ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Hace unos días escuche por Radio Progreso una intervención humorística de ese gran co­mediante que responde al nombre de Herrerita. Su monólogo era referente a un nuevo deporte que lo asociaba a las vicisitudes por las que atraviesa un pasajero para poder tomar un “P”. Los que peinamos algunas canas o ya no tenemos nada que peinar, recordamos que hace aproximadamente 40 años H. Zumbado escribió un monólogo que magistralmente declamó Carlos Ruiz de la Tejera: El guaguabol.

Si mal no recuerdo trataba estos mismos problemas y estas mismas faltas de respeto hacia los pasajeros por parte de los choferes y de los que tienen que velar porque exista la disciplina en ese sector. Yo me pregunto será el mismo chofer aquel que mencionaba Zumbado o será un mal que no hemos sido capaces de erradicar por indolencia o indiferencia o falta de exigencia. Pienso que un hecho que está a la vista de todos y que se conoce quién lo realiza no sea muy difícil atacarlo y erradicarlo de una vez y por todas.

Es posible que ahora vengan justificaciones de que eso sucede para cuidar el equipo pues a veces viene con sobrecarga de pasajeros, pero a esos justificadores les invito a observar la parada de Mulgoba en Boyeros, la parada del Partido Mu­nicipal de Boyeros o la de 100 y Boyeros y podrá observar que ómnibus casi vacíos no realizan la parada en el lugar establecido.

Acabo de leer “Retorno a la «harakrítica»” en Juventud Rebelde escrito por Yoerky Sánchez Cuéllar y me solidarizo con lo expuesto en su magnífico artículo. ¿Tendremos que conformarnos con la autocrítica (harakrítica) de al­gún funcionario de transporte y seguir so­por­tando las irrespetuosidades de los que se burlan del pueblo?

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javier dijo:

1

5 de julio de 2014

10:48:35


Compañero Emilio, qué bien que su indignación la pueda escribir en estas páginas y no se dedique como otros a estar hablando y criticando en la calle. De todos es sabido el daño terrible que ha hecho el bloqueo yanqui, los increíbles esfuerzos a que nuestro pueblo se ha tenido que dedicar para sobrevivir a la más despiadada guerra económica e ideológica jamás experimentada por un ser humano durante casi seis décadas. Con su actitud, se demuestra que en Cuba existe un pueblo unido, revolucionario y dispuesto a seguir apoyando ese socialismo que queremos construir, alejados del alcance de los tentáculos de ese capitalismo salvaje y brutal que rige los destinos actuales de la humanidad. Viva Fidel, Viva Raúl...

Alez dijo:

2

8 de julio de 2014

11:22:40


El problema del transporte es igual al del pan de la libreta, y al de coopelia. Sencillamente, No TIENE SOLUCION.

JORGE dijo:

3

9 de julio de 2014

05:44:52


CLASICA RESPUESTA PERO NO EXPLICA PORQUE LAS GUAGUAS NO PARAN EN LAS PARADAS: De todos es sabido el daño terrible que ha hecho el bloqueo yanqui, los increíbles esfuerzos a que nuestro pueblo se ha tenido que dedicar para sobrevivir a la más despiadada guerra económica e ideológica jamás experimentada por un ser humano durante casi seis décadas. Con su actitud, se demuestra que en Cuba existe un pueblo unido, revolucionario y dispuesto a seguir apoyando ese socialismo que queremos construir, alejados del alcance de los tentáculos de ese capitalismo salvaje y brutal que rige los destinos actuales de la humanidad. Viva Fidel, Viva Raúl...

Yasmany dijo:

4

10 de julio de 2014

16:20:11


Estoy de acuerdo con el articulo y no solo es en los P sino en casi todos los omnibus del pais.

Antonio Vera Blanco dijo:

5

11 de julio de 2014

05:46:12


Cada día me convenzo más de que estamos abandonados en la lucha contra el maltrato de los servicios. En las narices de todos crece el costumbrismo de que el cliente tiene que adaptarse al pobre servicio que le den. Si el ómnibus para a más de 20 metros corre, si recogen el dinero fuera de la alcancía, si te imponen la música que nunca debió de permitirse, etc. Así como en todo estamos viviendo, confundiendo a la resistencia del pueblo ante las adversidades, con el respeto mutuo. No hay respeto, ni en los servicios que prestan los cuentapropistas o las cooperativas, lo que no se aprendió viéndolo desde la infancia no se practica.