable vaivén.

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