GRANMA INTERNACIONAL 1997. EDICION DIGITAL La Habana. Cuba
![]()
El
visto
por el amigo
Introducción y selección de textos: Susana Lee / Fotos: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado y Archivo Granma
Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será
para este pueblo y especialmente para ti. CHE
Si
alguna vez se hiciera una compilación acerca de la amistad, sin duda habría que situar
en la cima la que sostuvieron Fidel y Che, pues pocas historias podrían reflejar de una
manera tan íntegra la relación existente entre estos dos grandes hombres a lo largo de
más de una década, basada en la lucha por las más nobles causas, en los principios, la
lealtad, el respeto y la admiración mutuos.
Poco expresivos, como alguna que otra vez ambos confesaron, solo sus más íntimos
podrían sustentar tal afirmación, o acaso, entresacarla de cartas cruzadas entre sí o
con otros, de la lectura de documentos, de discursos o de alguna entrevista que, por
suerte, abordara el tema y me da la posibilidad de retomarla en este año especial, pues
tiene la extraordinaria virtud de entregarnos el retrato vivo del hombre que hoy
recordamos, delineado por los sentimientos más profundos del amigo... y hace innecesaria
cualquier presentación.
Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser
revolucionario cubano, y como tal actuaré. CHE
Che reunía, en su extraordinaria personalidad,
virtudes que rara vez aparecen juntas
Y es con esa perspectiva en el tiempo en que su muerte, en que su ejemplo que es lo
que debemos decir, tendrá una repercusión tremenda, tendrá una fuerza invencible.
Su capacidad como jefe y su experiencia en vano tratan de negarlas quienes se aferran al
golpe de fortuna. Che era un jefe militar extraordinariamente capaz. Pero cuando nosotros
recordamos al Che, cuando nosotros pensamos en el Che, no estamos pensando
fundamentalmente en sus virtudes militares. ¡No! La guerra es un medio y no un fin, la
guerra es un instrumento de los revolucionarios. ¡Lo importante es la revolución, lo
importante es la causa revolucionaria, las ideas revolucionarias, los objetivos
revolucionarios, los sentimientos revolucionarios, las virtudes revolucionarias!
Y es en ese campo, en el campo de las ideas, en el campo de los sentimientos, en el campo
de las virtudes revolucionarias, en el campo de la inteligencia, aparte de sus virtudes
militares, donde nosotros sentimos la tremenda pérdida que para el movimiento
revolucionario ha significado su muerte.
Porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen
juntas. El descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de
acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia
visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir, que reunía en su persona al hombre
de ideas y al hombre de acción.
Pero no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas
profundas, la de ser un hombre de acción, sino que Che reunía como revolucionario las
virtudes que puedan definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un
revolucionario. Hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad
absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta
no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes lo que puede
llamarse un verdadero modelo de revolucionario.
Suele, a la hora de la muerte de los hombres, hacerse discursos; suele destacarse
virtudes, pero pocas veces como en esta ocasión se puede decir con más justicia, con
más exactitud, de un hombre lo que decimos del Che: ¡que constituyó un verdadero
ejemplo de virtudes revolucionarias!
Che tiene una presencia siempre permanente en todo
Me costaba trabajo aceptar la idea de la muerte del Che. Muchas veces he soñado, a veces
le he contado a la gente las cosas que uno sueña, y he soñado que estoy hablando con
él, que está vivo; una cosa muy especial, una persona de la que a uno le cuesta mucho
trabajo resignarse a la idea de su muerte. ¿A qué obedece eso? A mi juicio, es que tiene
una presencia siempre permanente en todo.
Ocurre su muerte a distancia, a muchas millas de distancia de nuestro país, y te digo que
la idea de la muerte del Che era algo a lo que uno no se adaptaba. Me pasaba al revés que
con otros compañeros, a pesar de que muchas veces hemos perdido compañeros en la lucha,
hemos visto morir compañeros. Te diría que uno tiene la impresión de una presencia
permanente del Che, por lo que simbolizaba, por su carácter, por su conducta, por sus
principios. Era un gran número de cualidades realmente excepcionales. Yo lo conocía muy
bien, muy bien desde que entré en contacto con él en México hasta que salió del país
la última vez.
Pienso realmente con dolor que con la muerte del Che se perdió una gran inteligencia. Era
un hombre que todavía tenía mucho que dar en la teoría y en la práctica de la
construcción del socialismo
¿Por qué en su carta de despedida la referencia a no
haber reconocido antes la calidad de líder de Fidel?
¿A
qué se puede deber esto? Primero, Che era muy callado; él no era expresivo, no expresaba
esas cosas. Sentía las cosas, pero no las decía. Incluso por ahí han aparecido algunos
versos muy fraternales que él escribió sobre mí; alguien los recordó. El,
naturalmente, era un poco escéptico con relación a América Latina, a los políticos
latinoamericanos, y él puede haber pensado que tal vez nuestra Revolución podía
terminar como terminaban otras revoluciones. Pero en realidad nunca me dio la menor
impresión de dudas. Siempre fue extraordinariamente fraternal y respetuoso conmigo.
Podía tener un poco de desconfianza del Movimiento, puede haber visto que nuestro
Movimiento era heterogéneo, que había gente de muchos sectores diferentes. El ya tenía
una buena formación revolucionaria, una buena formación marxista, era muy estudioso. Se
había graduado de médico, hacía investigaciones, era muy riguroso en el estudio de las
cuestiones del marxismo, y era en ese sentido un poco escéptico.
Yo creo que si él escribió eso debe haber sido un exceso de honradez, porque en realidad
yo tuve que actuar, muchas veces tuve que coordinar muchos factores, tuve que fomentar la
unidad por encima de la reserva que unos compañeros y otros se tenían, tener paciencia
en mis relaciones con ellos. Para Che, que era impulsivo, muy valiente, muy audaz y a
veces temerario, tuve siempre consideraciones especiales. En más de una ocasión se
ofrecía de voluntario; para cualquier misión el primer voluntario era Che y se ofrecía,
además, para las acciones más difíciles, las proponía en medio de un combate; es
decir, era de un desprendimiento, de un altruismo total. Cuba no era su patria. El se
había unido a nosotros, y, sin embargo, todos los días estaba dispuesto a dar la vida
por la Revolución.
Yo, naturalmente, los cuadros los iba empleando según la importancia de la acción.
Cuando un cuadro adquiría más méritos, más experiencia, entonces llevaba cuadros
nuevos para que aprendieran y se desarrollaran. Tú no puedes llevar a un cuadro en una
guerra constantemente a acciones peligrosas, porque en un momento u otro pierdes al
cuadro, y nosotros tuvimos que proteger mucho a los cuadros, reservarlos, porque querían
hacer cosas y yo asumía la tarea de preservarlos en lo posible y emplearlos en las
misiones más importantes. Rotaba mucho a los hombres en ese tipo de responsabilidades, y
a él... Bueno, realmente creo que sin esa política Che no habría concluido con vida la
guerra por aquellas características que él tenía. Pero era sumamente honrado. Si le
pareció que en algún momento pudo haber tenido alguna duda, él se sentía en la
obligación de decirlo de todas maneras. Esa era su manera de ser.
Era muy consecuente en todo lo que hacía
Al
triunfo de la Revolución, había muchas tareas que hacer de todas clases y problemas que
resolver de todo tipo: políticos, de unión de fuerzas, problemas estatales, problemas de
la economía, todo eso. Che, de quien nadie sabía qué tremendo soldado era, como te
decía era el médico, y empieza a destacarse desde los primeros combates y termina siendo
un gran jefe militar. Tanto él como Camilo cumplieron una función muy importante en la
guerra, que fue la invasión del centro, en condiciones difíciles...
Más tarde a Che se le asignó la responsabilidad del Ministerio de Industrias; trabajó
con un gran método. Ejerció distintos cargos. Cada vez que hacía falta un hombre serio
para un cargo importante, Che se prestaba para ese trabajo. Se le había nombrado con
anterioridad Presidente del Banco Nacional en un momento en que aquellos técnicos,
especialistas en bancos pero inconscientes políticamente, abandonaron el país y se
fueron. Después se hicieron bromas y anécdotas, que si se había preguntado por un
economista y que Che se ofreció y le preguntaron: ¿Tú eres economista?
No, yo soy comunista. Porque empezaba esta lucha dentro del país, y los
elementos de derecha acusaban a Che de comunista y todo ese tipo de cosas.
Pero Che siempre tuvo una gran autoridad. Cada una de las tareas que se le dio la cumplió
estrictamente, con brillantez, trabajó mucho, adquirió sus propias experiencias de la
construcción del socialismo en la industria nacionalizada, en la organización de la
producción, en los controles de la producción, en el trabajo voluntario; fue uno de los
pioneros en el trabajo voluntario. En casi todas las actividades participó, era muy
consecuente en todo lo que hacía y era ejemplo en todo lo que hacía.
Muchas de las ideas del Che, ¡muchas de las
ideas del Che!, tienen una gran vigencia
Pienso
que muchas de las ideas, ¡muchas de las ideas del Che!, tienen una gran vigencia; si
hubiéramos conocido, si conociéramos el pensamiento económico del Che, estaríamos cien
veces más alertas, incluso, para conducir el caballo, y cuando el caballo quiera torcer a
la derecha o a la izquierda, dondequiera torcer el caballo aunque sin duda en este
caso se trataba de un caballo derechista, darle un buen halón de freno al caballo y
situarlo en su camino, y cuando el caballo no quiera caminar, darle un buen espuelazo.
Creo que un jinete, vale decir un economista, vale decir un cuadro del Partido, vale decir
un cuadro administrativo armado de las ideas del Che, sería capaz de conducir el caballo
por el camino correcto.
El solo conocimiento de su pensamiento, el solo conocimiento de sus ideas, le permitiría
poder decir: voy mal por aquí, voy mal por allá, esto es una consecuencia de esto, una
consecuencia de lo otro, en tanto, el sistema y los mecanismos para construir el
socialismo y el comunismo, realmente se desarrollen, realmente se perfeccionen, y lo digo,
porque tengo la más profunda convicción que si se ignora ese pensamiento difícilmente
se puede llegar muy lejos, difícilmente se puede llegar al socialismo verdadero; al
socialismo verdaderamente revolucionario, al socialismo con socialistas, al socialismo y
al comunismo con comunistas. Estoy absolutamente convencido de que ignorar esas ideas,
sería un crímen, eso es lo que nosotros planteamos.
Tenemos suficientes experiencias para saber cómo hacer las cosas, y en las ideas del Che,
en el pensamiento del Che hay principios valiosísimos, de un valor inmenso, que rebasan
simplemente ese marco que muchos puedan tener de la imagen del Che, como un hombre
valiente, heroico, puro; del Che como un santo por sus virtudes, y un mártir por su
desinterés y heroísmo, sino del Che como revolucionario, del Che como pensador, del Che
como hombre de doctrina, como hombre de grandes ideas y que con una gran consecuencia fue
capaz de elaborar instrumentos, principios que, sin duda, son esenciales en el camino
revolucionario.
Mantuvimos una confianza y amistad profunda hasta el final
Teníamos excelentes relaciones de amistad, de confianza, y Che realmente prestaba mucha
atención a los puntos de vista, a los criterios que yo le daba porque siempre mantuvimos
una confianza y una amistad profunda hasta el final. Pero aquella era su idea. La otra
cosa era prohibirle, y eso no estaba dentro del tipo de relaciones que teníamos nosotros,
ni por razones de Estado imponerle un criterio.
Lo que hicimos fue que lo ayudamos, y ayudamos algo que creíamos que era posible; no
habríamos podido ayudar algo imposible, algo en que no creyéramos, porque habría sido
nuestro deber decirle: no es posible, no podemos hacer esto, no se pueden sacrificar
compañeros en esa tarea. Pero fue así lo que él hizo. Y yo comparto lo que hizo, lo
creo.
Hay un pueblo de hombres y mujeres nuevos
Se habla del hombre nuevo. ¿Hay o no un hombre nuevo en nuestro país?, podríamos
preguntarnos, y yo diría que hay millones de hombres y mujeres nuevos en este país, y
que nuestra heroica resistencia solo es posible por ello.
Ahora, es cierto también que hay hombres y mujeres antiguos, hay hombres y mujeres
viejos, en su comportamiento, en sus actitudes, en su conducta, en su egoísmo, en sus
debilidades, pero ellos no constituyen la esencia de nuestro pueblo, el acero de nuestro
pueblo, la fortaleza de nuestro pueblo. Ello nos recuerda que para alcanzar de manera
universal ese hombre nuevo habrá de pasar mucho tiempo todavía, habrá que luchar muy
duro todavía, pero que es posible alcanzarlo. Algunos lo preguntan, y categóricamente
hay que responderles la verdad de aquello con que soñó el Che, de aquello con que
soñaron los jóvenes que se reunieron el 4 de abril del año 1962: Que sí, que hay un
pueblo de hombres y mujeres nuevos, en el sentido que explicaba anteriormente.
De tal modo es así que nuestro pueblo se constituye en una esperanza para los demás
pueblos del mundo, para los demás jóvenes del mundo, y se demuestra en cuanto evento
internacional se produce en Cuba, aun en los días más difíciles; porque tal vez habría
que añadir que estos días tan difíciles acelerarán la forja del hombre nuevo. Y lo
hemos visto: todo está más definido, más claro, y los decididos a seguir adelante
están mucho más decididos de lo que estuvieron nunca. Es algo que podemos apreciar
constantemente y en la medida en que la lucha se hace más difícil.
Se convirtió en uno de los más singulares
ejemplos de combatiente y de revolucionario
Che se convirtió en un gran símbolo para el mundo entero, del hombre ejemplar,
revolucionario, heroico. Se convirtió, yo diría, en uno de los más singulares ejemplos
de combatiente y de revolucionario del Tercer Mundo, e incluso del mundo industrializado.
Y no era injustificada esa idea y esa imagen que se hiciera del Che.
![]()