ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Portada del libro

Hace unos tres años, recibí de las manos del investigador y etnólogo Rogelio Martínez Furé un verdadero tesoro en forma de libro, una joya «fabricada» con sus manos. Tener delante un volumen grueso, aglutinador de tanto conocimiento, como el Pequeño Tarikh. Apuntes para un diccionario de poetas africanos, provoca estremecimientos, sobre todo si se sabe de la ingente faena que significó para este cubano total reunir de golpe lo que más vale y brilla de la lírica africana.

Más de 3 000 entradas de escritores -poetas, narradores, ensayistas- donde además rezan contenidos literarios, históricos y culturales, guarda el título que vio la luz por Arte y Literatura, orgullo para la prestigiosa editorial, cuyo sello rubricó una factura que le llevó al insigne investigador y Premio Nacional de Literatura cuatro décadas de incansables averiguaciones.  

Como un título sin precedentes, con clave mágica para comprender las tradiciones desde lo culto-popular, lo escrito y lo oral, que refiere ordenadamente en diversas lenguas y dialectos la producción literaria africana de todos los tiempos, y con el cuidado de que no se sobredimensione ninguna obra ni autor, lo ha considerado Nancy Morejón, autora del prólogo, consciente del valor inestimable de la obra.  

La acuciosa búsqueda que Furé emprendiera hurgando en periódicos, revistas, folletos y libros, tras los datos bibliográficos dispersos de los escritores africanos, para cotejar el gran álbum y regalar esa riqueza literaria a los cubanos, creo que no ha sido bien visibilizada.

No puedo conformarme con toparme en la sala de libros rebajados por lento movimiento, que permanece abierta en la Cabaña –lo cual favorece a tantos buenos lectores por su casi simbólico precio–,  una obra de un valor descomunal como esta, que puede competir, sin afán de demeritar otros trabajos, con los más valiosos títulos producidos por las editoriales cubanas.

Si se detiene la venta de un libro, como sabemos que naturalmente sucede, hay salidas como esta, de rebajar sus precios y colocarlos en espacios como el que lo conserva por estos días en la Feria;  pero un texto como el Pequeño Tarikh… –nada pequeño por cierto– solo debe parar en esos estantes cuando cada biblioteca, archivo, escuela del país entero… lo atesore. Si ya es un hecho, pues entonces toca a periodistas, promotores y enamorados de la literatura levantarle la parada a un libro tan alto como la gloria africana que lo integra.

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