ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los resultados de la ciencia han sido fundamentales para poder sostener la producción arrocera. Foto: Ronald Suárez Rivas

PINAR DEL RÍO.–Casi siempre se mira hacia el surco, hacia las combinadas que recogen la cosecha, y la industria encargada de procesarla, pero detrás de los resultados en la producción arrocera, está también la mano de la ciencia.

Desde la manera en que se preparan los suelos y la semilla que se emplea, hasta la forma en que se aplican los riegos y los fertilizantes, no hay una sola actividad que no tenga implícitas montones de horas de investigación en los laboratorios y en parcelas experimentales.

En ocasiones, el tiempo de espera ha llegado a sobrepasar los diez años de trabajo.

Sin embargo, se ha revertido luego en plantas más resistentes a las variaciones del clima y las enfermedades, en cosechas más cortas y con menor gasto de insumos.

Las dos variedades que hoy se introducen en el sector cooperativo y campesino de varios territorios del país, logradas por especialistas de la unidad científica tecnológica de base Los Palacios, perteneciente al Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), requieren, por ejemplo, un 15 % menos de agua que las tradicionales, y un 30 % menos de fertilizantes.

Fundada en 1973 en el municipio pinareño de Los Palacios, para dar respuesta al desarrollo agrícola de la provincia –donde se estableció uno de los mayores polos arroceros de la Isla–, la institución tiene en su haber la creación de 15 nuevas variedades de arroz, y también importantes resultados en el manejo del agua, que en la actualidad forman parte del instructivo técnico del cereal, y que han llegado a ser reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
 

ARROZ CON MENOS AGUA

El doctor en Ciencias Ricardo Polón explica que por su tecnología, el arroz es el cultivo que más agua consume a nivel mundial. Por ello hace varias décadas que en nuestro país se llevan a cabo investigaciones, para tratar de reducir la utilización de ese importante recurso, sin afectar los rendimientos agrícolas ni el comportamiento industrial del grano.

«Hasta el año 1987 –señala Polón– las normas de riego establecían entre 14 000 y 16 000 metros cúbicos (m3) por hectárea, pero gracias a la labor de los científicos de varias instituciones, esas cifras se han reducido considerablemente.

«En la actualidad se encuentran entre 8 500 y 11 500 m3», precisa Polón, quien es autor de algunos de los estudios que han contribuido a ello.

Tal es el caso del que fijó la suspensión del riego cuando las plantaciones se encuentran al 50 % de la floración, y de la aplicación del estrés hídrico, los cuales fueron reconocidos en su momento por la FAO.

Con el primero de ellos, detalla el especialista, disminuye entre 20 y 45 días el tiempo de suministro de agua (en dependencia de la época del año en que se realiza la cosecha), mientras que el segundo permite por cada hectárea, elevar los rendimientos de una a dos toneladas, y economizar alrededor de 2 000 m3 del vital líquido.
 
MIRANDO AL FUTURO

En tiempos en que los efectos del cambio climático han dejado de ser una abstracción, y cada vez resultan más preocupantes el ascenso de las temperaturas y los prolongados periodos de sequía, el desafío para la ciencia se vuelve mayor.
Ni los embalses, ni la red de canales que se construyeron en otra época, hoy significan garantía de agua, ni puede contarse con lo que una vez estuvo bien definido como época de lluvia o de seca, de frío, o de calor.

De ahí que sigan siendo una prioridad el mejoramiento de las variedades, y los estudios en busca de una mayor adaptación de los ecosistemas arroceros a las condiciones actuales, y sobre todo, a las que pudieran darse en los próximos años, de continuar acentuándose el calentamiento global, la salinidad de los suelos, y los eventos meteorológicos extremos.

Según el doctor en Ciencias Lázaro Alberto Maqueira, hay cultivares que han sido muy productivas, pero con el aumento de la temperatura, tienden al vaneo (falta de granos), y también hay otras cuyos ciclos han estado cambiando.

«La INCA LP-5, por ejemplo, debería durar de 120 a 130 días en el campo, y en los últimos tiempos ha estado llegando a 140 y a 150», dice.

En sentido general, los ciclos normales del arroz se adelantan o se atrasan en dependencia de si el clima es más o menos cálido, y ello hace que varíe, por ejemplo, el momento de aplicar los fertilizantes, señala Maqueira.

Ante esta realidad, explica que en Los Palacios vienen estudiando qué variedades se adaptan mejor a los efectos del cambio climático, recopilando toda la información posible para impulsar el programa de mejoramiento genético hacia el futuro.

Las investigaciones incluyen pruebas de laboratorio en condiciones semicontroladas y en el campo, simulando esas temperaturas que pudieran registrarse a corto y a mediano plazo, y la modelación del comportamiento del cultivo ante los distintos escenarios que podrían presentarse.

Además del arroz, trabajan con alrededor de 40 variedades de otros granos como el frijol, el maíz, la soya y el sorgo, para determinar las que poseen una mayor resistencia, y contribuir a la producción de semillas, para que puedan ser diseminadas.

No es la primera vez que la institución pinareña asume el reto de buscar soluciones que ayuden a sostener la producción. Antes tuvieron que hacerlo para sortear los problemas ocasionados por la sogata, el ácaro, la pyricularia…

Por ello, a pesar de sus 15 variedades, sus productos para reducir el uso de químicos, y las metodologías para el riego más eficiente y el diagnóstico de plagas y enfermedades, los especialistas que laboran en ella aseguran que el quehacer de la ciencia, como la vida, nunca se detiene.

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wbc dijo:

1

24 de julio de 2017

09:07:32


la ciencia no se puede quedar en la gabeta.

wbc dijo:

2

24 de julio de 2017

13:51:08


aplicar la ciencia es lo minimo q podemos hacer por esas personas q gastan su tiempo y talento en investigaciones.