ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Portada del libro. Foto: de la autora

A veces vamos por la vida construyendo muros en vez de abriendo caminos. Están los físicos, que levantamos bien alto para no ver al vecino con el que no se recuerda ya ni por qué –si por el salidero de agua o la ventana mal puesta– hace años que no hablamos; y los otros, más peligrosos aún, los metafóricos, que forjamos bloque a bloque para alejarnos de personas o situaciones.

Y aunque parezca que de esa forma nos protegemos del mundo exterior y de las emociones negativas, existe el peligro latente de que nos quedemos encerrados entre tapias infranqueables.

Contra esa posibilidad, la de aislarnos en nuestras propias creencias y rechazar al que piensa diferente, alerta uno de los libros de literatura juvenil que ofrece esta Feria del Libro: El secreto del muro (Colección Veintiuno de la Editorial Gente Nueva, 2017), de Eldys Baratute Benavides (Guantánamo, 1983).

La infancia, por suerte, tiene el sendero limpio de prejuicios; pero ahí están los adultos, con su carga de horas vividas, para transmitirle lo correcto e incorrecto, y en ese trabajo suelen equivocarse y donde debía haber espacio para el descubrimiento, le siembran ideas preconcebidas.

Tales contradicciones sufren en esta novela los niños, casi adolescentes, María Cristina y Charly (el Ruso) –ella hija de una funcionaria que casi nunca ve, y él, de unos padres Testigos de Jehová– quienes descubrirán cómo el amor, aunque sea muy inocente, casi nunca es cuestión de solo dos; muchos otros tienen siempre qué opinar.

El conflicto entre las directoras de las escuelas Meñique y Los dos príncipes, separadas por un muro, salpica de notas cómicas y trágicas la historia; son dos primas que se odian a muerte (al menos una de ellas lo hace): María de la Caridad Pérez San Benito Colorado y María del Carmen San Benito del Corcho Pérez.

El amigo que «parece niña», el otro en cuya casa practican religiones afrocubanas, la maestra intolerante, la profe buena capaz de llorar por sus alumnos… confluyen en un universo donde se disfruta sobremanera la interrelación entre la atmósfera imaginaria y los elementos que nos remiten enseguida a la Cuba de hoy, con pañoletas, circunscripciones y arquitectos de la comunidad.

Este es un libro que,  buscando al ser humano, no juzga. Su final, si bien romántico, poco convencional, abre la puerta a nuevas aventuras, que ojalá algún día se escriban.

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Antonio dijo:

1

18 de febrero de 2019

23:42:20


No hacen falta muros ni guardacostas , el mundo sin fronteras es mas saludable y libre.