El pasado 9 de enero me dirigía hacia La Habana en el ómnibus que sale de Mayarí, a las ocho de la noche. Desde la partida me llamó la atención la alta velocidad que el chofer le imprimió al transporte. En el tramo Ciego de Ávila-Jatibonico era tanta la velocidad que me llevó a llamarle la atención. Le dije que nadie estaba apurado por llegar. Creo que hay que insistirles a estos conductores que tienen en sus manos la vida de cientos de personas. No son pocos los accidentes por esta imprudencia.



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Noel Martín Martínez dijo:
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28 de marzo de 2019
10:36:03
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