ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
De izquierda a derecha: Marcelino Ríos, Orlando Carnota, Pastor Castel-Floret, Pedro Más y Julián Antonio Martínez. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Cuando en 1881 el prestigioso científico cubano Carlos Juan Finlay exponía su acertada teoría de que el mosquito Aedes aegypti era el agente transmisor de la fiebre amarilla, después de 24 intensos años de estudios e investigaciones, quizá no podría prever que más de un siglo después su ejemplo se multiplicaría.

Si se conversa con un médico cubano, si ese médico ha dedicado su vida a la salud pública, si acaba de recibir una Orden como la Carlos J. Finlay –el máximo galardón que confiere el Consejo de Estado de la República de Cuba a los profesionales que han alcanzado relevantes resultados en la esfera de la investigación científica–, el nombre del sabio camagüeyano saldrá a relucir sin dudas.

Para el Doctor en Ciencias Biológicas, profesor titular y consultante e Investigador de Mérito, Julián Antonio Martínez Fuentes, recibir esta distinción es «una de esas cosas que te deja sin aire», por la emoción y el honor elevadísimo.

«Me vienen a la mente mis hijos, mi esposa, mi madre… En ellos pensé cuando me dieron la inesperada noticia por teléfono», dijo el destacado profesor.

El doctor Marcelino Ríos Torres, director del Instituto Cubano Ramón Pando Ferrer, otro de los profesionales condecorados, afirma con orgullo que Finlay no es solo la primera figura de la ciencia en Cuba, «también fue oftalmólogo. Por tanto, esta medalla se la dedico a Finlay, de oftalmólogo a oftalmólogo, aunque hay una gran diferencia entre la altura de él y la mía», apuntó con modestia.

Una medalla, desde la más pequeña hasta la más grande es, a juicio del Doctor en Ciencias Pastor Castell-Florit Serrate, académico titular de la Academia de Ciencias de Cuba y director de la Escuela Nacional de Salud Pública (Ensap), mucho más que un reconocimiento individual. «No hay obra investigativa y científica que pueda ser fruto de uno solo, por eso esta orden es un reconocimiento a la Ensap, que es el primer centro de excelencia que ha tenido la salud pública cubana».

El doctor en Ciencias Médicas, especialista de primer grado en epidemiología e investigador de Mérito Pedro Más Bermejo; el doctor en Ciencias Económicas Orlando Carnota Lauzán, quien desarrolló investigaciones valiosas relacionadas con el impacto de la informática en la epidemiología y en la gerencia en los servicios de salud, entre otras; y la profesora titular, Consultante e Investigadora de Mérito, Luisa Álvarez Vázquez, con un trabajo destacado en salud sexual y reproductiva, planificación familiar y envejecimiento, merecieron también la Orden.

LA VIRTUD DE SER ÚTILES

Próximo a cumplir los 75 años el venidero septiembre, el doctor Julián Antonio Martínez Fuentes, también presidente y fundador de la Sociedad Cubana de Antropología Biológica y de la Cátedra de Antropología de la Universidad de La Habana, luego de la jubilación continúa trabajando. «Estoy en mi segunda vuelta», aportando siempre que pueda, dijo el profesor, para quien la edad no es impedimento para seguir siendo útil.

Si se le pide al doctor Marcelino Ríos Torres que escoja en sus recuerdos uno que lo haya marcado, no duda en responder que a 50 años de graduado como médico, «la experiencia más extraordinaria fue la presencia constante de Fidel en nuestra institución».

«En todo momento Fidel estuvo», dice, y lanza a ráfagas momentos como el Proyecto Orbis, que desafió el bloqueo cuando oftalmólogos estadounidenses, a bordo de un avión con el único hospital oftalmológico volante del mundo, visitó Cuba en 2004, y Fidel subió a la aeronave; o cuando se inauguraron las microcirugías en 1988, o la Operación Milagro.

De esta última, próxima a cumplir 15 años, dice que le «parece mentira todo lo que ha pasado desde que Fidel se apareció en la oficina un 9 de julio de 2004, casi a las ocho de la noche y a esa hora empezó a conversar de lo que era Milagro y la disposición de la institución de asumir esta actividad. El día 10 estábamos operando los primeros 50 casos. En apenas dos meses y medio la cifra aumentó a 13 000 pacientes. Hoy día hay más de cuatro millones de operados en todo el mundo».

El profesor Pastor Castell-Florit Serrate habla de una lección aprendida en 48 años de trabajo dentro del sector: el carácter humanitario que tiene trabajar en la salud pública. De esa convicción nace el consejo a los más jóvenes: son esenciales el sentimiento y el afán de humanismo, y pensar siempre en las personas.

«Si algo ha caracterizado a la salud pública cubana es no tener una mentalidad mercantilista, las nuevas generaciones tienen que saber que lo primero es el ser humano. Lo segundo es que no puede existir empirismo, para lograr resultados hay que investigar, hacer ciencia».

«Mi modesto aporte ha estado en las investigaciones en el campo de la intersectorialidad, como una forma de abordar no solamente desde el sector salud, sino de otros, todos los problemas de la salud pública, pues esta no es patrimonio del sector sanitario. Ello tiene que ver con todos los sectores de la sociedad y de la economía y ha sido un principio de la salud pública cubana», comentó.

El profesor Pedro Más ama la epidemiología, se nota sin esfuerzo. No es casual que rescate la memoria «del proceso investigativo que se llevó a cabo cuando la epidemia de neuropatía entre los años 1992 y 1995. Fue un proceso complejo, dirigido por Fidel, que requirió cada vez que se producía un hallazgo ir profundizando en la investigación epidemiológica».

En aquel momento, rememora, era director del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología, donde estuvo 14 años, «y me dieron la tarea de hacer un grupo de investigación que fuera determinando si la neuropatía era de etiología viral, alimentaria, tóxica… Aprendí muchísimo en esa epidemia, igual que se aprende en todas, pero en esa en particular, por la cual nos reuníamos con Fidel dos veces a la semana; eso me marcó», apuntó el profesor.

A los jóvenes les recomienda que estudien e investiguen, una cuestión que tiene mucho que ver con la práctica y la experiencia que se va adquiriendo. «Me hice investigador desde el servicio, porque ocupé responsabilidades en diferentes instancias, en el hospital de Trinidad, en la provincia y el municipio de Sancti Spíritus, en el Ministerio, el Instituto; y he trabajado mucho en la formación de investigadores de otros países. Transitar por el sistema es lo que me ha ayudado a consolidar e integrar las investigaciones».

Estudiar siempre, dice, prepararse para poder asumir con responsabilidad y preparación las tareas. Esa máxima la corroboró en esa ocasión donde una beca para defender el doctorado en la entonces Checoslovaquia le coincidió con su promoción a director del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología. Ya con la decisión de renunciar al doctorado para cumplir la misión encomendada, las sabias palabras del entonces viceministro Héctor Terry le recordaron que «para dirigir ese instituto lo primero que tienes que hacer es el doctorado».

El profesor Pedro Más Bermejo habla con orgullo de la escuela de epidemiología cubana, que ha sido referencia en el mundo. «En este momento tenemos que continuar fortaleciéndola, organizarla, darle más cientificidad, hacer investigaciones a más largo plazo, rescatarla, y es una prioridad para la Sociedad cubana de Higiene y Epidemiología».
 

ORGULLOSOS DE LA MEDICINA CUBANA

Todos coincidieron en estar orgullosos de formar parte de la medicina cubana. En medio de un contexto hostil donde Washington carga contra los profesionales de la salud de la Mayor de las Antillas y se infunden acusaciones sin sustento, el profesor Julián Antonio Martínez Fuentes no se muestra sorprendido.

«Tales acusaciones son parte de una campaña contra la Revolución Cubana. Se nos está asediando por todas partes, golpeando nuestra economía y posibilidad de desarrollo. Pero esta es una guerra de pensamiento, de símbolos, tenemos que perfilar bien por dónde encaminar nuestra respuesta. La ofensiva está en el plano ideológico, ahí es donde hay que fortalecerse», afirmó.

«Que diga todo lo que quiera decir Trump. Si quiere un ejemplo, que vea a nuestro Presidente en el reciente congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en un discurso formidable que demuestra cómo estamos preparados para enfrentar lo que venga», agregó el doctor Marcelino Ríos.

Para el doctor Pastor Castell, «acusar de esclavo o de ejército a un médico de nuestro país, que tiene decenas de miles de médicos en misiones internacionalistas, realizando labores de carácter humanista, es una aberración mental. Cuba es ejemplo en el mundo por su carácter humanitario y por lograr el bienestar y la salud», añadió.

El profesor Pedro Más tampoco se sorprende. «Siempre buscan pretextos para atacarnos, como lo hicieron con la guerra biológica, buscan desacreditar a nuestro gobierno.

«Los médicos sí son un ejército, pero de batas blancas, como lo han sido cuando la epidemia de Ébola en África Occidental y en otros lugares necesitados. Han prestado su ayuda en muchos países, cumpliendo su misión: la de salvar vidas, la de defender, como un ejército sí, pero la salud de las poblaciones», expresó.

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Alexis dijo:

1

6 de julio de 2019

11:58:41


Las palmas a todos a todos aquellos que incentivan el desarrollo de la ciencia y de las investigaciones... Gloria a Carlos J. Finlay

Dispuesto dijo:

2

15 de julio de 2019

12:06:46


Multiplicaos por miles . talento existe en Cuba para que de la mano de estos hombres llenos de experiencias y resultados hagan crecer la cantera científica en función del bienestar y el desarrollo de Cuba . cumplimentando la afirmación de Fidel que el futuro de Cuba seria de Hombres de Ciencia. Felicidades y gracias por seguir el ejemplo de Finlay y poner el nombre de CUBA en alto.