ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Dan ganas de ser maestro al acercarse al manojo de textos que recoge este libro. O de convertirse. Porque es sabido que no basta colgar en la pared un título didáctico o haber estado frente a un aula para merecer tal nombramiento. Maestro es vocación altísima y amor incondicional por aquel a quien se enseña. Y se puede llegar a serlo si el educador está consciente de la responsabilidad que tiene al formar a los otros, sean niños, jóvenes o adultos. Y si se asume ser ejemplo permanente de civilidad y devoción al conocimiento.

Tiene la literatura obras de renombre donde una de las figuras esenciales de la sociedad relucen en primer plano. Recordemos las enseñanzas que nos ofrece Corazón, de Edmundo de Amicis, donde la escuela es un escenario principal de intercambio entre condiscípulos y docentes; o El primer maestro, novela del escritor kirguís Chinguiz Aitmatov, en la que Diuishén, exsoldado semianalfabeto, tras triunfar la revolución socialista de Octubre, plantó con sus manos la primera escuela en una zona remota, cuyos habitantes desconocían el valor de la sabiduría.

Aunque lo universal nos toca a todos, el Ideario pedagógico es más nuestro. ¿Su autor? José Martí; ¿su compilador? Herminio Almendros, excepcional escritor, humanista, y promotor cultural, que reúne en estas páginas con sello editorial del Centro de Estudios Martianos, lo mejor del pensamiento formativo del Maestro, desde artículos aparecidos en diferentes publicaciones de Nueva York y otros lares de América, hasta cartas y textos dirigidos a los niños.  En ellos está no solo la sugerencia que debe aprovechar el buen maestro para abrillantar su misión, sino la encomienda oportuna al lector, cualquiera que sea su faena, para contribuir con lo escrito a su crecimiento personal.

Abren el ideario sendos textos dedicados a José de la Luz –el que escribió en las almas, «sembró hombres»  y «supo cuanto se sabía en su época, pero no para enseñar que lo sabía, sino para transmitirlo»– y a Rafael María de Mendive, «aquel enamorado de la belleza, que la querría en las letras como en las cosas de la vida».

Después lo sigue la Función de la enseñanza: «Leer, escribir, contar: eso es todo lo que les parece que los niños necesitan saber. Pero, ¿A qué leer, si no se les infiltra la afición a la lectura, la convicción de que es sabrosa y útil, el goce de ir levantando el alma con la armonía y grandeza del conocimiento?».

En Educación y libertad deja claro Martí que la felicidad de un pueblo necesita que sus habitantes tengan independencia  y destaca lo imperioso de que cada hombre aprenda a hacer algo de lo que los demás necesiten; en Enseñanza clásica y enseñanza científica asegura: «Puesto que se vive, justo es que donde se enseñe, se enseñe a conocer la vida. En las escuelas se ha de aprender a cocer el pan de que se ha de vivir luego».

De especial importancia resulta el mensaje de Maestros ambulantes, donde el verbo martiano sacude al lector que advierte en irrefutables argumentos la necesidad de que el maestro llegue, donde no lo hubiera, a los intrincados parajes en que vive el campesino, a quien le asiste el derecho de la instrucción y la educación.

«La mayor parte de los hombres –dice– ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron, pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles (…) la independencia personal (…). He ahí, pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No solo explicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres».

Pronto hará 60 años de que la luz de la enseñanza llegara por igual a cada rincón de Cuba, de modo que la recomendación martiana es desde hace mucho un hecho; sin embargo, otras tantas advertencias han de tener permanentes incidencias en los maestros.

Que nadie olvide, por estos días en que como cada septiembre las puertas de las aulas cubanas se han abierto para todos, la necesidad de educar tocando la fibra humana. Ejemplos de proezas sobran al país para llevarlos debidamente a las clases. Que la presencia del Ideario… no nos deje olvidar que «los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho, y las lágrimas en los ojos y les haga el supremo bien de sentirse generosos».

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Antonio J. Martínez Fuentes dijo:

1

8 de septiembre de 2018

11:00:36


Apreciada Madeleine, Valiosa y necesaria reflexión. Cuantas palabras casi olvidadas: civilidad, devoción, ternura, compasión, generoso…crecimiento personal y social. Gracias Antonio J. Martinez Fuentes