ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

YAGUAJAY, SANCTI SPÍRITUS.— Antes de lanzarse contra el Escuadrón 31 de la Guardia Rural, que se encontraba ubicado en las afueras de Yaguajay, Camilo Cienfuegos y sus hombres literalmente habían arrinconado a las fuerzas batistianas que todavía se atrevían a resistir en el vasto territorio donde operaba, desde hacía poco más de dos meses, el Frente Norte de las Villas.

Camilo personalmente conmina a los sitiados a la rendición. Foto: Perfecto Romero

Tras la toma del cuartel de Venegas, protagonizada el 31 de octubre, apenas 22 días después del arribo de la Columna 2 a tierra villareña, uno tras otro fueron cayendo, Iguará Meneses, Jarahueca, Zulueta, General Carrillo, Mayajigua, Caibarién, Camajuaní y Placetas, estos tres últimos de manera cooperada con las fuerzas que comandaba Ernesto Che Guevara.

A estas alturas Camilo y su tropa, que habían combatido también en las montañas de El Pedrero, a donde llegaron a finales de noviembre de 1958 para una entrevista con el Che, dominaban el ciento por ciento de la zona montañosa de lo que hoy es el norte espirituano, abrían los caminos vecinales controlados por los terratenientes, ocupaban buena parte de las carreteras y hasta habían organizado congresos con los trabajadores azucareros y los campesinos de la región. "Los poblados enteros nos reciben con pasión", relata el Señor de la Vanguardia en un mensaje emocionado a Fidel.

El Escuadrón 31 después de la rendición. Foto: Perfecto Romero

Desde el 21 diciembre las fuerzas rebeldes estrechan el cerco a Yaguajay, el 22 ocupan los centrales Narcisa y Vitoria y a seguidas comienzan el hostigamiento a las posiciones enemigas dentro de la localidad (la jefatura de la Policía, el Hotel Plaza, el Gran Hotel y la Sociedad Colonia Española), que definitivamente resultan desalojadas el día 24, con casi una veintena de bajas por parte del régimen decadente entre muertos, heridos y prisioneros.

Ese propio día el capitán Alfredo Abón Lee, jefe defensor de la plaza tras la salida, vía aérea, del mayor Roger Rojas Lavernia, — abandonó el escenario con el pretexto de una hernia estrangulada—, solicitó una tregua en el transcurso de la cual se produjo una confusión en los alrededores del cuartel que costó la vida al joven rebelde Joaquín Paneca Gutiérrez, Panequita, que en esta jornada cumplía los 17 años de edad y a la postre resultó el único mártir de las fuerzas revolucionarias.

El pueblo estaba libre, pero frente a los asaltantes se levantaba una muralla infranqueable: el Escuadrón 31 del Regimiento Leoncio Vidal con cerca de 350 efectivos bien armados y con suficiente parque en su interior, rodeado de alambradas y parapetos cuidadosamente preparados, justo en una llanura donde intentar avanzar bajo el fuego de los defensores y la metralla de la aviación enemiga era poco menos que un suicidio.

LAS SALIDAS DEL DRAGÓN

El emblemático Dragón I, una de las iniciativas de la tropa rebelde para rendir el cuartel. Foto: Perfecto Romero

Jerónimo Besánguiz y Osiris Quintero, dos de los estudiosos que más concienzudamente han rastreado los pormenores de la batalla de Yaguajay, coinciden en apuntar que Camilo se percató enseguida de lo difícil que sería acceder a la fortaleza por vías tradicionales.

Fue entonces que el jefe rebelde aprobó la propuesta de construir una especie de blindado criollo, concebido a partir de un buldózer con protección adicional, que pudiera aproximarse al enclave militar para, desde él, incendiar el edificio y lograr la rendición enemiga sin necesidad de arriesgar a sus hombres o prolongar inútilmente el asalto.

Naná Quintero, que para entonces era jefe del Departamento Eléctrico en el ingenio Narcisa, contó a este reportero hace algunos años que cuando el artefacto estuvo listo alguien dijo que parecía un dragón y Camilo, ni corto ni perezoso, aprovechó aquel comentario para denominarlo definitivamente: "Vamos a ponerle Dragón I —concluyó—, porque a lo mejor tenemos que seguir haciendo dragones".

Cuentan los testigos que allí mismo Camilo probó el blindaje de la improvisada máquina de guerra, primero con una San Cristóbal y un M-1, y después con un Springfild y un Garand y al ver que este último podía perforarlo, lo mandó a reforzar con más chapa y con sacos de arena para evitar riesgos en la tripulación.

El Dragón I realizó salidas sucesivas hasta los predios del cuartel los días 26, 27 y 28 de diciembre, siempre en horario nocturno, y si bien desde el punto de vista militar no logró los resultados esperados (tampoco funcionaron los intentos de lanzar dos locomotoras y 50 carros ferroviarios con cargas explosivas contra la parte trasera del cuartel), sí provocó un efecto psicológico en la tropa sitiada, cuya moral se deterioraba día a día en la medida en que se prolongaban aquellas circunstancias.

Impuesto de la impaciencia de Camilo por la imposibilidad de rendir las huestes de Abón Lee, el Che viaja tres veces hasta Yaguajay para dar ánimo y aconsejar al hombre que luego él mismo definiría como el más brillante de todos los guerrilleros.

En una de esas incursiones, a manera de broma y en un ambiente evidentemente relajado, el Che le sugiere a Camilo que se quede con su boina para que pueda tomar el cuartel, a lo cual este enseguida le responde con una de las suyas: "Mejor llévate tú mi sombrero si quieres entrar a Santa Clara".

UNA RESISTENCIA OBSTINADA

Hasta el mismo cuartel llegó dos veces Camilo en persona para entrevistarse con Abón Lee a propósito de las negociaciones surgidas en el fragor de una batalla que la historia reconocería como la más larga de la campaña villareña y una de las páginas más brillantes de la epopeya cubana.

En las últimas horas de la batalla Camilo junto a un grupo de combatientes del Frente Norte. Foto: Perfecto Romero

En una de estas treguas el jefe de los revolucionarios, de apenas 26 años de edad, aprovecha la ocasión para repartir cigarros y tabacos a los asediados, muchos de los cuales no ocultan sus simpatías por el adversario excepcional que tenían en frente.

A partir del 26 de diciembre la situación se agrava dentro de la instalación por la escasez de alimentos y agua, la proliferación de heridos y enfermos que colapsa la enfermería y sobre todo por el desánimo de una tropa que ya a estas alturas de la contienda se sabe derrotada.

Tras once jornadas de asedio y combate, el 31 de diciembre, otros dos factores aceleraron el desenlace final de la acción: la llegada de un mortero enviado por el Che para reforzar la capacidad combativa de los atacantes, que enseguida se hace sentir, y el surgimiento de conatos entre la soldadesca que exigía el cese de aquella resistencia obstinada.

Alfredo Abón Lee, que venía persiguiendo las columnas invasoras desde la Sierra Maestra y que días antes había sido derrotado en Mayajigua, propone una nueva tregua para sacar del cuartel a los muertos y heridos, pero Camilo le dice que en este momento únicamente admite la rendición incondicional de sus fuerzas, lo que el oficial acepta finalmente a las cinco de la tarde.

Un rato después, el Señor de la Vanguardia se lo hace saber a su jefe en el lacónico informe que cierra este capítulo imprescindible de la historia militar cubana: Che: se rindió Yaguajay, estoy contando las armas, son más de 350 fusiles, 3 trípodes, 1 mortero 81, una bazooka y equipo, te veo mañana, Camilo.

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