GRANMA INTERNACIONAL 1997. EDICION DIGITAL La Habana. Cuba
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El CHE que conocí en África
Carlos Belli-Bello
Consejero Especial para los Asuntos Africanos en la presidencia de Angola. Consultor
Internacional
COMO
DIRIGENTE del conjunto de organizaciones revolucionarias que luchaban contra el
colonialismo portugués, junto con Mario de Andrade, Amílcar Cabral, Agostinho Neto,
Aquino Braganza, Marcelino dos Santos, Aristides Pereida, Pinto da Costa, Luis da Almeida,
Paulo Jorge y otros, tuve el privilegio de entrevistarme con el Che durante su periplo
africano a finales de 1964.
El martirologio de Patricio Lumumba lo había marcado muy profundamente, sentía que la
conjura imperialista había arrancado la vida a uno de los más preclaros hombres de
Africa, y ya entonces nos decía que su asesinato demostraba el miedo, el terror que
sentían los imperialistas ante el surgimiento de un líder capaz de conducir a su pueblo
a la lucha por alcanzar su genuina independencia, el disfrute de sus más sagrados
derechos.
El Che conoció por nosotros el nivel de explotación existente en Africa, muy superior al
de América Latina; cómo las metrópolis saqueaban nuestros recursos naturales; cómo los
africanos éramos considerados como ciudadanos de tercera categoría; y en los países
colonizados, no se nos reconocía derecho alguno, se mantenía a la mayoría de nuestros
pueblos sumidos en la ignorancia, en el límite de la pobreza, semiesclavizados.
Su sensibilidad humana, su profundo sentimiento del dolor ajeno como propio, lo
identificó de inmediato con la lucha de nuestros pueblos, principalmente con los que ya
habíamos empuñado las armas para lograr nuestra libertad política, económica y social.
Con la modestia que lo caracterizaba, con el mayor respeto a nuestras opiniones, nos
habló de los duros años de lucha contra la dictadura de Batista, de la guerra que
supieron conducir desde el oriente al occidente del país, como verdaderos continuadores
de la histórica hazaña de Maceo y Máximo Gómez contra el colonialismo español.
Su pensamiento político estuvo siempre unido a su experiencia militar. Si bien fue un
hombre de una ideología férreamente definida al lado del dolor de los humildes, también
fue un hombre que dominaba con maestría el arte de la guerra revolucionaria.
A nosotros del MPLA que combatíamos con las armas en Angola, sin recriminaciones, nos
hablaba de la experiencia cubana en su lucha de liberación, y el papel que debían jugar
los dirigentes revolucionarios en la guerra de liberación nacional, al lado del pueblo,
al frente del combate, al lado de los que estaban dispuestos a entregar generosamente sus
vidas por alcanzar la libertad.
En nuestros contactos con el Che no solo intercambiamos experiencias, no nos beneficiamos
solamente con el conocimiento de su concepción científica del mundo, de la
caracterización del colonialismo, el imperialismo y su política opresora, sino que
también conocimos su profundo sentimiento solidario, internacionalista.
Como representante legítimo de la Revolución de Fidel Castro, que pocos años atrás
había tomado por asalto el futuro, el Che nos ofreció la ayuda militante que era posible
en aquellos difíciles momentos: entrenamiento militar, becas de estudio superiores y
tecnológicas, instrumentos agrícolas para las zonas liberadas, medicamentos, armas y
municiones, y el apoyo político, material y moral de la Revolución Cubana, a pesar de
que nada les sobraba, y que un uniforme, un arma, un grano de arroz que nos
proporcionaran, era parte de lo que tenían los cubanos para su sustento y su defensa de
la Revolución.
No había otra prueba más cierta del significado de sentir en carne propia el dolor
ajeno, como sentenció José Martí. No había enseñanza más loable que el
internacionalismo proletario que profesaba el Che en todos los actos de su vida.
Cuando la ayuda cubana se hizo necesaria físicamente por vez primera en nuestras tierras
africanas, el Che no titubeó ni un instante en pedir a su Comandante en Jefe que le
permitiera marchar al frente de los instructores militares internacionalistas cubanos que
irían al entonces Congo Leopoldville, hoy, treinta años después, República
Democrática del Congo, para preparar y trasladar sus experiencias a los comandos
guerrilleros del Consejo Supremo de la Revolución Congolesa, que dirigido por Gastón
Soumialot y Laurent Desiree Kabila, luchaban por el derrocamiento del dictador Moises
Thombe, impuesto por los imperialistas, y uno de los principales responsables del
asesinato de uno de nuestros más gloriosos mártires, Patricio Lumumba.
La extraordinaria capacidad político-ideológica del Che, le permitió enriquecer en el
Congo el conocimiento de la realidad africana, allí supo de la herencia dejada por los
colonialistas a una sociedad dividida por el sistema esclavista, el feudalismo, el
patriarcado, el fetichismo y la incultura, que sumía en las sombras las mentes de los
combatientes congoleses, enfrascados además en luchas tribales y regionales.
Esa situación provocaba que los combatientes, orientados por los Mugangas, que servían
de sacerdotes y curanderos, vieron a los mercenarios blancos enviados por el imperialismo
como dioses inmortales a los que no penetraban las balas.
La extraordinaria capacidad política del Che le hizo comprender y adentrarse en esta
situación. Aunque no había podido lograr que los principales dirigentes del Consejo
Supremo de la revolución entraran al campo de batalla, decidió por sí mismo convertir
al centenar de cubanos que allí se encontraban en asesores de combatientes guerrilleros,
que demostraran que los blancos no eran infalibles y podían ser derrotados, que el
combate no se abandonaba sin una estrategia y táctica adecuada al momento, que en la
revolución se triunfa o se muere.
Comenzó a tomar clases de Swahili para poder comunicarse directamente con los
combatientes congoleses, se vinculó con los Mugangas para tratar de neutralizar sus
orientaciones fetichistas que auguraban de antemano si un hombre debía o no ir al
combate; a los que hablaban francés les impartió clases sobre la historia, sobre sus
propias realidades, sobre el colonialismo y el imperialismo y sus bases de sustentación,
de la necesidad de combatir hasta alcanzar la victoria.
Como médico, atendió a los enfermos, consoló a los desválidos, y realizó,
conjuntamente con el combate militar, un trabajo político en las aldeas que ocupaban para
sumar adeptos, explicar las razones de la lucha.
Solo un hombre de su capacidad, de un pensamiento político tan avanzado, era capaz,
viniendo del hemisferio occidental, de comprender estas realidades, tratar de modificarlas
en favor de la Revolución, y ponerse al frente del combate, a pesar de su elevada
grandeza, arriesgando su vida por Africa.
El Che salió de Africa para prepararse para su último destino, la guerrilla del
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, pero, a pesar de todo lo que se ha dicho, de
lo que hoy escriben o imprimen en imágenes los que quieren perpetuar su memoria o
mezquinamente falsear la realidad de su vida heroica, responsablemente digo que el Che
salió de Africa victorioso.
El empuje del movimiento guerrillero en el Congo obligó al imperialismo a buscar un peón
de relevo. Thombe fue derrocado, aunque su lugar lo ocupó Kasavubu.
Las enseñanzas del Che viven en Africa, en la independencia de las colonias portuguesas
de Namibia, en los triunfantes combates de Cabinda, Cuito Cuanavale, y en otras regiones
de Angola; en la eliminación del apartheid que tanto aborreció por su carácter racista,
criminal y explotador.
El Che vive en los pueblos africanos que expresan su solidaridad con Cuba, que lo
mantienen como bandera en las fachadas de sus casas.
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