ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La ciencia es esencialmente una manera de pensar. Foto: Yaimí Ravelo

El debate sobre la ciencia en Cuba está ganando en intensidad. Y no es sobre algún resultado científico obtenido por una u otra institución, que siempre ha existido. Ahora es el debate sobre la ciencia misma, cuáles son sus espacios, cómo la hacemos crecer y hasta dónde, cómo la conectamos con otras esferas de la vida cubana, cómo la evaluamos y po­tenciamos su función social.

Mucha gente asocia la ciencia con laboratorios, batas blancas y equipos complicados. Esa es una imagen equivocada, o al menos incompleta: la ciencia es esencialmente una manera de pensar. Es una práctica humana encaminada de manera intencional a producir conocimiento nuevo. No es usar inteligentemente el conocimiento acumulado (lo que también necesitamos) sino  crear el que no existe.

Ante un problema concreto que nos desafía, un enfoque no-científico hace que reaccionemos con “la experiencia”, el arsenal de conceptos y actitudes que poseemos, y eso mu­chas veces funciona bien. Pero el enfoque científico va más allá: se parte del problema, se descompone en sus partes, se construyen hipótesis sobre las posibles explicaciones, se buscan los datos directamente o a través de instrumentos, se analizan y se llega a conclusiones.

Tal descripción contiene la idea de que las conclusiones científicas deben producir predicciones comprobables, que guíen futuras acciones, y el concepto de que ellas puedan ser verificadas independientemente por personas diferentes. Ese es el método científico, del que pueden y deben apropiarse todos los cubanos para usarlo en su función social cualquiera que esta sea, de la misma manera en que nos apropiamos (y convertimos en derecho de todos) de la capacidad de leer y escribir en 1961.

La Ciencia en Cuba
La cultura cubana tiene en su haber una comprensión temprana de la importancia del método científico y de la institucionalidad cien­­­tífica, sembrada aun desde la época colonial por personalidades de la estatura intelectual y moral de Félix Varela, José Martí y Carlos J. Finlay. La Real Academia de Ciencias Mé­di­cas, Físicas y Naturales de La Habana se fundó en 1861 y fue la primera de ese tipo (científica, electiva, basada en méritos) creada fuera de Eu­ro­pa.

La Revolución de 1959 multiplicó el potencial científico del país en un esfuerzo enorme de inversión y formación de capital humano, guiado por la visión y la ejecutoria de Fidel  quien en 1960 (fecha anterior a la Campaña de Alfabetización) dijo que “el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”, y luego en 1993 (el año más complejo del periodo especial) precisó que “la ciencia y las producciones de la ciencia deberán ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional”.

Varias décadas de colaboración con la Unión Soviética y los países socialistas de Europa  po­tenciaron nuestro desarrollo científico. Miles de científicos y técnicos cubanos se formaron allí, y también en muchas otras naciones, so­cialistas o no.

Así llegó Cuba a los finales de los años 80, ubicada entre los países de Alto Desarrollo Humano, con indicadores sociales envidiables incluso para países que tienen muchos más recursos económicos. En ese contexto y a partir del conocimiento acumulado nació la industria biotecnológica nacional. Poco después cayó el muro de Berlín, y seguidamente desapareció la URSS.

Las heridas del Periodo Especial
La gente suele vincular el periodo especial a ese último hecho, que tuvo ciertamente un enorme impacto; pero no se puede olvidar que en 1992 fue firmada la Ley Torricelli, en 1996 la Ley Helms-Burton, y en el 2004 el llamado “Plan Bush” contra Cuba. La persecución organizada a nuestras transacciones financieras se multiplicó, el comercio exterior cayó en más de un 80 %, el Producto Interno Bruto (PIB), descendió un 35 %, disminuyeron los ingresos reales de los trabajadores y  también la disponibilidad de alimentos y medicamentos, en­tre otras afectaciones severas.

Sorprendentemente para muchos en el mundo (no para nosotros) Cuba salió victoriosa de la prueba. La cohesión social no fue quebrada, la soberanía nacional se defendió con éxito, y mantuvimos los indicadores de salud y educación. Asimismo, la industria biotecnológica multiplicó sus exportaciones, y se reinició el crecimiento del PIB.

Pero aun de las batallas victoriosas, se sale con heridas. También las hay en el campo de la ciencia y sería absurdo intentar no verlas. Los indicadores de volumen y productividad de la actividad científica fueron erosionados durante el periodo especial, incluido el capital humano. Varios de estos importantes indicadores, que una vez estuvieron por encima de la media latinoamericana, hoy están por de­bajo. Es de esperar que, luego de etapas de grandes dificultades económicas, la ciencia, por su propia orientación al largo plazo, tienda a recuperarse más lentamente que otras esferas de la sociedad, pero hay una línea invisible después de la cual las dificultades transitorias se hacen permanentes, y a ese punto no podemos llegar.

Ahora, y en el marco de la implementación de la Política Económica y Social aprobada por el Sexto Congreso del Partido, la tarea es identificar y hacer cicatrizar cada una de las heridas y secuelas.

De poco valdría la heroica resistencia del pueblo cubano en las últimas dos décadas si de ella no hiciéramos surgir la sociedad socialista, próspera y sostenible que anhelamos y necesitamos. Para ello necesitamos la ciencia, mucha ciencia y en muchos espacios de nuestra sociedad.

Desafíos actuales
La superación del periodo especial y el emprendimiento de la construcción de un socialismo próspero y sostenible van a ocurrir; pero ello no va a ser un retorno a la década de los 80. Será diferente porque el mundo es distinto y los países pequeños no podemos asentar nuestra soberanía en una autosuficiencia económica imposible, sino en una inserción inteligente en la economía mundial, en sus flujos de bienes, servicios y conocimientos.

Ese es el desafío económico. Por el tamaño de su población Cuba no tiene, como China, una enorme demanda interna que atraiga  la industrialización. Tampoco posee recursos mi­nerales y energéticos en qué basar sus exportaciones, ni tiene, enormes extensiones de tierra para la agricultura, la ganadería y las agroex­por­taciones.

Nuestra palanca de crecimiento económico tendrá que ser los bienes y servicios de alto valor añadido, basados en la ciencia y la técnica. Fidel lo expresó así en 1993: “tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia… y ese es nuestro lugar en el mundo… no habrá otro”. Hacer esto requerirá empresas activas en la ciencia y la tecnología, e instituciones científicas conectadas con las empresas. Tendremos que inventar e implementar el marco jurídico para tales interacciones. Las entidades científicas tendrán que cambiar; las empresas también. También hay que diseñar de qué forma podrían surgir nuevas empresas de alta tecnología, a partir de organizaciones académicas o universitarias con productos y servicios maduros para esa “incubación”.

Hoy nuestra población no crece, y envejece. Aunque entre las causas de este fenómeno están innegablemente los problemas económicos, el cambio demográfico es producto también del aumento de la esperanza de vida de los cubanos y del nivel educacional de la mujer que hace reducir la natalidad. Es un problema que tiene en su base fenómenos sociales positivos, pero es un problema al fin. Ese es el desafío demográfico. Requerirá una estrategia de salud pública orientada a las enfermedades crónicas relacionadas con el envejecimiento; y una política laboral que permita a los cubanos ser socialmente productivos hasta edades avanzadas. Para ello necesitamos ciencia, y mucha.

La defensa de nuestra cultura y de nuestros valores debe ocurrir ahora en un mundo globalmente conectado, con rápidos flujos de información e influencia cultural. La pregunta de si la globalización conduce a una empobrecedora uniformidad cultural bajo la hegemonía de los que tienen más recursos para producir información, o si nos abre el camino de una diversidad cultural enriquecedora, no está todavía respondida.

Ese es el desafío social. Enfrentarlo también re­querirá de enfoques científicos, particularmente en las ciencias sociales. Ello incluye construir una teoría y una práctica de lo que debe ser la empresa estatal socialista, sus relaciones internas en la microeconomía y sus conexiones con la ma­croeconomía.

Mientras más avancemos hacia la “alta tecnología” en las empresas, mayor será el carácter social de la producción, y más fuerte el socialismo.

Vamos a necesitar una infraestructura científica grande y eficaz para proporcionar un flujo de conocimientos y tecnologías a la medida de las tareas de la sociedad cubana.

No se trata de “mantener” las capacidades científicas, sino de hacerlas crecer. Ese es el desafío de la ciencia. La recuperación y el reinicio del crecimiento del potencial científico habrá que medirlos con indicadores objetivos, de los que se rinda cuenta al pueblo. Se requerirá un balance inteligente entre la ciencia necesariamente cortoplacista que se hace en el sector empresarial, y la ciencia con visión a mediano y largo plazos, practicada de manera básica en el sector presupuestado. Institucionalidad para la ciencia y vías de financiamiento deben existir en ambos sectores, el empresarial y el presupuestado, evitando el sesgo hacia uno u otro extremo.

Sobre estos temas fueron los debates en el pleno de la Academia de Ciencias la semana pasada y en otros espacios y sesiones de trabajo. No tenemos todo el tiempo del mundo para enfrentar con éxito tales retos. Vamos a necesitar una sociedad (no una u otra institución especializada, sino toda una sociedad) capaz de armarse con una cultura científica y utilizarla en las decisiones cotidianas, estudiar al mundo, razonar con datos, diseñar alternativas con hipótesis comprobables, evaluar el impacto de las decisiones, rechazar la improvisación, la decisión caprichosa, la pseudo-ciencia, la imitación sin crítica y la superficialidad.

Ahora es cuando más necesitamos de la ciencia.

* Director del Centro de Inmunología Mo­le­cular

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Luis A. Montero Cabrera dijo:

1

14 de marzo de 2015

10:31:33


Un excelente artículo del Dr. Lage. Deseo enfatizar los conceptos de que la sociedad moderna, y sobre todo una que aspira a ser socialista, tiene que estar necesariamente guiada por estos conceptos científicos. No se trata de consignas muy manoseadas en teorías creadas y fracasadas del pasado. Se trata de pensar científicamente, sin que esto sea un dogma o algo que es preciso creer para ser socialmente aceptado, porque entonces dejaría de ser científico. Muchas gracias por este artículo.

Rafael dijo:

2

14 de marzo de 2015

10:45:22


Fui testigo de ese debate y realmente me llamó la atención la conciencia que existe entre los académicos cubanos sobre el riesgo de llegar a un punto crítico de no retorno, y que el mayor riesgo está en perder ese capital humano que hemos formado. Es un abismo inmenso lo que separa en motivaciones a un científico de un profesional que trabaja en cualquier otro sector del país, a lo que se ha sumado la nueva ley de emigración que te permite contratarte en ecuador, angola o cualquier país del mundo por salarios tan altos como 5000 usd mensuales y mejores condiciones de trabajo sin que eso implique traicionar o desertar....Hay que atemperar la ciencia cubana a las nuevas condiciones y no puede ser una inmolación o sacrificio para nuestras familias y una renuncia a nuestras aspiraciones personales (todavía tengo mi carta para comprar el carro de recuerdo en una gaveta) que nosotros hallamos decidido quedarnos aquí a intentar hacer ciencia para nuestro país, muchas veces contra incomprensiones. Los decisores deben saber que no queda tiempo, no es algo que luego se pueda recuperar en cinco o diez años. Confiamos en que la dirección de la Revolución comprenda esto y no se dilaten más acciones que resultan impostergables. Si vamos a ser un país de hombres de ciencia, hay que buscar mecanismos para proteger ese valioso capital humano que hemos formado durante tantas décadas y no se pueden obviar ni olvidar las ideas y concepciones de Fidel al respecto.

Néstor del Prado Arza dijo:

3

14 de marzo de 2015

15:51:45


Excelente artículo, contundente y entendible. Espero que salga a la luz un nuevo libro del Dr. C. Agustín Lage, en el que desarrolle ese importante concepto de la alfabetización nacional en el dominio y empleo del método científico.

Ernesto Gainza lezcano dijo:

4

14 de marzo de 2015

16:44:32


Es cierto que hacer ciencia es una forma de pensar no es tener una ropa de Laboratorista o de investigador, ni equipamiento, pero Dr. Agustín Lage profesor de las nuevas generaciones, que hacemos aquellos que tenemos ideas novedosas y no tenemos las vias de concretarlas, yo soy Biólogo de la Univ. de la Habana hace 20 años, se que soñar no cuesta nada, quisiera investigar en Reservas Naturales de nuestro país o de América, pero con que presupuesto, además hay un monopolio en los Centros de Investigación de Ciencias Naturales y no abren plazas, solo el Dr. Armando Urquiola un eminente Botánico Naturalista de Pinar del Río me ofrecio posibilidades para investigar en el Jardín Botánico de P. del Río que estaba conformando, por razones de plazas y situaciones de salud aplace la propuesta y despues lamentablemente felleció, así no se puede ir ni al Pan de Guajaibón, conozco que el Citma da recursos a través de proyectos de investigación y Instituciones Internacionales pero eso no funciona a titulo personal. hay que pertenecer al Citma, a una estación Experimental, a un Centro de Investigación u otra opción, lo más sencillo ir a una Reserva de la biosfera y establecer una estrategía de trabajo en función de la ciencia en el país constituye una quimera para una persona graduada en Biología o Ingeniero en Agropecuaria o Forestal. Espero se comprenda mi inquietud. Tengo un colega de mi curso que vive en Japón y la Toyota le financia una investigación sobre el estado actual de la reproducción del almiquí en las cuchillas del Toa nos vimos antes de partir para la expedición y desee ir con E.l pero viene con su equipo de trabajo. que hermoso sería conocer a Cuba primero y al extranjero después como decia una canción de antaño. que progrese la ciencia en Cuba es y será mi mayor anhelo. Ernesto Gainza Lezcano.

Mikel dijo:

5

14 de marzo de 2015

21:24:09


Buen trabajo de Agustin, siempre muy interesante... pero hay tanto que cambiar desde todos los puntos de vista para que esos aspectos teóricos se conviertan en una realidad que dudo que así sea. Cuanto no quisiera que asi fuese, muchos hemos luchado para que todo eso se convierta en una realidad, pero por diferentes razones mucho más complejas estamos muy distante a que ese buen discurso se haga realidad, estamos en una enorme crisis, que no es solo económica, y debemos cambiar para hacer realidad las palabras de Fidel.