ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los Versos sencillos están en todas las bibliotecas del país y en gran parte de los hogares cubanos.iEn la librería del Centro de Estudios Martianos suele estar disponible, y puede descargarse en el sitio digital de la institución. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

Si tuviera que decir cuál es, en mi opinión, el modo más común de llevar los cubanos dentro a su Martí, sin pensarlo dos veces diría que  es por medio de los Versos sencillos. No hay un compatriota que precise callar  si se  le pide al menos una estrofa del célebre poemario escrito «como jugando» en las montañas neuyorkinas de Catskill.

El  poeta vio como flores silvestres estos 46 textos, que armados y agrupados irían «por la vista y el oído al sentimiento», o saltando por ellos, sin grandes complejidades formales; sin embargo, tal es la profundidad enunciada que cuesta verles la sencillez, al no ser por el candor, la humildad o la modestia de quien los escribe.

Abrir su primera página, leer el primero de los versos –Yo soy un hombre sincero–  es ir al encuentro de un poeta que cantará desde allí su vida.  La estrofa inicial nos advierte que vendrán alocuciones personalísimas, bien marcadas por una primera persona gramatical que prevalecerá hasta el punto final del cuaderno, sin que pierda su condición universal. Unas veces por la obviedad ecuménica del legado: «Yo vengo de todas partes, / Y hacia todas partes voy»; otras por la vocación protectora de un yo que padece y a la vez arropa a quien  escucha.

Sin más título que un número romano –nombrados algunos popularmente con  el referente protagónico (La bailarina española, La niña de Guatemala) –, hay piezas con estrofas independientes, hilvanadas únicamente por el hecho de referir vivencias de su autor; otros constituyen poemas, donde es fácil palpar al hombre frente a sus situaciones íntimas, su estatura moral, su sentido del decoro.

La belleza en su más alta dimensión brota (mi verso es un surtidor / que da un agua de coral) en los Versos Sencillos: escenas que pintan la exaltación del ánimo, el erotismo, las añoranzas, las pasiones vehementes.

Por tus ojos encendidos / Y lo mal puesto del broche / Pensé que estuviste anoche /  Jugando a juegos prohibidos  (XIX). Y está también el amor por la familia, mostrando el valor de los recuerdos y las desgarraduras de las pérdidas definitivas.

Otro grupo aborda el tema patrio, la postura frente al destino de la tierra en que se ha nacido, el rechazo y la denuncia a males deleznables como la esclavitud y el coloniaje, la incondicionalidad frente a las causas justas: Vamos, pues, hijo viril: / Vamos los dos: si yo muero, / Me besas, si tú… ¡prefiero / Verte muerto a verte vil! (XXXI).  

No escapan entre las conductas expresas las que colocan por encima del dolor o el beneficio personal, el deber mayor, el que no puede aguardar distraído en preocupaciones individuales, tal como refiere el poema XXXIV: Hay montes y hay que subir / Los montes altos; ¡después / Veremos, alma, quién es / Quien te me ha puesto al morir. Ni las que dignifican a la mujer desde la mirada del caballero, que asume la excelsitud del ser femenino por encima de los desdenes que de ellas pueda haber recibido: ¿De mujer?, pues puede ser / Que mueras de su mordida, / ¡Pero no empañes tu vida / Diciendo mal de mujer! (XXXVIII).

Los Versos sencillos reverencian la amistad, sobre todo la que ha nacido por compartir sentimientos nobles, en primer lugar, el amor por la Patria. El poema XXXIX (Cultivo una rosa blanca…), acaso entre los más conocidos, no es, sin embargo, el único que apunta a esta relación humana; otros se encargan de enaltecer ese estado feliz del alma: Tiene el señor presidente /  un jardín con una fuente, / Y un tesoro en oro y trigo: / Tengo más, tengo un amigo (XLIV).  

Muchos adagios martianos de esos que definen su bregar  aparecen aquí y cuesta creer que quepa tanta entereza en tan pocas palabras. Así pueden leerse: Cuando al peso de la cruz / El hombre morir resuelve, / Sale a hacer bien, lo hace y vuelve, / Como de un baño de luz. (XXVI).  O también: No me pongan en lo oscuro /A morir como un traidor / Yo soy bueno y como bueno / Moriré de cara al sol (XXIII).

Cada una de estas  páginas es, como sucede con las de Versos libres, tajos de sus entrañas. Repasarlas, si se conocen, vivifica la limpieza del carácter que recauda el lector; si se desconocen, es ir al encuentro de una riqueza sustancial, que fortalece a quien la descubre y salva, por su altura, cualquier tragedia del espíritu.

Sirva esta breve mirada para despertar, en quien se le ha dormido, el deseo irreprimible de volver a Martí (o de llegar a él y a su poesía vital).  Su voz, para ser oída, no necesita pretextos, pero si alguno faltara, agradezcámosle a enero la luz arpa y salterio con que premió a nuestra Isla, cuna de este  hombre que en constante elevación convida, sin exclusiones, al crecimiento permanente.

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R. Pérez Nápoles dijo:

1

9 de enero de 2019

14:00:06


Te felicito Madeleine. Los Versos sencillos son tal vez la autobiografía más hermosa y más sintetizada que alguien haya escrito de sí. Tiene arte, imaginación, y por supuesto, poesía. Tú haz sabido meterlo todo en un ramo muy bien hecho, incluido el lugar donde se escribió ese retrato poético. Fue cuando empezaron a minarse sus pulmones, y él pensó que se moría. Gracias por presentar esta obra de Martí de una manera tan bonita que dan deseos de agarrar los Versos sencillos y no soltarlos más hasta terminarlos. Gracias otra vez.

Madeleine Respondió:


9 de enero de 2019

17:32:20

Gracias a usted, R.Pérez Nápoles, y agradezcámosle juntos todos a nuestro inmenso Martí.

Roly dijo:

2

11 de enero de 2019

10:00:44


Muy bonita idea. Gracias por divulgar y ayudar a conocer a Martí