La indignación me colmó por un largo rato al llegar en horas de la tarde del 24 de junio a las 6:20 p.m., junto con mi hija, a la tienda Meñique donde venden los uniformes escolares en el reparto Antonio Guiteras del municipio de La Habana del Este, sita en calle 920 entre 88 y 90, y encontrarme la reja de acceso cerrada con un candado.
Dentro se veía a una compañera sentada ante un mostrador atendiendo a una mamá con su niño de primaria. Me grita desde allá, a 4 o 5 metros de distancia, que estaban cerrados. Le pregunto que si no era hasta las 7:00 p.m. el horario. —Sí, es hasta las 7:00 p.m., pero pusimos el candado porque ya no habían más clientes, ahora le abrimos.
Viene el compañero, trabajador también de la institución, con la llave del candado, sale la otra mamá y entro yo con mi hija, él me pregunta que para qué grado va la niña, le respondo que para la secundaria. —Me parece que no nos quedan muchas tallas de secundaria básica.
Llego al mostrador, doy las buenas tardes, se encontraba otra compañera, al parecer no trabajadora del centro sentada en la parte de afuera.
—¡Dígame qué desea!, responde la dependiente
—Comprar los uniformes de mi hija para la secundaria. Llega detrás de mí el trabajador y ella le espeta: ¡Apúrate, a ver si ya nos vamos!
El compañero se acerca a los uniformes y comienza a dictarme las tallas. De blusas solo tenemos la 16, de sayas, tales, eran varias. Le comento, que me parece que la talla 16 de blusas le van a quedar demasiado grandes a la niña, aunque es alta ella, él me dice que sí, que mejor sería la 14 o quizá la 12. Dirijo la mirada a la compañera del mostrador con la intención de preguntarle si era posible adquirir las sayas y en otro momento, las blusas. No me enteré de la respuesta, es que no llegué a realizar la pregunta. En cuanto me miró y notó que iba a dirigirme a ella, me paró: —¡Mírelo a él compañera, que es quien la está atendiendo y, apúrese, que ya le voy a hacer el vale!
Hasta ahí, mi interés de ser respetuosa, evitar un disgusto, ignorar los maltratos precedentes, en tan breve tiempo, no llegué a estar ahí ni 10 minutos, se perdió. Recogí el bono del uniforme, la tarjeta del menor de la niña y le espeté, entonces, que me iba, que volvería cuando ellos se dignaran a trabajar como está establecido. Me fui muy molesta. El trabajador me acompañó. ¡Tenía que abrirme el candado, además!
—Espérese, señora, mire, sí la podemos atender, es que mañana debemos recibir más mercancías de Alamar, ahora no tenemos todas las tallas. Les dije: yo solo puedo venir en este horario, porque trabajo y a las 6 de la tarde es que llego a mi casa o el sábado o el domingo; pero pienso venir en este horario.
—¿Ud. No tiene a nadie que le compre el uniforme a la niña?, me pregunta.
—No, la abuela es muy anciana, no puede.
—¿Y porqué no manda a la niña sola?, sigue preguntando.
¿Cómo voy a mandar a la niña, menor de edad, con solo 12 años recién cumplidos a comprar los uniformes sola? Me pareció una pregunta fuera de toda lógica… además, solo de pensar que el maltrato sea, entonces, directamente a ella… ¡Ni imaginarlo!
¿Cómo es que se molesta tanto esa trabajadora porque un cliente venga a comprar, al final de la tarde, pero en el horario establecido y publicado por la prensa y por otros medios de comunicación nacional? ¿Si está tan cansada, por qué trabaja ahí, con ese horario y con público? ¿Alguien la obliga? Seguro que no. Las interioridades del horario, si hay más de un turno para rotarse, si tienen la garantía del descanso mínimo necesario y la alimentación necesaria… no sé, pero no es un problema y mucho menos, responsabilidad de ningún cliente. Nada de eso le da derecho a maltratar al cliente. Porque ese tratamiento de su parte no tiene otro nombre.
¿Cómo es posible que sabiendo el horario, sabiendo que todos conocen, por los medios, cómo se planificó y debe realizarse la venta de los uniformes escolares, sean capaces de poner un candado en la puerta de acceso a la unidad más de media hora antes de la estipulada para su cierre?
¿Por qué, el segundo día de venta, solo existía la talla 16 de blusas de secundaria? ¿Es que entran tan pocas a la unidad?
Norka Figal Fleita
Edificio MICONS B, apto. 22
Reparto Antonio Guiteras
La Habana del Este



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Rosa dijo:
1
27 de julio de 2014
08:44:31
ari dijo:
2
28 de julio de 2014
09:55:13
orlando dijo:
3
28 de julio de 2014
14:31:55
carmen dijo:
4
31 de julio de 2014
18:26:24
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