ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Las gradas de todos los estadios han mostrado el colorido, entusiasmo e intensidad de los aficionados, como por ejemplo los puertorriqueños. Foto: Gregory Bull/AP

El IV Clásico Mundial de Béisbol baja sus cortinas con la sensación de que ha sido la mejor versión del magno evento de las bolas y los strikes, quizás por el compromiso y garra de los peloteros que decidieron enfundarse en su casaca nacional.

De acuerdo con los registros de asistencia a cada duelo, publicados en el portal oficial del certamen, cerca de un millón de personas se dieron cita en los estadios de Seúl, Tokio, Jalisco, Miami, San Diego y por último Los Ángeles, donde al cierre de esta edición se dirimía el choque por la corona entre Estados Unidos y Puerto Rico.

Las cifras son espectaculares y superan con creces los récords de las tres anteriores ediciones, en las cuales no se llegó ni siquiera a los 900 000 visitantes a los parques. Particular destaque en este sentido para el Tokio Dome y el Marlins Park, sedes que encabezan las mejores concurrencias de esta contienda.

En Miami, por ejemplo se rompió la marca de mayor concurrencia durante el match de la primera ronda entre Estados Unidos y República Dominicana, el cual presenciaron 37 446 aficionados, un buen grupo de ellos quisqueyanos entusiastas que no quisieron perderse uno de los retos más calientes de su selección.

Este detalle en particular llama mucho la atención, porque el Marlins Park se ubicó en el puesto 27 de asistencia entre todos los estadios de Grandes Ligas en la temporada del 2016. Pero ahora, las emociones del Clásico atraparon a 163 878 amantes del béisbol en los duelos de colombianos, canadienses, dominicanos y estadounidenses, con un promedio de 27 313 seguidores en las gradas.   

Sin duda, el compromiso de las jóvenes estrellas, el prestigio de luminarias con décadas dedicadas al béisbol, las remontadas y las grandes jugadas en momentos cumbres han acercado mucho más al público, incluso, en Estados Unidos, donde todavía se observa el torneo con cierto recelo por la negativa de varios hombres importantes de MLB a participar.

Por ejemplo, el lanzador de los Mets de Nueva York, Noah Syndergaard, uno de los serpentineros más poderosos de las Grandes Ligas, dijo que nadie entraba al Salón de la Fama por jugar o ganar un Clásico. Este tipo de opiniones mantienen vivo el escepticismo respecto al futuro de un evento que cuenta con los ingredientes para emular las lides mundiales de fútbol o baloncesto, los deportes colectivos más populares.

Sin embargo, otras grandes estrellas han rebatido esos criterios: «Cualquier posibilidad que tengas de representar a tu país, debes aceptarla porque estás destacando a la nación. Por eso nunca digo que no. Siento que estoy haciendo esto no solo por el país, sino por todos los dominicanos del mundo», dijo el torpedero José Reyes, uno de los 21 jugadores que ha participado en todas las ediciones desde el 2006.

Otros como el jardinero norteño Adam Jones ha dicho que lo que se logre en el Clásico «siempre será más importante», mientras el estelar antesalista Manny Machado expresó su deseo de que el torneo durara dos meses, criterio compartido con el máscara boricua Yadier Molina.

«Me gustaría que se jugara todos los años, para ser nosotros mismos y divertirnos (…). En Grandes Ligas es bien diferente, hay muchas reglas, que no son reglas escritas, que uno debe seguir, y hay que controlarse. En el Clásico no hay reglas, sales a jugar, a divertirte, aquí juegas por tu patria, por tu tierra y las emociones salen», aseguró Molina a ESPN.

Pero no hay que perder las esperanzas. Una de las grandes ausencias del Clásico, el patrullero de los Angelinos de Los Ángeles, Mike Trout, considerado casi de manera unánime como el mejor pelotero del mundo, ha hecho un guiño al certamen sobre su posible participación en el futuro en declaraciones recogidas por ESPN.

«Los juegos han sido buenos, divertido de ver. El parque en Miami tenía todas las capacidades vendidas. Eso es bueno para el béisbol (…). Ciertamente en algún momento de mi carrera, voy a hacerlo. Quiero decir, definitivamente, en el futuro, seguro».

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