ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En estos tiempos de enfrentamiento a las indisciplinas sociales, quiero hacer referencia a una que quizás no esté tipificada como indisciplina social, pero sí lo es en realidad. Resulta que me presenté en el Teatro Mella el día 24 de diciembre a hacer la cola para sacar las entradas para el concierto que el destacado músico cubano Pablo Milanés daría ese fin de semana. De antemano sabíamos que no sería tarea fácil, debido a que estos conciertos no son frecuentes y que la sede no es grande, por eso y a pesar que las entradas las vendían a partir de las 2:00 p.m., fui en la mañana.

Pues bien, en el momento de llegar tendría delante de mi aproximadamente cinco personas, pero según se iba acercando la hora del inicio de la venta, aquella cola, como todas, se fue ensanchando, al final tenía como 100 personas delante, las razones, muy sencillas, está establecido que a cada persona se le pueden vender cuatro entradas y que cada persona puede marcar por cinco personas, matemática pura.

Pero ahí no termina la cosa, el tema es que los responsables de que la cola creciera tanto son los llamados revendedores, los que tienen como modo de vida, el hacer cola para luego vender, en este caso, las entradas, marcaban varias veces, incluso se escuchaban exclamaciones de, "oye, de aquí nos vamos para el Karl Marx que venden las entradas para el concierto de Descemer Bueno". Como se puede apreciar, y es algo harto conocido por todos, si las entradas en este caso, cuestan 20 pesos y usted logra comprar por ejemplo 20, invirtió en la compra 400 pero luego vende cada una a 5 CUC (valor que parece exagerado pero que muchos son capaces de gastar para disfrutar de tan buen artista), que es casi siempre la moneda preferida para estas transacciones, usted recibió por el resultado de la venta, 100 CUC o lo que es lo mismo, 2 400 pesos, así que la ganancia fue de 2 000 pesos, muy redituable este "trabajo", ganó en un día lo que cualquier ciudadano trabajador "normal" ganaría en cuatro o cinco meses de trabajo.

Alguien pudiera decir: pero no robó, no malversó, pero sí impidió que personas con los recursos económicos modestos pudiera comprarles a ellos las entradas, pero sí impidió que muchos de los que disciplinadamente hacían su cola, llegaran a alcanzar las entradas para disfrutar de un músico de su preferencia, algo que los revendedores no disfrutarían.

Realmente es muy difícil combatir esta indisciplina porque el personal del teatro no tiene control sobre lo que pasa afuera, y porque no todos los ciudadanos se enfrentan al hecho en el terreno, por múltiples razones, por no buscarse problemas, por no disgustarse más de lo debido, o porque sencillamente sienten que es un problema sin remedio, y eso es lo más malo que nos está pasando, la resignación ante lo mal hecho. Consideraba por ello que era mi deber ciudadano, poner en la mesa de debates, otra manifestación de indisciplina social.

 

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