ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La gráfica muestra la severidad de los daños provocados por el mayor brote de tornados ocurrido en Cuba el 16 de marzo de 1983. Foto: Liborio Noval

Más allá de figurar entre los meses más lluviosos del año junto con septiembre y octubre, junio resalta también por tener la más alta frecuencia de tornados en nuestro país, los cuales constituyen sin duda el componente más dañino y peligroso de las denominadas tormentas locales severas.

Investigaciones realizadas por el fallecido y reconocido meteorólogo matancero Arnaldo Al­fonso pusieron de manifiesto que estos fenómenos naturales tienen una alta incidencia en la Ma­yor de las Antillas, incluso, similar a las de al­gunas de las zonas más activas del mundo, de ahí la importancia de divulgar sus características pa­ra que la población sepa cómo actuar y protegerse frente a ellos, aunque usualmente son mu­cho menos fuertes a los que se registran en las grandes llanuras del centro oeste de los Es­tados Unidos.

Visto de manera general el tornado es un violento torbellino de aire y vapor de agua, que surgido a partir de una nube de tormenta de gran de­sarrollo vertical hace contacto con la superficie. Toma la apariencia de un enorme embudo producido por el polvo, la tierra y los diversos ob­jetos levantados y arrastrados a causa de la notable intensidad del viento.

Cuando el “embudo” no toca el suelo y que­da suspendido en el aire se le dice rabo de nube, término que suelen darle popularmente los campesinos cubanos. En algunos lugares prefieren llamarlos manga de viento.

Para Cuba en particular suelen tener un promedio de vida entre diez y 15 minutos, en con­tadas ocasiones recorren más de tres kilómetros en su desplazamiento y aún en los más grandes el ancho promedio no rebasa los 500 me­tros.

Ello explica que estructuras poco resistentes cercanas al borde exterior de la trayectoria del tornado permanezcan casi intactas, mientras que otras mucho más sólidas afectadas directamente por la zona central resulten totalmente arrasadas.

Igualmente tienen una presión atmosféri­ca muy baja y el radio de giro del viento sumamente pequeño, lo cual propicia que puedan presentar velocidades cercanas o superiores a los 500 kilómetros por hora en casos extremos, como el ocurrido en mayo de 1999 en Okla­­ho­­ma, Estados Unidos, que destruyó miles de ca­sas y provocó la muerte de más de 50 per­sonas.

Varios estudios sobre el tema, desarrollados por especialistas del Instituto de Meteorología, indican que los tornados surgen cuando imperan condiciones de gran inestabilidad atmosférica, entre ellas la existencia de un flujo de aire muy húmedo y cálido en la superficie, y el predominio de temperaturas muy frías entre los cin­co y seis kilómetros de altura, que pueden es­tar en el orden de los menos diez grados Cel­sius y hasta un poco más bajas.

Pueden presentarse asociados a líneas de tor­mentas prefrontales, a frentes fríos moderados y fuertes en la etapa invernal, o inmersos en la circulación de los ciclones tropicales. En es­tos casos son capaces de ocasionar daños su­periores a los generados por los vientos máximos sostenidos del huracán.

Según  aparece en el libro Climatología de las tormentas locales severas de Cuba. Cro­nología, del ya citado meteorólogo Arnaldo Al­fonso, el célebre huracán del 9 de noviembre de 1932 que devastó el poblado camagüeyano de Santa Cruz del Sur causó al menos cuatro tor­nados conocidos, uno de los cuales produjo da­ños considerables en Camajuaní, localidad relativamente distante a la trayectoria seguida por la región central del meteoro a su paso por el país.

También hay indicios bastante fundamentados de la ocurrencia de tornados durante el azo­­te del célebre ciclón del 20 de octubre de 1926, y los huracanes Lili en octubre de 1996, y Charley en agosto del 2004, por citar algunos ejemplos.

Pero el brote de tornados más notable re­gistrado en Cuba tuvo lugar el 16 de marzo de 1983 cuando hubo un total de siete en zonas de Pinar del Río y la actual provincia de Mayabe­que. Lamentablemente perecieron varias personas y las afectaciones a las instalaciones fueron significativas.

La escala Fujita-Pearson es la utilizada para clasificarlos de acuerdo con la magnitud de los des­trozos observados en las casas, edificios, ár­boles, torres de televisión y otras estructuras, análisis que posibilita hacer un estimado de la velocidad del viento que hubo en el lugar azotado por el tornado. Dicha escala los agrupa por orden ascendente de intensidad en las categorías de F0, F1, F2, F3, F4, F5 y F6. Así un F0 deja daños ligeros, en tanto un F5 resulta totalmente devastador.

El más intenso de los reportados hasta el presente en Cuba  fue el del  26 de diciembre de 1940 en Bejucal, que causó 20 muertos, más de 100 heridos y el derrumbe de numerosas casas.

Al parecer tuvo un ancho aproximado de 400 metros y alcanzó la categoría F4 con vientos estimados de 350 kilómetros por hora.

Resulta llamativo otros dos tornados F4 en los poblados de Pedroso, Matanzas, y Cruces, Cienfuegos, que con apenas 24 horas de diferencia, se produjeron en mayo de 1999, un hecho sin precedentes en la estadística de tales fenómenos en el archipiélago cubano.

La relación de casos notables contempla, además, los del municipio matancero de Colón el 8 de febrero de 1978, Rodas el 24 de octubre de 1952, Cienfuegos el 14 de agosto de 1911, y más reciente en Campechuela, provincia de Granma el 13 de mayo del 2012, que perjudicó decenas de viviendas.

Tomando en cuenta su reducida escala y rá­pido desarrollo, al formarse en muy poco tiempo son difíciles de predecir, aunque la presencia de algunas de las condiciones meteorológicas mencionadas con anterioridad posibilita alertar sobre la existencia de factores favorables a la ocurrencia de tiempo severo en determinada zona, incluyendo los tornados.

De acuerdo con los resultados de varias in­vestigaciones emprendidas por meteorólogos cubanos, estos sistemas son más frecuentes en los meses de mayo a julio y la mayoría tienden a presentarse entre el  mediodía y el atardecer, con el pico máximo de cuatro a cinco de la tarde.

¿CÓMO ACTUAR ANTE UN TORNADO?

En caso de observar la formación de un tornado que se dirija hacia el lugar donde estamos, lo recomendable es protegerse en el interior de una edificación sólida con las ventanas y puertas bien cerradas, permaneciendo alejadas de las mismas mientras dure el peligro.

Si lo sorprende en un vehículo bájese de in­mediato y trate de buscar un refugio seguro. Recuerde que la fuerza del viento de un tornado F3 (de 253 a 330 kilómetros por hora) es capaz de levantar en peso y lanzar a cierta distancia automóviles y otros medios de transporte ligeros. De estar en un campo abierto la me­jor forma de resguardarse es acostarse boca abajo sobre el suelo en una depresión o cuneta del terreno, hasta que el tiempo mejore.

A diferencia de los ciclones tropicales, que al seguirse su trayectoria con suficiente antelación posibilita la toma anticipada de medidas para proteger las vidas y los bienes de la familia y la economía, los tornados casi siempre nos toman desprevenidos y en dependencia de la fuerza y sitio por donde pasen, pueden dejar una estela de destrucción en apenas unos po­cos minutos.

Como sucede también con las descargas eléc­tricas (constituyen la primera causa de muer­te anual por eventos atmosféricos en Cu­ba), lo principal es evitar imprudencias que pue­den costar bien caro.

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pichi dijo:

6

15 de junio de 2016

10:02:39


Tambien quería informarles que este fin de semana en mi municipio sierra de cubitas hubo una lluvia de granisos sin agua repartieron tejas en toda la población.El estado se preocupa por el pueblo.