ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El túnel de Línea cubierto por las aguas del mar durante la fuerte inundación costera que ocurrió en la capital el 13 de marzo de 1993. Foto: Ernesto Mastrascusa

Dada su condición insular, configuración físico geográfica y la existencia de zonas bajas en gran parte de ambos litorales, desde tiempos lejanos Cuba ha estado expuesta a la ocurrencia de inundaciones costeras por entrada del mar.

Como muestran los resultados de diversas investigaciones, las situaciones meteorológicas que las causan son los huracanes, frentes fríos, la presencia de fuertes vientos de región sur, y las combinaciones de sistemas de altas y bajas presiones.

Los tramos del país donde tienden a ser más frecuentes incluyen el malecón habanero, las costas del Golfo de Batabanó, la zona comprendida entre Gibara y Guardalavaca, de Punta María Aguilar a Cabo Cruz, y el malecón de Baracoa.

En nuestro archipiélago las inundaciones costeras de mayor envergadura conocidas se debieron al efecto de la marea de tormenta o surgencia provocada por los huracanes del 9 de noviembre de 1932 (el agua alcanzó una altura de 6,5 metros y barrió con el poblado de Santa Cruz del Sur) y el del 18 de octubre de 1944, ocasión en la cual el mar penetró hasta diez kilómetros tierra adentro en las localidades de Guanímar y el Cajío, en la entonces costa sur de La Habana, donde llegó a niveles de entre cuatro y seis metros.

MALECÓN HABANERO EN LA MIRILLA  

Según indicó a Granma el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, historiador de la Meteorología en Cuba, durante los siglos del XVI al XVIII las actas capitulares, las crónicas de prensa y otros documentos de la época, no contienen muchas referencias sobre la afectación de inundaciones costeras en la urbe capitalina y ello obedece a que La Habana nació y creció protegida alrededor de su bahía.

Así la infraestructura citadina solo podía ser perjudicada por los huracanes y las grandes tormentas, pero básicamente debido al efecto del viento de gran velocidad y las lluvias intensas.

Sin embargo, resaltó Ramos Guadalupe, tras el proceso de expansión de la ciudad extendida en dirección oeste, más allá del centro histórico y el recinto amurallado, la urbanización avanzó hacia una zona con litoral en extremo vulnerable.

«De esta forma lo que en el siglo XIX había sido la calle Ancha del Norte, devino en el malecón, mientras en el área comprendida entre la calle San Lázaro y el antiguo monte del Vedado, hasta la desembocadura del río Almendares, comenzaron a aparecer calles con grandes casas y edificios frente al mar, muy beneficiados por la refrescante brisa, pero también a merced del embate de las marejadas».

Igualmente los frentes fríos dejaron una huella en cuanto al alcance del mar y sus efectos destructivos. Ocurrió así por ejemplo con las inundaciones costeras registradas el 12 de enero de 1908, del 2 al 4 de febrero de 1917, y el 27 de febrero de 1952, las tres con impacto significativo en los hoy municipios de Plaza de la Revolución y Centro Habana.

Consultada sobre el tema, la doctora en Ciencias Ida Mitrani Arenal, Investigadora Titular del Instituto de Meteorología (Insmet) y Académica Titular de la Academia de Ciencias de Cuba, refirió que el comportamiento de los mencionados eventos depende de un grupo de factores donde aparecen las características geográficas de la localidad, la organización e intensidad del fenómeno meteorológico que la genera, la velocidad, tiempo de afectación y ángulo de dirección del viento con respecto a la costa (mientras más perpendicular provoca mayores daños), así como la dimensión del oleaje, incluida la frecuencia de llegada de los trenes de olas, la fase predominante de la marea astronómica, el mal drenaje del lugar y las deformaciones antrópicas realizadas en la zona costera.

Precisó que en el caso particular del malecón habanero, el Centro de Meteorología Marina del Insmet clasifica la magnitud de las inundaciones costeras en ligeras, moderadas y fuertes, en dependencia de la probable altura de la ola y la extensión que pudiera abarcar el área cubierta por las aguas del mar tras sobrepasar el muro.  

Tomando en cuenta lo anterior se consideran ligeras aquellas con olas inferiores a los cuatro metros y donde el tramo inundado no rebasa la calle Tercera; moderadas si las olas fluctúan entre cuatro y cinco metros y el agua llega hasta Calzada; en tanto se consideran fuertes las producidas por olas de más de cinco metros y donde el torrente de agua alcanza la calle Línea por G.

Desde 1980 a la fecha, subrayó la doctora Mitrani, hemos observado una tendencia al incremento en la ocurrencia de inundaciones costeras en Cuba, aunque existe una alternancia de periodos de más alta y baja frecuencia que se corresponden con la periodicidad e intensidad del paso de sistemas tropicales y extratropicales.

Si bien la aplicación de los modelos numéricos ha permitido hacer pronósticos de alta calidad de inundaciones costeras en plazos de hasta 48 horas de antelación con un 80 % de efectividad, y de rango satisfactorio para el plazo de 72 horas, aún es imposible para la ciencia más avanzada lograr predicciones completamente certeras.

Al respecto, la doctora Ida Mitrani explicó que los medios tecnológicos actuales y los conocimientos humanos no son capaces de detectar o interpretar en toda su dimensión cambios repentinos que ocurren en la circulación atmosférica, en particular los sucedidos a escalas bien pequeñas.

«Ello hace por ejemplo que un evento meteorológico causante de una inundación costera pueda debilitarse o intensificarse en muy poco tiempo, estacionarse, apartarse del movimiento previsto inicialmente, reducir o ampliar su campo de influencia, por tanto existe siempre cierto grado de incertidumbre en dichos vaticinios». También la falta de percepción del riesgo por parte de la población y las dependencias estatales asentadas en las zonas expuestas a tal peligro, el desconocimiento de lo sucedido en el pasado frente a contingencias similares, y las vulnerabilidades imperantes, aumenta la probabilidad de sufrir mayores daños, acotó la especialista.

Y aunque hoy se valoran varias alternativas dirigidas a atenuarlas, como bien expresa el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, el acoso del mar es parte del precio que la ciudad de La Habana ha tenido y tendrá que pagar como tributo a su espléndida ubicación geográfica.

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Joaquin B Sanchez dijo:

1

18 de febrero de 2017

07:05:39


Aunque hoy se valoran varias alternativas dirigidas a atenuarlas.Señores:Ya las causas las sabianos .En tu reportaje estabamos esperando,aunque sea .UNA SOLA ALTERNATIVA.PLEASE.

Joaquin B Sanchez dijo:

2

18 de febrero de 2017

09:27:46


Aunque hoy se valoran varias alternativas dirigidas a atenuarlas.Diga una SOLO.

Anguito dijo:

3

18 de febrero de 2017

11:15:15


En el subtitulo de su trabajo menciona otrs regiones del país (las costas del Golfo de Batabanó, la zona comprendida entre Gibara y Guardalavaca, de Punta María Aguilar a Cabo Cruz, y el malecón de Baracoa),pero su trabajo solo describe en trece parrafos lo que pasa en el malecón habanero,esto es importante pero eso no solo es Cuba y el resto de acá qué ?

oflaven dijo:

4

18 de febrero de 2017

15:51:46


Este articulo da la impresión que se realiza para justificar el error cometido por el departamento de pronósticos cuando informo en el propio Granma el dia 21 que la penetración seria moderada, lo que excepto para estos científicos, la población interpreta que las olas interrumpen la circulación del tránsito por el Malecón. !Moderada! y el agua subió mas de 1 metro en la calle 5ta y llego a Calzada. Cuantas viviendas, comercios y oficinas se encuentran ubicadas desde el Malecon hasta 3ra o 5ta? No se produjo ninguna alerta a la población cuando se comprobó en horas de la tarde del 23 que habrían inundaciones, pudiéndose utilizar las patrullas de la policía con altoparlantes y los vehículos del PP y el PCC del municipio para alertar a la población y no se hubieran perdido tantos colchones, muebles y equipos electrodomésticos, etc. Nuestro país puede interrumpir las trasmisiones radiales y de TV para alertar un fenómeno como ese y no se hizo nada. Ciertamente después se produjo una rápida movilización de recursos para vaciar cisternas, garajes limpiar calles etc, por parte de los órganos del PCC y el PP, , pero lo cortés no quita lo valiente, Sres. científicos.

ARMANDO dijo:

5

19 de febrero de 2017

20:07:54


Como especialista quero dejar bien claro y aunque el artículo así lo refleja que jamás puede hablarse de error cuando un pronóstico no se cumple, la palabra lo dice bien claro PRONÓSTICO, ESO INDICA PROBABILIDAD, PERO EN NINGUNA ESFERA DE LA VIDA SON CIENTO POR CIENTO CERTEROS, NI EN MEDICINA CON LA EVOLUCIÓN DE UN PACIENTE, NI EN POLÍTICA COMO HEMOS VISTO EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS EN VARIOS PAÍSES, NI EN LAS GUERRAS, LA ECONOMÍA, NI EN PELOTA, DONDE TODOS LOS PRONÓSTICOS DECÍAN QUE EL CAMPEONATO LO DISCUTIRÍAN CIEGO Y MATANZAS, Y YA VEN LO QUE PASÓ, GANÓ EL INESPERADO GRANMA, ASÍ QUE POR FAVOR NO VUELVAN A DECIR QUE HUBO UN ERROR PORQUE INCLUSO Y COMO QUEDA BIEN ESCLARECIDO EN EL TRABAJO LA EFECTIVIDAD PARA 48 HORAS ESTÁ EN EL ORDEN DEL 80 %, ES DECIR HAY UN MARGEN DE INCERTIDUMBRE SIEMPRE, Y MÁS EN LA ATMÓSFERA QUE ES SUMAMENTE CAMBIANTE EN POCAS HORAS. En cuanto a que se hace mucho énfasis en el malecón eso obedece a que es la zona de Cuba donde suelen ocurrir con mayor frecuencia las inundaciones costeras más grandes, si se fuera a hablar de lo que históricamente ha sucedido en los otros tramos costeros mencionados no alcanzaría el espacio del periódico, además las clasificaciones de ligeras, moderas y fuertes se hacen específicas para cada ZONA del país EXPUESTA A ESE FENÓMENO, en este caso lo esencial era explicar como se interpretan esos términos para el caso del litoral norte habanero.