ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

SANTIAGO DE CUBA.— La Revolución, como las personas, cumple años solo en un día de un mes de cada almanaque. Pero a diferencia de los hombres, 55 no es un número que le defina la vitalidad, ni alguna arruga en el rostro, ni una hebra de plata en el cabello, ni un andar más pausado, y mucho menos un cuerpo de fuerzas menguadas.
Con la Revolución sucede algo singular, y es que con cada año se robustece y parece más joven, porque asume la vitalidad, el rostro, el andar, la lozanía y la fuerza de quienes la viven, la sienten suya, y la definen como mejor les parece, a su manera, a su gusto, con sus propias palabras; desde la espontaneidad de una niña de saya y pañoleta roja, hasta el criterio elevado de una historiadora o un arquitecto ilustres.
"La Revolución es una luz que nos alumbra el camino para ser mejores personas. Varias veces en el televisor ponen a Fidel diciendo que significa ‘cambiar todo lo que debe ser cambiado’, y es verdad, porque mis abuelos y mis maestros cuentan que antes no había los beneficios de hoy. Los padres debían pagar la escuela y el médico de los niños, y era peligroso jugar fuera de la casa.
"Sin embargo, después los cuarteles militares, donde se torturaban y asesinaban personas, se convirtieron en escuelas y se construyeron muchas que los niños no pagan, y todos los hospitales son gratis, y podemos jugar sin miedo en cualquier lugar" (Claralbis Soler, pionera de nueve años).
"Para mí Revolución significa estar orgullosa de haber nacido en Cuba, por la posibilidad de tener una Patria, sentirme libre y tener derechos respetados.
"Gozo de todos los beneficios sociales, estudio para ser un día lo que quiero, estoy sana, y vivo sin violencia. Si antes esto no era posible para todos, y hoy sí, entonces el sacrificio de nuestros héroes y mártires no fue en vano. Por eso debemos seguir defendiendo y construyendo la Revolución, para continuar siendo libres y ser agradecidos con los que la hicieron posible" (Noraleidis Becerril, estudiante de secundaria).
"Revolución es una palabra muy grande en su contenido patriótico, moral y ético, pero también en mi definición personal. Nací dentro de ella y a ella debo lo que soy. Todos los cambios que sucedieron al triunfo de 1959 fueron para beneficio colectivo y por la justicia social. Mi familia, toda de tez oscura y antes discriminada y humilde, es hoy lo que la Revolución le ha posibilitado ser" (Fernando González, trabajador de un Joven Club).
"Gracias a la Revolución ya tenemos estos buenos apartamentos, como el que también le dieron a mi hija con la transformación del edificio de la Empresa de Proyectos del Azúcar.
"Sé que faltan muchas familias como yo, a las cuales el huracán Sandy les arrebató todo lo suyo; pero se están construyendo más viviendas, porque la Revolución nunca dejó a nadie desamparado" (Maritza Vidal, damnificada por el huracán Sandy).
"La Revolución y la historia juntas han sido la definición de mi vida. La primera permitió especializarme en la segunda, que fue siempre mi vocación. Antes no había opción de estudiar la historia como disciplina pura, y solo tras el triunfo fue posible.
"Además, la Revolución rompió la barrera que limitaba el ejercicio de las mujeres en profesiones como estas; por lo cual considero que fue gracias a ella que superé dos retos en uno: ser una mujer en el oficio intelectual de historiadora" (doctora Olga Portuondo, Historiadora de Santiago de Cuba).
"Soy un combatiente de la Revolución que desde el primer momento abrazó su causa y su ideal, a veces sin la perspectiva de hasta dónde podíamos llegar. Pero como joven al fin, contrario al atropello y la explotación, me incorporé a la lucha clandestina con Frank País, luego con otros compañeros en la Sierra, y tras la victoria seguí viviendo y trabajando por ella.
Jamás he titubeado y seré fiel hasta el último aliento de mi vida, porque la Revolución ha significado para mí, junto con mi familia y mi pueblo, todo" (Carlos Sarabia, combatiente de la Revolución).
"Formo parte de una generación que le agradece mucho a la Revolución, pues en mi infancia fui un niño más de esos que nacieron en un barrio humildísimo de la ciudad, que en las condiciones anteriores al triunfo no hubiera podido hacer la vida que llevé: estudiar, pasar a la universidad y ejercer una profesión que me ha dado las mayores satisfacciones. Soy una persona consciente de eso, y por tanto, muy agradecida.
"Pero como mismo le debo yo como persona, a la Revolución también le debe mucho Santiago como ciudad. En 55 años esta creció en nuevos repartos residenciales, hospitales, policlínicos, modernos centros culturales y deportivos, pero no ha descuidado el legado arquitectónico de su pasado.
"El pensamiento, la voluntad y la actuación en pro de la conservación del patrimonio arquitectónico santiaguero, es resultado del pensamiento y la acción de la Revolución. Por eso y muchas cosas más, toda Santiago es una ciudad de la Revolución" (arquitecto Omar López, Conservador de la Ciudad).
Demasiado evidente. No es ni siquiera una, sino varias revoluciones; una por cada gente que la reconstruye para sí, sin hacer caso del tiempo que pasó o que viene, sin importar si vivió o no antes de ella, y pueda o no comparar el antes y el después.
Siempre habrá qué comparar, y qué perfeccionar, incluso muchísimo más que revolucionar, porque para eso nunca dejó de llamarse así.
El 1ro. de enero, fue marcado una vez más por la convención humana del almanaque, necesario para no aturdir la cronología académica de los libros, para ubicar su nacimiento en la historia y facilitar su estudio; pero jamás para colgarle una edad, porque de los cubanos la Revolución hereda todas las edades, el carácter, la energía y la juventud perpetua de sus generaciones distintas.

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