El 6 de marzo de 2014, aproximadamente a las 10:40 a.m. me dirigí con mi esposa y mi hijo menor a recoger unas inscripciones de nacimiento a la Oficina del Registro del Estado Civil, sita en San Francisco y Padre Pico, Santiago de Cuba.
La muchacha de la recepción, que muy amablemente me atendió, me pidió que revisara cuidadosamente antes de colocar los sellos a cada documento, efectivamente en uno de ellos había errores y por indicaciones de esa compañera nos dirigimos al archivo a indagar. Al llegar al archivo había un joven hablando con una usuaria, saludé con un ¡Buenos días! y no recibí respuesta, repetí cuatro veces esa frase de saludo y nunca tuve respuesta, aunque estábamos parados uno frente al otro, cuando ese joven lo entendió salió hacia otro departamento y me dejó sin prestarme atención, allí lo intercepté reclamándole su falta y ¡cuál no sería mi sorpresa! cuando me espeta que soy un mal educado, porque lo interrumpí y acto seguido sin detener su andar me responde en el tono que esa frase conlleva que ¡qué co… yo pensaba!
Rápidamente le contesté sin ofensas ni palabras obscenas, pero en su mismo tono, que yo no le admitía malas palabras ni a él ni a nadie y que eso era una falta de respeto de su parte. Pues me contestó que ahora él no iba a atenderme y que me buscara quien lo hiciera, pues él no lo haría. Me atendió finalmente otro joven que estaba hablando por teléfono, quien buscó en los libros porque el que fungía como guapo del patio se negó hasta a darme sus datos cuando se los pedí para quejarme. No sé por qué razón sus compañeros de trabajo en un gesto para mi incomprensible, dijeron que si él no me daba sus datos ellos no podían hacerlo (pero alguien se refirió a él textualmente como “el archivero”).
Pedí hablar con el máximo responsable y me dijeron que la Directora había salido, solicité al Secretario del Partido, UJC o CTC y me dijeron que en ese centro no existía nada de eso. Me retiré frustrado no sin antes asegurarle que no iba a dejar impune esa actitud y tendrían noticias mías.
Hablamos de pérdida o crisis de valores, sin embargo, permitimos que estén en contacto con el público y nada menos que en dependencias del Ministerio de Justicia, personas que actúan de forma tan desaprensiva, se creen dueños de los servicios que prestan y además el resto se siente intimidado o actúa con falso compañerismo, apañando actitudes inconcebibles.
Por todo esto más que pedir, exijo una respuesta que satisfaga a mi familia, por las personas que competa en consecuencia al maltrato y ofensas de que fuimos objeto.
Orlando Giraudy Hernández y Sandra Hernández Nápoles
Calle L 353 Altos. Ampliación de Terrazas. Santiago de Cuba.



COMENTAR
jorge hamud dijo:
1
18 de abril de 2014
09:26:40
fernando lopez dijo:
2
18 de abril de 2014
15:57:06
Ricardo Villarino dijo:
3
19 de abril de 2014
09:36:31
Ricardo Villarino Mallol dijo:
4
19 de abril de 2014
10:02:21
maritza alcorta dijo:
5
24 de junio de 2014
00:07:48
Responder comentario